Dos soldados israelíes muertos y nuevos bombardeos ponen al límite la frágil tregua en el Líbano
Israel intensificó sus operaciones en varias localidades del sur libanés mientras continuaban en Roma las negociaciones para acordar su retirada gradual y el desarme de Hezbollah. El origen de la explosión que mató a los militares todavía se encuentra bajo investigación.
La muerte de dos soldados israelíes en una explosión registrada en Majdal Zoun volvió a elevar la tensión en el sur del Líbano y provocó una nueva serie de ataques de Israel contra localidades ubicadas dentro y alrededor de la franja de seguridad controlada por sus fuerzas.
Las Fuerzas de Defensa de Israel identificaron a los militares fallecidos como el mayor reservista Harel Birenstock, de 34 años, comandante de compañía, y el sargento mayor Tamir Vaknin, de 33. Ambos pertenecían al Batallón 2855 de la 55ª Brigada de Paracaidistas. Otros cuatro soldados resultaron gravemente heridos.
La explosión se produjo cuando las tropas ingresaban en una construcción de Majdal Zoun durante una operación destinada, según la versión israelí, a localizar y demoler infraestructura militar de Hezbollah.
Sin embargo, todavía no está determinado quién colocó o activó el artefacto. Un oficial israelí informó que la naturaleza de la explosión continúa bajo análisis y Hezbollah no se había atribuido el ataque hasta la mañana de este jueves. El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, evitó posteriormente responsabilizar de manera directa a la organización libanesa, aunque inicialmente las fuerzas israelíes habían denunciado una violación de la tregua.
Por ese motivo, no puede afirmarse por el momento que la muerte de los soldados haya sido causada por una nueva operación deliberada de Hezbollah. Associated Press y Reuters coinciden en que la investigación permanece abierta.
Bombardeos y víctimas en localidades libanesas
Tras el incidente, Israel intensificó sus ataques en el sur del país. La artillería alcanzó sectores de Mansouri y Majdal Zoun, mientras que aviones israelíes bombardearon Tebnine y Burj al-Shamali, en las inmediaciones de la ciudad de Tiro.
El Ministerio de Salud libanés informó que un ataque contra Tebnine dejó al menos una persona muerta y doce heridas. Otros ocho civiles resultaron heridos durante los bombardeos nocturnos sobre Burj al-Shamali, de acuerdo con la Agencia Nacional de Noticias del Líbano.
Antes de atacar Mansouri, el Ejército israelí ordenó evacuar la localidad. Fue la primera advertencia pública de desplazamiento emitida por Israel en el Líbano en más de un mes, una señal de que las operaciones podían adquirir una intensidad superior a la registrada durante las últimas semanas.
La Fuerza Interina de las Naciones Unidas en el Líbano contabilizó 113 proyectiles israelíes durante la jornada del miércoles, el volumen más elevado desde el 21 de junio.
La escalada representa el incidente militar más serio desde la entrada en vigor de la frágil tregua alcanzada en junio. Los dos reservistas son, además, los primeros soldados israelíes muertos en territorio libanés desde el inicio de ese entendimiento.
Una tregua sostenida sobre condiciones todavía incumplidas
El problema central es que la tregua detuvo buena parte de los enfrentamientos abiertos, pero no resolvió las causas del conflicto.
Israel mantiene tropas dentro de una franja de territorio en el sur del Líbano y sostiene que no completará su retirada mientras Hezbollah conserve sus armas, túneles, puestos de observación y plataformas de lanzamiento en la zona fronteriza.
El Gobierno libanés, por su parte, exige el repliegue israelí y propone que su Ejército asuma progresivamente el control del territorio. Beirut enfrenta, sin embargo, una dificultad decisiva: Hezbollah rechaza su desarme y no participó directamente del acuerdo firmado entre ambos gobiernos.
Las fuerzas israelíes aseguran haber localizado miles de instalaciones pertenecientes a la organización respaldada por Irán, entre ellas centros de mando, arsenales, redes subterráneas y posiciones de lanzamiento. Estas afirmaciones no pueden ser verificadas de manera independiente en todos los casos.
Hezbollah sostiene que entregar sus armas antes de la retirada israelí dejaría al Líbano sin capacidad de respuesta. Israel plantea exactamente lo contrario: considera que retirarse antes del desarme permitiría al grupo reconstruir su dispositivo militar junto a la frontera.
Ese desacuerdo circular mantiene congelado el corazón del conflicto.
Roma negocia mientras el terreno vuelve a arder
La nueva escalada coincidió con la séptima ronda de conversaciones entre representantes israelíes y libaneses en Roma, bajo mediación estadounidense.
Los equipos técnicos trabajan sobre tres grandes áreas: seguridad y coordinación militar, delimitación de la frontera y condiciones políticas para un acuerdo más amplio. La propuesta inmediata consiste en ampliar las denominadas “zonas piloto”: sectores donde Israel retiraría sus fuerzas y el Ejército libanés asumiría el control, con mecanismos de verificación para impedir el regreso de Hezbollah.
La primera experiencia comenzó en Zawtar al-Gharbieh. Beirut pretende que el próximo repliegue incluya Khiam o Bint Jbeil, dos lugares de alto valor político y militar que actualmente permanecen bajo presencia israelí.
Las conversaciones fueron interrumpidas brevemente después de la explosión en Majdal Zoun, pero se reanudaron este jueves. Washington procura impedir que el episodio provoque el derrumbe completo del proceso diplomático.
De acuerdo con informaciones procedentes de la negociación, Estados Unidos no estaría dispuesto a presionar a Israel para acelerar su retirada si el Gobierno libanés no demuestra avances verificables en el desarme de Hezbollah. Para Beirut, esa condición resulta extremadamente difícil de cumplir sin provocar una crisis política interna o incluso enfrentamientos entre fuerzas libanesas.
El riesgo de una escalada por acumulación
Lo ocurrido muestra que la tregua continúa existiendo, pero carece todavía de una arquitectura suficientemente sólida.
Israel interpreta cualquier infraestructura armada de Hezbollah como una amenaza que debe ser eliminada. Hezbollah considera que la ocupación israelí justifica la conservación de su capacidad militar. El Gobierno libanés intenta recuperar la soberanía sobre el sur, pero no dispone de libertad plena para imponer sus decisiones. Estados Unidos busca que cada retirada israelí sea acompañada por un avance equivalente del Ejército libanés.
En esas condiciones, una explosión cuyo origen ni siquiera ha sido esclarecido puede desencadenar bombardeos, evacuaciones y víctimas civiles antes de que la diplomacia consiga establecer responsabilidades.
La mesa de Roma permanece abierta, pero su futuro vuelve a depender de lo que ocurra sobre el terreno. El dilema es evidente: si no avanzan las zonas piloto, la presencia israelí se prolongará; si no existe una retirada visible, Hezbollah mantendrá su argumento para rechazar el desarme.
La frontera sur del Líbano queda así atrapada entre dos movimientos que cada parte exige que realice primero la otra. Y mientras esa contradicción no encuentre una salida política, la tregua seguirá siendo apenas una pausa vulnerable entre dos etapas de la guerra.
























