Estanislao Bachrach y el poder de la mente para aliviar el sufrimiento
Estanislao Bachrach planteó que el bienestar no depende solo de la biología, sino también de la forma en que entrenamos la atención, la respiración y la relación con el sufrimiento. En una entrevista con LA NACION, defendió la idea de que el autoconocimiento puede aprenderse y sostenerse con disciplina.
“La mente es todo: lo que piensas, en eso te conviertes”, decía Buda hace más de dos milenios, una idea que hoy vuelve a resonar en el lenguaje de la neurociencia y del bienestar. En esa línea, el doctor en biología molecular Estanislao Bachrach expuso su mirada sobre la estabilidad emocional en una entrevista con LA NACION y propuso revisar la manera en que entendemos la plenitud personal a partir de la inteligencia sensorial.
Para Bachrach, el acceso al autoconocimiento está al alcance de cualquier persona, aunque en muchos casos hace falta acompañamiento. “Yo creo que cualquiera puede acceder. Muchos no podemos acceder solos; necesitamos de un coach, de un terapeuta, de un mejor amigo. A veces, uno se ilumina leyendo un libro o escuchando un podcast. Requiere de disciplina, de tiempo, de esfuerzo, de atención –lo que los adultos decimos no tener–, pero creo que cualquiera puede acceder”, sostuvo.
En el centro de su propuesta aparece una idea que mezcla cuerpo y mente: la respiración como herramienta para aliviar el malestar. “Creo que los mejores analgésicos están en el estómago y cuando cambiás la forma de respirar, los patrones respiratorios, calma el dolor, pero sobre todo desaparece el sufrimiento”, afirmó.
El enfoque de Bachrach dialoga con una tendencia que viene creciendo en los últimos años: la búsqueda de prácticas simples para regular el estrés, reducir la ansiedad y recuperar sensación de control. Desde el auge de la meditación guiada hasta el interés por la respiración consciente, distintas corrientes del bienestar fueron incorporando recursos que antes parecían periféricos y que hoy suelen convivir con enfoques clínicos y terapéuticos más tradicionales.
El impacto de la meditación
Según explicó, la práctica sostenida de la meditación puede producir cambios en el cerebro. “Se empieza a modificar la estructura y, a veces, la función de ciertas áreas del cerebro, de las neuronas. En especial, la atención, porque meditar es llevar la atención a un solo lugar”, señaló.
También subrayó que esos efectos pueden observarse con tecnología, aunque no sean perceptibles a simple vista. “Acá, no podés ver el cerebro distinto, pero en la resonancia sí lo ves. Se puede ver por tecnología y lo sentís”, planteó. Sin embargo, advirtió que el verdadero desafío está en la constancia: “El gran desafío es sostenerlo en el tiempo, porque si uno va al gimnasio a hacer bíceps dos meses y después no va más, el músculo vuelve a su lugar. Lo mismo ocurre con el cerebro. Si vos entrenás con meditación durante varios meses y después dejás de meditar, vuelve hacia atrás”.
Bachrach remarcó además que la ciencia contemporánea ya reúne evidencia sobre los beneficios de estas prácticas. “Por muchos años, gracias a la no tecnología, no había mucha evidencia científica del impacto que tenía esto en el cuerpo, el cerebro y, sobre todo, en el bienestar”, explicó. Y agregó: “Hoy ya hay muchísima evidencia científica del impacto que tiene en sentirse mejor. ¿Quién no quiere sentirse mejor en la vida? Entonces, yo siempre digo que no hay que usar estas herramientas, pero están ahí a disposición. Son gratis, son fáciles de aprender, pero requieren de paciencia, esfuerzo, disciplina, constancia… cosas que el adulto no tiene”.
En este punto, su planteo coincide con una evolución más amplia en el campo de la salud mental: durante décadas, la meditación fue vista por muchos como una práctica alternativa; en cambio, en la última década y media, pasó a ser estudiada con mayor seriedad por la psicología, la medicina y la neurociencia, especialmente en relación con el estrés crónico y la regulación emocional.
La diferencia biológica entre el dolor físico y el malestar mental
El especialista también diferenció el dolor físico del sufrimiento emocional, y remarcó que el dolor es una respuesta natural del cuerpo que siempre termina. En su caso, contó que convive con migrañas crónicas, pero que logró disminuir el sufrimiento mental con ayuda terapéutica.
“Yo sufro de migrañas crónicas y empecé a darme cuenta, con la ayuda de un terapeuta cognitivo-conductual, que, además de que me dolía mucho, sufría mucho. Ahí empecé a distinguir la diferencia entre sufrir (tiene que ver más con la mente) y el dolor, que es algo natural que le pasa al cuerpo y siempre se va. El dolor aparece y siempre se va. Ahora me sigue doliendo, pero no sufro más”, sostuvo.
Ante una crisis, propuso identificar herramientas personales para que el sufrimiento no se sume al dolor. “Creo que cada uno tiene que encontrar su propia herramienta o herramientas para que ese sufrimiento sea solo dolor. Y buscar ayuda, a veces, no tiene que ver con un médico, tampoco tiene que ser un terapeuta. Puede ser una persona, un familiar que uno quiere o que te quiere, un mejor amigo”, concluyó.
Análisis y proyecciones
La lectura de Bachrach encaja con una transformación cultural más amplia: el bienestar dejó de ser entendido solo como ausencia de enfermedad y pasó a incluir autorregulación, hábitos sostenibles y salud mental. En ese escenario, la respiración, la meditación y la terapia cognitivo-conductual ganaron terreno como herramientas complementarias para abordar ansiedad, dolor persistente y estrés. La tendencia sugiere que, hacia adelante, crecerá la combinación entre recursos clínicos y prácticas de autocuidado, con un foco mayor en la prevención y en la educación emocional desde edades tempranas.
Evolución del tema
En los últimos años, la conversación pública sobre salud mental cambió de manera notable. Lo que antes se asociaba casi exclusivamente con tratamiento de crisis o diagnósticos puntuales, hoy se vincula también con rendimiento cotidiano, descanso, atención y manejo del estrés. En paralelo, aumentó la legitimidad social de pedir ayuda profesional, usar meditación guiada o incorporar ejercicios de respiración como parte de una rutina de cuidado. El enfoque de Bachrach refleja justamente ese giro: una mirada menos rígida entre cuerpo y mente, más centrada en la práctica sostenida y en la idea de que el malestar puede transformarse sin negar el dolor físico, pero evitando que se convierta en sufrimiento añadido.
























