De Pablo VI a Francisco: más de medio siglo de visitas papales que marcaron a América Latina

Cuatro pontífices recorrieron el continente desde 1968. Sus viajes acompañaron dictaduras, guerras, transiciones democráticas, procesos de paz y profundas transformaciones sociales. León XIV continuará esa historia en noviembre con una gira por Uruguay, Argentina y Perú.

La relación contemporánea entre el Vaticano y América Latina comenzó a escribirse sobre el terreno el 22 de agosto de 1968. Ese día, Pablo VI descendió de un avión en Bogotá y se convirtió en el primer Papa de la historia en visitar la región.

Hasta entonces, América Latina había ocupado un lugar central en las estadísticas de la Iglesia por la cantidad de fieles, pero permanecía alejada de los grandes desplazamientos pontificios. El viaje de Pablo VI modificó esa realidad y abrió una etapa en la que la presencia física de los papas se transformó en un acontecimiento religioso, social y político.

Durante las décadas siguientes, Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco profundizaron ese vínculo. Cada uno lo hizo con un estilo diferente y frente a circunstancias históricas particulares: la Guerra Fría, las dictaduras militares, las desigualdades estructurales, los conflictos armados, las migraciones, el narcotráfico, la crisis ambiental y los abusos dentro de la propia Iglesia.

Pablo VI y el comienzo de una nueva etapa

La visita de Pablo VI a Colombia duró apenas tres días, pero modificó la relación entre el papado y el continente. El motivo central fue la inauguración del Congreso Eucarístico Internacional y la apertura de la Segunda Conferencia General del Episcopado Latinoamericano.

La llegada tuvo una enorme repercusión. Multitudes acompañaron el recorrido entre el aeropuerto El Dorado y el centro de Bogotá, mientras la imagen del Pontífice besando el suelo colombiano circulaba alrededor del mundo.

Uno de los momentos más significativos se produjo en Mosquera, donde Pablo VI se reunió con miles de campesinos. Allí habló sobre la pobreza rural, las desigualdades y las condiciones de vida que padecía buena parte de la población latinoamericana. También reclamó responsabilidad a quienes concentraban el poder político y económico.

La visita coincidió con una época de intensa discusión dentro de la Iglesia. El Concilio Vaticano II había impulsado una renovación profunda y en América Latina comenzaba a cobrar fuerza una corriente que vinculaba el Evangelio con la lucha contra la pobreza y la injusticia social.

Pablo VI reconoció la urgencia de esas demandas, pero rechazó la violencia como camino para producir cambios. Su mensaje trazó una línea que la Iglesia latinoamericana mantendría durante las décadas siguientes: compromiso con los pobres, defensa de la dignidad humana y prudencia frente a las ideologías.

Juan Pablo II, el gran peregrino latinoamericano

Ningún pontífice recorrió América Latina con la intensidad de Juan Pablo II. Desde su primera gira, en enero de 1979, convirtió los viajes apostólicos en una de las principales herramientas de su pontificado.

Su llegada a México representó una ruptura histórica. Las restricciones que durante décadas habían limitado la presencia pública de la Iglesia no impidieron que millones de personas salieran a recibirlo. Allí inauguró la Tercera Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, celebrada en Puebla.

Juan Pablo II regresaría varias veces a México y Brasil, pero también visitó países pequeños, comunidades aisladas y territorios atravesados por conflictos políticos. Su estrategia se apoyaba en el contacto directo: grandes celebraciones, recorridos en papamóvil, encuentros con trabajadores, jóvenes, indígenas y sectores marginados.

Sus viajes estuvieron inevitablemente atravesados por la Guerra Fría. El Papa cuestionó los regímenes autoritarios, defendió los derechos humanos y criticó las desigualdades, pero también confrontó con interpretaciones marxistas de la Teología de la Liberación.

Su relación con la Argentina fue especialmente significativa. En junio de 1982 llegó al país mientras continuaba la guerra de las Malvinas. El viaje tuvo un carácter extraordinario y estuvo orientado a pedir el cese de las hostilidades entre la Argentina y el Reino Unido.

La celebración en la Basílica de Luján y su llamado a la paz quedaron entre las imágenes más recordadas de aquella visita. Juan Pablo II regresó en abril de 1987, ya restablecida la democracia, para desarrollar una agenda extensa que incluyó Buenos Aires, Córdoba, Mendoza, Paraná, Rosario, Salta, Tucumán, Corrientes y otras ciudades.

En esa segunda visita presidió en Buenos Aires la primera Jornada Mundial de la Juventud realizada fuera de Roma. La convocatoria consolidó una relación particularmente estrecha entre el Papa polaco y los jóvenes católicos.

Otro momento histórico ocurrió en enero de 1998, cuando se convirtió en el primer pontífice en visitar Cuba. Su encuentro con Fidel Castro tuvo una enorme trascendencia diplomática. Desde La Habana reclamó mayor libertad para la Iglesia y pidió superar tanto el aislamiento internacional de la isla como su cerrazón interna.

Juan Pablo II entendió que un viaje papal podía abrir espacios de diálogo que permanecían cerrados para la diplomacia tradicional. Sus visitas latinoamericanas combinaron de ese modo evangelización, denuncia social, defensa de la vida y gestos políticos de alto impacto.

