Al borde de la cornisa... ¡Pero a nadie le conviene dar un paso en falso!

Por Jagua Arandú – Para Identidad Correntina

La tarde se va apagando lentamente sobre el Paraná.

En el Rancho de la Cambicha ya no queda agua para otro mate.

La vieja televisión de 85 pulgadas parece haberse vuelto loca.

Un canal anuncia el derrumbe del dólar.

Otro asegura que el oro llegará a precios nunca vistos.

Uno habla del yuan.

Otro del yen japonés.

Otro explica que China compra oro.

Otro que Japón puede vender bonos del Tesoro de los Estados Unidos.

Y así pasan las horas.

Información.

Opiniones.

Pronósticos.

Y también mucho sensacionalismo.

Bajé un poco el volumen.

Porque cuando todos gritan, generalmente se escucha muy poco.

A mi lado estaba sentado Telesforo.

Paraguayo.

Doctor en Ciencias Económicas.

Hace años asesora empresas de Ciudad del Este y conoce bastante más de mercados que muchos de los que aparecen todos los días en televisión.

Sonrió.

Tomó un mate.

Y me dijo:

—Mirá, chamigo... todo esto parece muy complicado. Pero si uno ordena las piezas, se entiende bastante mejor. Te lo explico en diez puntos.

1. El dólar no nació siendo el rey por casualidad.

Después de la Segunda Guerra Mundial, el mundo necesitaba reconstruirse.

Estados Unidos era la economía más fuerte y tenía las mayores reservas de oro.

Así nació el sistema de Bretton Woods.

El dólar podía cambiarse por oro.

Y el resto del mundo confió en él.

2. Vietnam cambió muchas cosas.

Las guerras cuestan.

Y la de Vietnam costó muchísimo.

Estados Unidos comenzó a gastar más dinero del que ingresaba.

Cada vez circulaban más dólares por el mundo.

Pero el oro seguía siendo el mismo.

La cuenta ya no cerraba.

3. Nixon cerró la puerta del oro.

En 1971 ocurrió un hecho histórico.

Estados Unidos dejó de convertir dólares en oro.

Muchos pensaron que sería el fin del dólar.

Pero sucedió exactamente lo contrario.

El sistema encontró un nuevo sostén.

4. Apareció el petrodólar.

El petróleo comenzó a venderse mayoritariamente en dólares.

Entonces todos los países necesitaban dólares para comprar energía.

Y esos mismos dólares terminaban, en gran parte, regresando a Estados Unidos mediante la compra de bonos del Tesoro.

El respaldo ya no era el oro.

Era la economía mundial funcionando alrededor del dólar.

5. Los bonos del Tesoro se transformaron en el gran refugio.

Millones de personas nunca compraron un bono estadounidense.

Pero los bancos centrales, los fondos de inversión y las grandes instituciones financieras sí.

Porque ofrecen liquidez, seguridad y un mercado enorme.

Durante décadas fueron uno de los pilares del sistema financiero internacional.

6. China cambió las reglas del juego.

Durante años exportó productos.

Recibió dólares.

Y con buena parte de esos dólares compró bonos del Tesoro.

Pero lentamente comenzó a diversificar.

Compró más oro.

Impulsó el uso internacional del yuan.

Y buscó reducir su dependencia del sistema financiero occidental.

No fue una ruptura.

Fue una estrategia de largo plazo.

7. Irán y las sanciones dejaron una enseñanza.

Las sanciones económicas demostraron que el sistema financiero también puede convertirse en un instrumento de presión política.

Muchos países comenzaron a preguntarse si no era conveniente contar con caminos alternativos para comerciar.

8. Los BRICS buscan más opciones.

No están reemplazando mañana al dólar.

Pero sí intentan comerciar cada vez más utilizando monedas nacionales.

No buscan derribar un edificio.

Buscan construir puertas alternativas para entrar y salir.

9. El oro volvió a ocupar un lugar importante.

Los bancos centrales de numerosos países aumentaron sus reservas.

No porque crean que volverá el patrón oro.

Sino porque el oro sigue siendo un activo que no depende de la promesa de pago de ningún gobierno.

Es una forma de diversificar riesgos.

10. El mundo está cambiando... pero nadie quiere que todo se rompa.

Telesforo hizo una pausa.

Miró el río.

Y dijo algo que me quedó dando vueltas.

—Muchos hablan como si estuvieran alentando que alguien se caiga de la cornisa. Pero la realidad es otra. Todos están sujetos a la misma cuerda.

Si Estados Unidos tuviera una crisis financiera profunda, sufrirían también Europa, Japón, China y buena parte del resto del mundo.

Si China atravesara una gran crisis, las economías que comercian con ella sentirían el impacto.

Si el comercio internacional se paralizara, nadie saldría beneficiado.

Por eso las grandes potencias compiten.

Discuten.

Negocian.

Presionan.

Pero también necesitan que el sistema siga funcionando.

Porque una caída desordenada perjudicaría a casi todos.

Nos quedamos unos minutos en silencio.

El sol terminaba de esconderse detrás de los montes santafesinos.

La televisión seguía hablando de oro, yuanes, yenes, bonos y dólares.

Pero ya no sonaba igual.

Porque una cosa es mirar titulares.

Y otra muy distinta es comprender los procesos.

Tal vez estemos viviendo uno de esos momentos que los historiadores estudiarán dentro de cincuenta años.

Un tiempo en el que el viejo orden internacional comenzó a transformarse lentamente.

No sabemos cómo terminará esa historia.

Nadie puede afirmarlo con seriedad.

Pero sí podemos hacer algo mucho más útil.

Observar.

Comparar.

Leer.

Escuchar distintas voces.

Y tratar de separar los hechos de las exageraciones.

Porque cuando el mundo cambia de época, la mejor herramienta sigue siendo la misma de siempre.

Conocer.

Y entender antes de sacar conclusiones.