Hazaña en el mar Báltico: nadó 160 kilómetros durante 55 horas para ayudar a niños con cáncer

El polaco Bartłomiej Kubkowski se convirtió en la primera persona en completar sin interrupciones la travesía entre las costas de Suecia y Polonia. Enfrentó el frío, el oleaje, la privación del sueño y episodios de desorientación. La iniciativa permitió recaudar cerca de 850.000 zlotys para una fundación oncológica.

Después de cuatro intentos frustrados y varios años de preparación, Bartłomiej Kubkowski consiguió vencer al mar Báltico. El nadador polaco recorrió aproximadamente 160 kilómetros desde Kåseberga, en el sur de Suecia, hasta la playa de Dziwnów, en Polonia, en una travesía ininterrumpida de casi 55 horas.

Kubkowski, conocido con el apodo de “Foka” —foca en polaco—, ingresó al agua el viernes 31 de julio y alcanzó la costa polaca el domingo por la noche. Una multitud lo esperaba en la playa, pero todavía debía cumplir la última condición del desafío: salir del mar por sus propios medios y mantenerse de pie sin recibir ayuda.

Agotado, consiguió caminar hasta la arena y completar una proeza que ningún otro nadador había realizado anteriormente sobre esa ruta entre Suecia y Polonia. Tras preguntarle qué sentía, respondió que estaba demasiado cansado para comprender completamente lo que acababa de lograr.

La travesía fue presentada por los organizadores y distintos medios europeos como un récord mundial por tratarse del primer cruce continuo a nado entre ambos países. Sin embargo, no debe confundirse con el récord absoluto de mayor distancia recorrida en aguas abiertas: la Marathon Swimmers Federation registra otras pruebas continuas de extensión superior. La singularidad del logro de Kubkowski reside en haber completado por primera vez este itinerario específico a través del Báltico. Notes from Poland

Sin dormir ni tocar las embarcaciones

Durante las casi 55 horas de recorrido, Kubkowski no pudo salir del agua, dormir ni apoyarse en las embarcaciones que lo acompañaban. Dos barcos de asistencia siguieron su marcha para controlar la navegación, vigilar su estado físico y proporcionarle alimentos y líquidos.

La comida y las bebidas eran entregadas mediante una vara o brazo articulado, ya que tocar una embarcación habría invalidado el intento. El polaco mantuvo una velocidad aproximada de entre 2,7 y 3,3 kilómetros por hora durante buena parte del trayecto. Eurosport Polonia

La temperatura del agua cerca de la costa sueca rondaba los 16 grados y el nadador debió afrontar oleaje, corrientes variables y dos noches completas sin dormir. En semejantes condiciones, el desafío dejó de ser solamente muscular: mantener la orientación y conservar la lucidez se transformaron en dificultades tan importantes como el frío y la distancia.

El equipo había preparado durante meses cada detalle. Kubkowski realizó entrenamientos nocturnos y sesiones que se extendieron durante más de un día para acostumbrar a su organismo al esfuerzo prolongado. También se diseñó un esquema de alimentación destinado a suministrarle energía en pequeñas cantidades sin detener la marcha.

Alucinaciones en el tramo final

El momento más delicado se produjo después de unas 50 horas en el agua. El nadador comenzó a perder el rumbo, formuló repetidamente preguntas sobre la dirección que debía seguir y comunicó a sus acompañantes que estaba viendo “cosas extrañas”.

Las alucinaciones pueden aparecer durante esfuerzos extremos debido a la privación prolongada del sueño, el agotamiento, el frío y el estrés físico acumulado. Ante esos síntomas, el equipo reforzó la vigilancia, corrigió su dirección y le proporcionó alimentos y líquidos adicionales.

Una botella de gaseosa se convirtió inesperadamente en un estímulo decisivo. Los acompañantes la lanzaron cerca de él para que pudiera recogerla sin tocar el barco. Kubkowski preguntó si realmente podía beberla y, cuando recibió la autorización, reaccionó con una alegría que contrastó con el agotamiento del momento. El pequeño premio le permitió recuperar ánimo para enfrentar los últimos kilómetros. Euronews

La seguridad estuvo bajo observación constante. Una alucinación aislada podía ser controlada, pero una pérdida profunda de conciencia o la incapacidad para responder habría obligado a interrumpir inmediatamente la prueba. Después de alcanzar la costa, el nadador fue trasladado a un centro médico para someterse a controles.

Cuatro derrotas antes de la victoria

El cruce fue la culminación de un proyecto iniciado varios años atrás. En su primera tentativa, realizada en 2022, Kubkowski logró completar alrededor de 115 kilómetros antes de abandonar.

Cada nueva expedición le permitió acercarse un poco más a Polonia. En 2025 quedó a solamente 11 kilómetros de la costa, pero el agotamiento extremo y el deterioro de las condiciones meteorológicas obligaron al equipo a retirarlo del agua.

Aquella frustración pudo haber significado el final del proyecto. Sin embargo, Kubkowski regresó en 2026 con la experiencia acumulada en los cuatro intentos anteriores. Había aprendido cómo reaccionaba su cuerpo ante el frío, qué tipo de alimentos podía consumir durante la marcha y en qué momento comenzaban las crisis provocadas por la falta de sueño.

En su quinta oportunidad, esa experiencia resultó determinante. Ya no se trataba únicamente de nadar 160 kilómetros: debía administrar durante más de dos días cada movimiento, cada alimento y cada señal de agotamiento.

Una travesía contra el cáncer

El desafío formó parte del proyecto Ultra Baltic Swim y tuvo un objetivo que trascendió la búsqueda deportiva. Kubkowski vinculó la expedición con la Fundación Cancer Fighters, una organización que acompaña a niños y otras personas afectadas por enfermedades oncológicas.

La campaña reunió cerca de 850.000 zlotys, equivalentes a unos 200.000 euros, y continuaba recibiendo aportes después de la llegada del nadador. El monto puede variar de acuerdo con el momento en que se actualice la recaudación y con el tipo de cambio utilizado. Euronews

La dimensión solidaria le otorgó a la travesía un significado especial. Cada kilómetro recorrido fue seguido por miles de personas que aportaron dinero o difundieron la campaña. Lo que comenzó como el desafío personal de un nadador terminó convertido en una movilización colectiva.

Kubkowski llegó a Polonia después de aproximadamente 160 kilómetros, miles de brazadas, dos noches sin dormir y cuatro derrotas anteriores. Pero la medida más profunda de su hazaña no está solamente en la distancia.

Está en haber regresado al mar después de quedar, apenas un año antes, a 11 kilómetros de su sueño. Y también en haber transformado una prueba de resistencia individual en ayuda concreta para quienes afrontan una lucha mucho más difícil.