Pepe Habichuela: el origen de un apodo que marcó al flamenco

Pepe Habichuela convirtió un apodo familiar en una marca de identidad dentro del flamenco. Su historia une raíces gitanas, trabajo infantil y una carrera que ayudó a modernizar el género.

En el flamenco, pocos nombres condensan tanta historia como la de Pepe Habichuela: una guitarra capaz de abrir caminos cuando aún predominaban las formas más ortodoxas. Como escribió Federico García Lorca, “el duende no está en la garganta; sube por dentro desde la planta de los pies”, y en su caso ese impulso creativo se tradujo en un toque singular que ayudó a empujar al género hacia la modernidad.

Pocas personas han significado tanto para el flamenco como Pepe Habichuela. Junto a Enrique Morente, fue el motor instrumental de pilares del género como Despegando (1977) o A Mandeli (1983), donde, desde un papel secundario o principal, ya podía escucharse ese peculiar sonido que el músico extraía de su guitarra. Su toque no se limitaba a acompañar, sino que introducía armonías disonantes, matices y una libertad conceptual que abrió el flamenco a la modernidad.

De este modo, el sonido Habichuela se hizo famoso en todo el mundo, y no serían pocas las veces que le preguntarían a José Antonio Carmona Carmona (tal era su nombre real) por el origen de su apodo. Pero, para dar luz a la historia de ese mote, habría que retroceder hasta 1944, cuando, en las cuevas del Sacromonte, nació este músico que iría solo “siete minutos” a la escuela y que, a los 13 años, le pidió a su padre que le enseñara a tocar la guitarra.

Las dos versiones del apodo

Precisamente de ese aprendizaje nace una de las “dos versiones” que, según Pepe Habichuela, explican el apodo. “Había un guitarrista antiguo, Juan Gandulla, conocido como el Habichuela, acompañante de Antonio Chacón y de la Niña de los Peines, que fue maestro de mi padre y que como le gustaba tanto su toque pues él también se puso Habichuela”, explicaba en una entrevista en 2017 para la revista XL Semana. Por eso, su padre, Tío José Habichuela, era también conocido como Habichuela el Viejo.

Sin embargo, si hemos dicho que hay dos versiones es porque existe otra historia que explicaría el origen de este mote familiar. Y era, de hecho, la preferida por parte de Pepe Habichuela. “Mi madre dice que mi padre un día y otro pedía habichuelas para comer”, señalaba al citado medio. Esta historia era mejor para él porque tenía “más gracia”. “Mi padre era un tío fino al que le gustaba la mesa y vestir bien, aunque fuéramos pobres”.

Así, los Habichuela eran conocidos en todo el Sacromonte, una familia en la que todos, sin excepción, debían aportar a la economía familiar. A los 10 años, Pepe Habichuela trabajó en un horno de pan, y más adelante haciendo taracea, es decir, encajando pequeñas piezas de distintos materiales sobre una base de madera para formar dibujos y figuras decorativas que luego acababan en muebles, joyeros u otros objetos ornamentales. Esa infancia lo marcó profundamente, y por eso, cuando alcanzó la fama internacional, decidió conservarlo porque estaba orgulloso de su familia.

Un apellido que es sinónimo de música, flamenco y raíces

Gracias a esa decisión, hoy podemos decir que los Habichuela son una de las sagas de la guitarra flamenca más importantes. El mote sirve como una marca de honor, de pertenencia al pueblo gitano y a Granada. En esta ciudad nacería también Antonio Carmona, quien continuaría con el legado familiar y se convertiría en el cantante principal de Ketama, grupo de nuevo flamenco que también revolucionaría la música española, donde habría otros dos miembros de la familia: Juan José Carmona Amaya El Camborio y Antonio Carmona Amaya.

La familia se trasladaría ya en los 60 a Madrid, en una casa donde llegarían a vivir 15 personas, y desde donde Pepe Habichuela iría actuando en varios tablaos flamencos hasta convertirse en una referencia musical. El guitarrista tocaría junto a Juanito Valderrama, Camarón de la Isla o Enrique Morente, hasta que finalmente, aquel apodo humilde terminaría escrito con letras de oro en la historia del flamenco.

Análisis y proyecciones

La trayectoria de Pepe Habichuela ayuda a entender un proceso más amplio en el flamenco: el pasaje desde la transmisión familiar y el cante de raíz hacia una etapa de apertura estética que, desde los años 70 y 80, incorporó nuevas armonías, colaboraciones y lecturas contemporáneas. Su figura se inscribe en esa generación que no rompió con la tradición, sino que la reformuló desde dentro, algo clave para la expansión internacional del género y para la legitimación del llamado nuevo flamenco.

En términos culturales, el legado de los Habichuela también refleja cómo muchas sagas gitanas de Andalucía convirtieron la memoria oral, el trabajo temprano y la identidad barrial en capital artístico. Ese recorrido explica por qué su apellido no funciona solo como un nombre artístico, sino como una síntesis de pertenencia, oficio y prestigio. De cara al futuro, la influencia de esta escuela seguirá pesando en guitarristas y cantaores que buscan equilibrio entre pureza y experimentación, una tensión que continúa definiendo buena parte del flamenco contemporáneo.

Evolución del legado familiar

Con el paso de los años, la postura de la familia respecto del apodo pasó de ser una referencia íntima y casi doméstica a convertirse en un emblema público. Lo que nació como un sobrenombre ligado a un maestro anterior, o incluso a una anécdota de pobreza y subsistencia, terminó consolidándose como una marca artística con valor patrimonial. En paralelo, el flamenco también cambió: de los tablaos y el acompañamiento tradicional a escenarios internacionales, festivales y colaboraciones con músicos de otras corrientes, un tránsito en el que Pepe Habichuela fue una figura central.