Villarruel habilitó el voto remoto de Sagasti y complica al oficialismo

Una decisión de Victoria Villarruel abrió la puerta para que Anabel Fernández Sagasti vote de manera remota en la sesión de este jueves. La medida suma un voto opositor y deja al oficialismo frente a una posible derrota parlamentaria.

En la historia del Congreso argentino, las reglas de funcionamiento suelen ser tan decisivas como las votaciones mismas: una interpretación del reglamento puede alterar el resultado de una ley. Bajo esa lógica, Victoria Villarruel habilitó a Anabel Fernández Sagasti a participar de forma remota en la sesión de este jueves, en un gesto que fortalece a la oposición y complica el intento oficialista de avanzar con la ley de tierras.

La decisión de la presidenta del Senado asegura un voto adicional contra la iniciativa impulsada por Federico Sturzenegger y deja al gobierno de Javier Milei ante la posibilidad de una dura derrota si el bloque oficialista fracasa por cuarta vez en su objetivo de debatir el dictamen sobre inviolabilidad de la propiedad privada.

Fuentes del peronismo señalaron a LPO que la Vicepresidenta se mostró “muy empática” cuando la senadora mendocina le informó su situación personal: cursa 32 semanas de embarazo y tiene una prescripción médica que le impide viajar desde su provincia hasta la Ciudad de Buenos Aires.

Sin embargo, Villarruel resolvió autorizarla “ad referéndum del Senado” para que pueda “participar de manera remota o virtual, con voz y voto, mientras subsista la restricción médica acreditada mediante el certificado obrante en el expediente”. En los hechos, la habilitación deberá ser puesta a consideración del recinto, aunque en principio no se prevé un rechazo.

La maniobra agrega tensión a la disputa entre la Casa Rosada y Villarruel, que volvió a exhibir autonomía política al ceñirse al reglamento aun cuando eso complique una estrategia legislativa del oficialismo. En la interna libertaria, el movimiento fue leído como una señal de independencia institucional en medio de una relación cada vez más áspera.

Además, la jugada le aporta a Villarruel una cuota de fortaleza en un contexto de ataques de Patricia Bullrich y Diego Santilli, quienes habían pedido su renuncia. Bullrich cuestionó su resistencia a votar la ley de tierras tras el partido de Argentina contra Inglaterra en el Mundial, mientras que Santilli se hizo eco en Twitter de comentarios que ponían en duda la salud mental de Milei.

El antecedente más cercano al caso de Fernández Sagasti es el de la diputada Blanca Osuna, que votó la ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo en diciembre de 2020 desde una sala de internación, mientras atravesaba cuidados médicos por COVID-19. Ese episodio consolidó un criterio más flexible respecto de la participación remota en circunstancias excepcionales, especialmente durante la pandemia, cuando el Congreso debió adaptar sus mecanismos de deliberación para sostener su funcionamiento.

Villarruel también apoyó su resolución en un precedente de la Corte Suprema, vinculado al pedido de Cristina Kirchner para una “acción declarativa de certeza” durante la pandemia y referido al funcionamiento virtual de la Cámara Alta. En ese fallo, los jueces sostuvieron que “ninguna cláusula constitucional veta la posibilidad de que las cámaras se reúnan, deliberen y voten de forma remota” y que el Senado conserva atribuciones para interpretar su reglamento respecto de la modalidad virtual de sesión, en ejercicio de la autonomía normativa del artículo 66 de la Constitución.

La Vicepresidenta, además, dejó asentado que la senadora mendocina “no pretende interrumpir ni dejar de ejercer sus funciones sino continuar desempeñándolas”, un argumento que refuerza la validez política e institucional de la autorización concedida.

Desde el peronismo aclararon que la aprobación de la participación remota de Fernández Sagasti no requiere incorporarse al temario, como sucede con las renuncias o licencias de senadores, y remarcaron que la mayoría necesaria es de la mitad más uno.

Análisis y proyecciones: el caso vuelve a mostrar cómo la combinación entre salud, reglamento parlamentario y disputa política puede incidir de manera directa en el equilibrio de fuerzas del Senado. En un escenario de polarización intensa, las habilitaciones excepcionales suelen tener un impacto mayor al de una banca: pueden definir si un proyecto avanza, se demora o cae. Para el oficialismo, el desenlace expone la fragilidad de sus alianzas legislativas; para la oposición, en cambio, consolida una herramienta institucional que en los últimos años fue ganando legitimidad a partir de la experiencia de la pandemia. Si la Cámara convalida la decisión, el antecedente puede reforzar futuras interpretaciones favorables al voto remoto en situaciones médicas debidamente acreditadas.

Evolución del tema: en los últimos años, el Congreso argentino pasó de rechazar casi por completo la deliberación a distancia a aceptar excepciones cada vez más fundadas. La pandemia aceleró ese proceso y dejó jurisprudencia y práctica parlamentaria sobre sesiones virtuales, algo que luego continuó como recurso en casos puntuales. En paralelo, Villarruel fue construyendo un perfil propio dentro del oficialismo, con gestos de autonomía frente a la Casa Rosada y una relación cada vez más tensa con sectores del gobierno. La decisión sobre Sagasti se inscribe en esa trayectoria: una Vicepresidenta que prioriza la letra del reglamento y, al mismo tiempo, queda posicionada como una figura con capacidad de condicionar la agenda legislativa del propio Ejecutivo.