Los hutíes amplían su ofensiva contra el petróleo saudí y amenazan con cerrar la salida del mar Rojo
El grupo yemení afirmó haber atacado con misiles a los petroleros Wafa y Daisy. Aunque los impactos todavía no fueron confirmados de manera independiente, varios buques saudíes modificaron sus recorridos. La ofensiva convierte a Bab el Mandeb en el segundo gran punto de presión sobre el mercado petrolero, junto con el estrecho de Ormuz.
La guerra por las rutas energéticas de Medio Oriente sumó este miércoles un nuevo capítulo. Los hutíes de Yemen aseguraron haber lanzado misiles balísticos contra dos petroleros vinculados con Arabia Saudita y anunciaron que ampliarán sus operaciones para impedir la navegación de buques del reino tanto en el mar Rojo como en el golfo de Adén.
El portavoz militar del movimiento, Yahya Sarea, afirmó que el petrolero Wafa fue atacado frente a Yanbu, sobre la costa occidental saudí. Posteriormente, el grupo reivindicó una segunda operación contra el Daisy en el golfo de Adén, al sur del estrecho de Bab el Mandeb.
Hasta el momento, Arabia Saudita no confirmó públicamente que los barcos hayan sido alcanzados. Tampoco se conocieron informes independientes sobre víctimas, derrames o daños materiales. Por esa razón, la versión de los impactos debe considerarse todavía una reivindicación de los hutíes y no un hecho plenamente verificado.
Sin embargo, la amenaza ya está provocando consecuencias concretas. Datos de seguimiento marítimo indicaron que al menos seis superpetroleros con bandera saudí cambiaron de rumbo en el golfo de Adén y comenzaron a navegar hacia el sur de África, evitando el paso frente a las costas de Yemen. Rodear el cabo de Buena Esperanza prolonga los viajes, aumenta el consumo de combustible y eleva los costos de transporte y seguros. Reuters
Yanbu, la salida que se volvió indispensable
La importancia de la ofensiva no depende solamente de los daños que puedan sufrir dos petroleros. El verdadero objetivo parece ser la red logística que Arabia Saudita construyó para reducir su dependencia del estrecho de Ormuz.
El reino transporta petróleo desde sus yacimientos orientales mediante el oleoducto Este-Oeste hasta Yanbu, su gran terminal sobre el mar Rojo. Esa infraestructura permite evitar Ormuz, pero coloca los cargamentos frente a una segunda dificultad: para llegar a los mercados asiáticos deben atravesar Bab el Mandeb y el golfo de Adén, precisamente el espacio donde operan los hutíes.
De acuerdo con datos de Kpler, Yanbu concentró alrededor del 92% de las exportaciones marítimas saudíes de crudo durante junio. La utilización de esta ruta creció con fuerza como consecuencia de las restricciones en Ormuz y de la necesidad de encontrar una salida alternativa para el petróleo del Golfo. The National
El movimiento hutí sostiene que esa concentración convirtió a Yanbu y al norte del mar Rojo en objetivos legítimos de su campaña. Según Sarea, sus fuerzas continuarán atacando petroleros saudíes “sin importar las consecuencias” para cerrar todas las vías disponibles.
El grupo afirma haber atacado varios buques desde que anunció su bloqueo el 22 de julio. No obstante, existe una diferencia entre sus comunicados sobre la cantidad de operaciones y los incidentes que pudieron comprobar las autoridades marítimas. En ataques anteriores, la agencia británica UKMTO confirmó explosiones cercanas a embarcaciones, pero informó que algunos barcos y sus tripulaciones permanecieron a salvo. Reuters
Dos estrechos bajo presión
El nuevo escenario coloca a Arabia Saudita entre dos pasos marítimos amenazados.
Por el este se encuentra Ormuz, la salida natural del Golfo Pérsico y una de las rutas energéticas más importantes del mundo. Por el oeste está Bab el Mandeb, que conecta el océano Índico con el mar Rojo y, a través del canal de Suez, con el Mediterráneo.
El cierre o deterioro simultáneo de ambos corredores reduciría de manera considerable la capacidad de los productores del Golfo para colocar petróleo y gas en los mercados internacionales.
Bab el Mandeb no transporta solamente crudo saudí. Por allí circulan combustibles refinados, mercaderías asiáticas destinadas a Europa y cargamentos de petróleo ruso. Antes de la actual escalada, la ruta movilizaba millones de barriles diarios. Su interrupción obligaría a buena parte de los barcos a rodear África.
Las consecuencias alcanzarían especialmente a India y otros consumidores asiáticos, cuya provisión depende tanto de Ormuz como del mar Rojo. Según estimaciones de Kpler, más de la mitad de las importaciones de crudo de India utilizaban Bab el Mandeb, mientras una porción importante de sus compras a los productores del Golfo atravesaba Ormuz. Al Jazeera
El petróleo todavía no refleja todo el riesgo
Los precios internacionales reaccionaron con cautela. Las expectativas de una posible negociación para aliviar las restricciones en Ormuz contribuyeron a moderar las cotizaciones, mientras que los ataques hutíes actuaron en sentido contrario y limitaron la caída.
Este comportamiento muestra que el mercado todavía apuesta a que el conflicto no interrumpirá completamente los suministros. Pero esa tranquilidad es frágil: las exportaciones de petróleo y condensados de los países del Golfo se mantuvieron durante julio aproximadamente un 40% por debajo de los niveles anteriores a la guerra, de acuerdo con datos recogidos por Reuters. Reuters
El peligro tampoco se limita al precio del barril. Cada desvío encarece los fletes, los seguros y el combustible utilizado por los barcos. Esos costos terminan trasladándose a las naftas, el transporte, los fertilizantes y los alimentos. Además, una navegación más prolongada reduce la cantidad efectiva de buques disponibles y demora la reposición de inventarios.
La guerra asimétrica llega a la economía mundial
Los hutíes no necesitan destruir todos los petroleros ni cerrar físicamente el estrecho para producir consecuencias importantes. Les alcanza con generar un nivel de amenaza que lleve a navieras, aseguradoras y capitanes a evitar la zona.
Esa es la lógica de la guerra asimétrica: misiles y drones relativamente económicos pueden obligar a desplegar sistemas defensivos mucho más costosos, modificar rutas comerciales y alterar decisiones empresariales a miles de kilómetros del lugar del ataque.
Arabia Saudita conserva una enorme capacidad productiva, importantes reservas y una infraestructura construida para enfrentar interrupciones. Pero la presión simultánea sobre Ormuz, Yanbu y Bab el Mandeb reduce progresivamente sus alternativas.
La incógnita central ya no es solamente si los petroleros Wafa y Daisy fueron efectivamente alcanzados. La verdadera pregunta es cuánto tiempo podrá mantenerse abierto y seguro el corredor del mar Rojo si los hutíes cumplen su amenaza de extender los ataques hacia el norte.
Porque cuando dos estrechos estratégicos quedan expuestos al mismo conflicto, deja de estar en juego únicamente el petróleo saudí. Comienza a estar en juego una parte sustancial del sistema energético y comercial mundial.





















