Pelotas de tenis recicladas se convierten en refugios para ratones

Tras Wimbledon sobran miles de pelotas, y parte de ellas termina en una solución insólita pero eficaz: pequeños refugios para ratones de campo y ratones espigueros. La iniciativa aprovecha un residuo deportivo que aún conserva su estructura y lo reintegra en la naturaleza. “El problema de los residuos no nace cuando algo deja de ser útil, sino cuando dejamos de pensar para qué más puede servir”. Bajo esa lógica, cada edición de Wimbledon deja un dato llamativo: sobran 55.000 pelotas de tenis, un volumen que obliga a buscar destinos alternativos para un material que no es biodegradable y que, aunque ya no cumpla con la presión reglamentaria, mantiene intactas su estructura de caucho y su cobertura de fieltro. Cada vez que termina Wimbledon —y ocurre todos los años— quedan 55.000 pelotas de tenis sin uso competitivo. En el circuito profesional, las pelotas se reemplazan tras pocas jugadas porque, al perder la presión exigida por el reglamento, ya no botan como corresponde. Sin embargo, su vida útil no se agota allí: lejos de convertirse en simple descarte, parte de ese material encuentra un segundo propósito en proyectos de conservación. Tirar miles de pelotas fabricadas con componentes no biodegradables sería insostenible. Si bien algunas se donan a clubes locales, escuelas o centros deportivos públicos, otras terminan en manos de organizaciones dedicadas a la protección de la fauna, como The Wildlife Trusts, en el Reino Unido, que las reutiliza como refugios para ratones de campo y ratones espigueros, según Wired. La adaptación es simple: se hace un corte de dos o tres centímetros, se coloca un poco de paja en el interior y luego la pelota se fija a un metro de altura en una caña o un poste, entre matorrales altos. La utilidad de este sistema está en el propio diseño de la pelota. Su recubrimiento de caucho ayuda a conservar un interior cálido y seco, resguardando a los animales de la lluvia y el viento. Además, la abertura reducida dificulta el ingreso de depredadores naturales como aves rapaces, comadrejas o gatos. A diferencia de muchos nidos hechos con vegetación, que suelen deteriorarse durante el invierno, estas pelotas pueden mantenerse en buenas condiciones durante varias temporadas. Los ratones espigueros, considerados los mamíferos más pequeños de Europa, miden entre 5,5 y 7,5 centímetros y pesan menos de 7 gramos. Su cola prensil les permite aferrarse y desplazarse entre la vegetación, y suelen habitar arrozales y campos británicos, cerca de brotes, semillas e insectos, que forman parte de su alimentación. En la naturaleza, construyen nidos esféricos con hojas y briznas de hierba, una forma muy parecida a la de una pelota de tenis. Cada pelota puede alojar hasta diez ratones, brindando refugio tanto frente al clima como frente a los depredadores. El uso de pelotas de tenis como cobijo para pequeños roedores no es una novedad: el All England Lawn Tennis Club, junto con distintas organizaciones, puso en marcha este programa a comienzos de la década de 2000. Desde entonces, la iniciativa se mantuvo como una solución de bajo costo y escasa complejidad técnica para reutilizar materiales deportivos y favorecer la biodiversidad local. No todas las pelotas acaban convertidas en refugios. Una parte se revende a aficionados y otra se destina a entrenamientos y partidos menores. Además, alrededor de 700 pelotas desaparecen cada año porque los asistentes se las llevan como recuerdo. Los ratones no solo las utilizan para protegerse del mal tiempo: también las eligen para criar a sus camadas, acondicionando el interior con musgo y hojas secas. Análisis y proyecciones: este tipo de iniciativas resume una tendencia cada vez más extendida en el deporte de alto rendimiento: la búsqueda de usos secundarios para residuos que antes se descartaban sin demasiada evaluación ambiental. En paralelo al aumento de la sensibilidad ecológica, los organizadores de grandes torneos y clubes han ido incorporando programas de reutilización, reciclaje y donación. En el caso de Wimbledon, el valor simbólico es alto porque se trata de uno de los torneos más prestigiosos del mundo, pero también porque su excedente anual hace visible un dilema concreto: qué hacer con materiales diseñados para un uso intensivo y breve. A futuro, este tipo de proyectos puede ampliarse si se consolidan alianzas entre entidades deportivas, conservacionistas y autoridades locales, especialmente en contextos donde la pérdida de hábitat afecta a pequeñas especies. Evolución del tema: a comienzos de los 2000, la reutilización de pelotas en refugios para ratones apareció como una respuesta creativa y puntual a un residuo deportivo abundante. Con el paso de los años, la preocupación por la sostenibilidad le dio mayor relevancia a soluciones como esta, que combinan economía circular y conservación. Mientras antes el destino principal de las pelotas usadas era el descarte o la reventa, hoy su reciclaje con fines ambientales forma parte de una discusión más amplia sobre el impacto ecológico de los grandes eventos deportivos. En ese marco, Wimbledon se mantiene como un ejemplo temprano de cómo una práctica simple puede transformarse en política de aprovechamiento con beneficios para la fauna local.