La Feria de Editores abre con alarma por la crisis del lector
Comienza una nueva edición de la Feria de Editores en medio de señales de alarma para el sector. Víctor Malumián advirtió sobre la caída de hábitos lectores y defendió la ley de precio fijo como pilar de la bibliodiversidad.“Un país se mide también por sus lectores”, suele decirse en el mundo editorial: una frase que resume una preocupación histórica en la Argentina, donde la lectura fue durante décadas una marca de movilidad social y de fuerte tradición universitaria. En ese contexto, la apertura de la Feria de Editores encuentra al sector con entusiasmo por la convocatoria, pero también con señales claras de fragilidad en el hábito lector y en la economía del libro.
Esta semana comienza la Feria de Editores, con una coyuntura que está lejos de ser buena. Víctor Malumián, editor, escritor y organizador de la FED, advirtió en una entrevista con la revista cultural española JotDown que en Argentina hay generaciones que crecen sin incorporar la lectura como una actividad posible. Esa señal, a su juicio, se vincula con el deterioro del público lector en un mercado editorial atravesado por la crisis, la concentración y la disputa por las condiciones de circulación.
La preocupación aparece en un sector que todavía muestra núcleos de demanda sostenida. En la última Feria de Editores se vendieron cerca de 98.000 libros y asistieron 30.800 personas, mientras el evento mantiene un crecimiento cercano al 10% anual. En el mencionado reportaje, el cofundador de Ediciones Godot sostuvo que el rasgo más claro de una editorial independiente no pasa por una definición societaria rígida, sino por el orden de prioridades con el que trabaja.
“Uno tiende a ver que las multinacionales le preguntan al mercado qué necesita y salen a producir en consecuencia y las independientes, en general, están obsesionadas con determinados temas, publican y después salen al mercado a ver si hay otros locos como ellos que también quieren esos libros. Entonces empezás a ver que aparece una editorial que solo publica autores coreanos, por ejemplo. Creo que ese orden de factores es el principal termómetro para entender qué es una editorial independiente”, aseguró.
Para Malumián, esa lógica también se expresa en los tiempos de trabajo. Mencionó la traducción, la corrección, el cuidado del texto y la relación con los autores como parte de un modo de edición que se resiente cuando el calendario se impone sobre el proceso. Godot, el sello que dirige junto a Hernán López Winne, publica un 99% de libros traducidos, dijo el editor a Jot Down. La editorial, que está por cumplir 19 años, ronda los 240 títulos y nunca sacó una traducción en menos de ocho meses.
En esa defensa del oficio editorial aparece también una dimensión cultural más amplia. Malumián señaló ante la periodista Andrea Calamari que “el público lector que es reconocido en toda Latinoamérica es fruto de la universidad pública y gratuita” en Argentina, una institución que, según explicó, ayudó a formar lectores críticos y a consolidar la lectura como práctica social. Esa tradición, muy asociada al desarrollo de universidades masivas desde mediados del siglo XX, hoy convive con cambios en los consumos culturales, el avance de las pantallas y la competencia de otras formas de entretenimiento.
El eje de mayor tensión, sin embargo, es la Ley 25.542, la norma de precio fijo del libro que el gobierno nacional quiere derogar. Malumián la definió como la “columna vertebral” del mercado editorial porque impide que grandes cadenas y plataformas desplacen a las librerías de barrio. En la experiencia internacional, los sistemas de precio fijo suelen justificarse como una herramienta para sostener la diversidad de catálogos, evitar guerras de descuentos y proteger la capilaridad territorial de la venta de libros.
“Nadie que se mete en este sector lo hace pensando que se va a hacer rico (...) Elegimos esto, ya sabíamos cómo era. La realidad es que a nadie le está yendo bien”, sostuvo Malumián. La frase condensa una foto de época: el libro independiente sobrevive por convicción, por especialización y por redes de lectores fieles, pero depende de reglas de juego que preserven la competencia equilibrada entre sellos, librerías y grandes operadores.
Análisis y proyecciones: si se debilita el esquema de precio fijo, el impacto podría sentirse primero en las librerías pequeñas, que suelen tener menos margen para sostener stock y competir con descuentos agresivos. También podría profundizarse la concentración de la oferta en pocos jugadores con mayor escala logística y financiera. En cambio, mantener mecanismos de protección a la bibliodiversidad suele favorecer la circulación de sellos medianos e independientes, clave para la traducción, la experimentación literaria y la aparición de nuevos autores. En un mercado ya tensionado por la inflación y la caída del poder adquisitivo, la discusión no solo es comercial: también define qué libros llegan a los lectores y en qué condiciones.
Evolución reciente del tema: en los últimos años, la Feria de Editores consolidó su crecimiento como espacio de referencia para el sector independiente, incluso en un escenario económico adverso. Al mismo tiempo, el debate sobre el rol de las librerías, la concentración editorial y el valor del libro como bien cultural se volvió más intenso. La postura de los editores independientes, incluida la de Malumián, se endureció en defensa de herramientas regulatorias como el precio fijo, mientras el discurso oficial se orientó a reducir restricciones y a confiar más en la competencia de mercado. Esa tensión resume el momento actual: una industria que busca sostener su diversidad frente a un entorno cada vez más concentrado y frágil.
























