El Niño 2026: la NOAA alerta por un fortalecimiento inusual
La NOAA encendió las alarmas por la evolución de El Niño, que según sus modelos podría escalar hasta niveles comparables con los episodios más intensos del último siglo. El sistema GFDL Spear de la agencia muestra un fortalecimiento sostenido y una probabilidad muy alta de continuidad hasta la primavera boreal.
“El Niño” fue bautizado por pescadores del Pacífico hace siglos porque solía aparecer cerca de Navidad; hoy, sin embargo, la expresión remite a uno de los motores más poderosos de la variabilidad climática global. En ese marco, el fortalecimiento de El Niño durante 2026 concentra la atención científica por la velocidad de su evolución y por la intensidad que podría alcanzar en los próximos meses.
Las proyecciones más recientes de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés) dibujan un escenario poco frecuente: el fenómeno climático podría adquirir una potencia similar a la de los episodios más intensos observados en más de un siglo de registros.
De acuerdo con la actualización difundida por la NOAA, el meteorólogo Nathaniel Johnson explicó que las predicciones experimentales de julio realizadas con el sistema GFDL Spear indican que el actual El Niño seguirá fortaleciéndose durante el otoño boreal y alcanzará su mayor intensidad hacia el final de esa estación o al comienzo del invierno.
El estudio se apoya en 30 simulaciones distintas del modelo climático. Cada una parte de condiciones iniciales apenas diferentes, una metodología habitual para captar la incertidumbre natural del sistema atmosférico-oceánico y evaluar los posibles desenlaces de un mismo fenómeno.
Sin embargo, todas las corridas convergen en una conclusión central: el pico previsto para este evento sería, como mínimo, comparable con los El Niño más fuertes registrados en el último siglo. Según Johnson, ese consenso entre las simulaciones sugiere que ya está en desarrollo un episodio de magnitud histórica.
La nueva proyección también marca un cambio relevante frente al pronóstico del mes anterior. En la comparación entre ambos escenarios, el conjunto de simulaciones de julio exhibe temperaturas oceánicas más cálidas durante los próximos seis meses que las estimadas en junio.
Después del máximo proyectado entre fines del otoño y el inicio del invierno, el modelo prevé un debilitamiento gradual del fenómeno durante el invierno y la primavera, con una pérdida progresiva de intensidad hasta mediados de 2027.
En términos históricos, El Niño y su contraparte La Niña han sido responsables de algunos de los principales desbalances climáticos del planeta, desde lluvias extremas hasta sequías prolongadas, pasando por alteraciones en la pesca, la agricultura y la dinámica de huracanes. Por eso, los especialistas siguen con atención cada actualización de los modelos estacionales, especialmente cuando apuntan a un episodio potencialmente extremo.
La evolución prevista por los modelos también alimenta la posibilidad de que el episodio alcance la categoría conocida como “Súper El Niño”. Según la información difundida por Fox Weather, este tipo de eventos se caracteriza porque la temperatura superficial del agua en la región ecuatorial del Pacífico supera en al menos 2°C el promedio durante tres meses consecutivos.
En la actualización citada por Fox Weather, las aguas de la zona de El Niño ya registraban una anomalía positiva de 2,07°C, un valor superior al observado en la misma etapa de desarrollo de otros episodios históricos, como los de 1982, 1991, 1997 y 2015.
Esa evolución llevó a distintos modelos computacionales analizados por la NOAA a sugerir que el fenómeno podría convertirse en el más intenso desde que comenzaron los registros modernos en 1950.
La agencia estadounidense también señaló que las condiciones históricamente fuertes podrían alcanzarse entre octubre y diciembre. Además, estimó una probabilidad del 97% de que El Niño permanezca activo hasta la próxima primavera del hemisferio norte, lo que extendería su influencia sobre la circulación atmosférica durante varios meses.
Análisis y proyecciones: si el calentamiento del Pacífico ecuatorial consolida un episodio excepcionalmente fuerte, es probable que aumente la inestabilidad en los patrones de lluvia y temperatura en distintas regiones del mundo. En general, los eventos intensos de El Niño suelen asociarse con lluvias por encima de lo normal en partes de Sudamérica y con sequías en sectores de Australia e Indonesia, además de modificaciones en la actividad ciclónica y en la distribución de calor oceánico. No obstante, la respuesta final depende de la interacción con otros forzantes climáticos, como la temperatura global de fondo y la circulación atmosférica regional. Por eso, un evento de estas características no solo puede amplificar impactos conocidos, sino también producir combinaciones poco habituales de efectos.
Más allá de la magnitud prevista, los científicos advierten que un episodio de esta clase podría generar efectos distintos de los observados en eventos intensos anteriores. La NOAA sostuvo que un fenómeno excepcionalmente fuerte podría desencadenar respuestas atmosféricas nunca vistas o comportamientos diferentes a los registrados tradicionalmente.
La agencia explicó que un evento de gran intensidad no implica necesariamente una simple intensificación de los impactos habituales, sino que también podría modificar algunos patrones climáticos de maneras que todavía no pueden anticiparse por completo.
Esa incertidumbre obedece a que existen muy pocos antecedentes comparables y a que los registros instrumentales modernos abarcan un número limitado de episodios extremos.
En los últimos años, la postura de la comunidad científica frente a El Niño se volvió más cautelosa y, al mismo tiempo, más precisa: los modelos mejoraron su capacidad para anticipar la evolución del Pacífico, pero también dejaron en evidencia que cada episodio puede comportarse de manera singular. La experiencia de los eventos de 1982-83, 1997-98 y 2015-16 consolidó la idea de que no existe un “guion” único para estos fenómenos, y que su impacto final depende tanto de su intensidad como del contexto climático global en el que se desarrolla.
Por eso, la actualización de la NOAA no solo describe un posible pico histórico, sino que también refuerza una tendencia observada en los últimos ciclos: mayor vigilancia sobre el Pacífico tropical, más peso de los modelos por simulación y una lectura más prudente sobre las consecuencias regionales, aun cuando el pronóstico central apunte a un El Niño extraordinariamente fuerte.