Benedicto XVI y la preocupación por la pérdida de fieles

Benedicto XVI tuvo una presencia más limitada en América Latina. Realizó dos viajes, pero ambos estuvieron cargados de simbolismo y reflejaron su preocupación por la secularización y el crecimiento de las iglesias evangélicas.

En mayo de 2007 visitó Brasil y participó en la Quinta Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, celebrada en Aparecida. Allí propuso una renovación de la tarea evangelizadora y canonizó a Fray Galvão, primer santo nacido en Brasil.

En aquella conferencia tuvo una participación destacada el entonces cardenal Jorge Bergoglio. El arzobispo de Buenos Aires presidió la comisión encargada de redactar el documento final, que colocó el acento en una Iglesia misionera y cercana a los sectores populares.

La segunda gira de Benedicto XVI se desarrolló en marzo de 2012 y comprendió México y Cuba. En Guanajuato fue recibido por grandes multitudes y pronunció mensajes contra la violencia, el narcotráfico y la corrupción.

En Cuba celebró misas en Santiago y La Habana, visitó el santuario de la Virgen de la Caridad del Cobre y mantuvo encuentros con Raúl y Fidel Castro. La visita continuó el proceso de acercamiento iniciado por Juan Pablo II, aunque sin desconocer las restricciones políticas y religiosas existentes en la isla.

Poco después se conoció que, al regresar de aquella exigente gira, Benedicto XVI había comenzado a madurar definitivamente su renuncia. El 28 de febrero de 2013 dejó el pontificado y abrió el camino para la elección del primer Papa latinoamericano.

Francisco y el regreso a las raíces

La elección de Jorge Mario Bergoglio el 13 de marzo de 2013 transformó la relación entre Roma y América Latina. Por primera vez, un pontífice provenía del continente y conocía directamente sus desigualdades, tensiones culturales y expresiones de religiosidad popular.

Francisco realizó su primer viaje internacional a Brasil, en julio de 2013, para participar en la Jornada Mundial de la Juventud de Río de Janeiro. Millones de personas se congregaron en Copacabana y el Papa argentino estableció rápidamente un estilo caracterizado por la cercanía, la espontaneidad y el contacto directo.

En 2015 recorrió Ecuador, Bolivia y Paraguay. Durante esa gira habló sobre la pobreza, la exclusión y la necesidad de reconocer los derechos de los pueblos originarios. En Santa Cruz de la Sierra pidió perdón por los pecados cometidos contra las comunidades indígenas durante la conquista y respaldó el trabajo de los movimientos populares. El itinerario oficial de aquel viaje quedó registrado por la Santa Sede.

Ese mismo año visitó Cuba, donde apoyó el proceso de acercamiento diplomático con Estados Unidos. Sus gestiones habían contribuido a restablecer las relaciones entre Washington y La Habana después de más de medio siglo de enfrentamiento.

En febrero de 2016 viajó a México. Visitó la Basílica de Guadalupe, celebró una misa con comunidades indígenas en Chiapas, ingresó a una cárcel en Ciudad Juárez y rezó junto a la frontera estadounidense por los migrantes muertos durante el viaje hacia el norte. También reclamó una respuesta frente al narcotráfico, la trata de personas y la desaparición de jóvenes.

Colombia lo recibió en septiembre de 2017, poco después de la firma de los acuerdos entre el gobierno y las FARC. Francisco llamó a superar la venganza y acompañó a víctimas y responsables de la violencia en un encuentro dedicado a la reconciliación nacional.

Su viaje a Chile y Perú, en enero de 2018, tuvo resultados diferentes. En Perú mantuvo un encuentro histórico con comunidades de la Amazonia en Puerto Maldonado y advirtió sobre la explotación de los pueblos originarios y el deterioro ambiental. La Santa Sede conserva el programa completo de aquel recorrido.

En Chile, en cambio, la visita estuvo atravesada por el escándalo de los abusos sexuales dentro de la Iglesia. La defensa inicial del obispo Juan Barros generó fuertes críticas. Francisco reconocería posteriormente graves errores en la evaluación del caso y convocaría a los obispos chilenos a Roma.

Su último viaje a América Latina fue a Panamá, en enero de 2019, con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud. Allí volvió a concentrar su mensaje en los jóvenes, los privados de libertad, los migrantes y las periferias sociales.

Francisco visitó diez países latinoamericanos, pero nunca regresó a la Argentina como Papa. Esa ausencia se convirtió en una de las grandes paradojas de su pontificado y alimentó durante años interpretaciones religiosas y políticas.

León XIV abrirá un nuevo capítulo

La historia iniciada por Pablo VI tendrá una nueva etapa en noviembre. León XIV realizará su primera gira latinoamericana entre el 6 y el 17 de ese mes, con visitas a Uruguay, Argentina y Perú.

El viaje tendrá un significado particular en cada país. Uruguay será la puerta de entrada al continente; la Argentina recibirá a un pontífice por primera vez desde la visita de Juan Pablo II en 1987; y Perú representará el regreso de Robert Prevost a la tierra donde desarrolló gran parte de su misión pastoral.

Antes de convertirse en Papa, León XIV fue obispo de Chiclayo entre 2015 y 2023 y adquirió la nacionalidad peruana. Su recorrido incluirá Montevideo, Paysandú y Florida; Buenos Aires, Córdoba y Luján; y Lima, Chiclayo, Cusco y Pucallpa. El programa completo será difundido más adelante. La gira fue confirmada para el período comprendido entre el 6 y el 17 de noviembre. Reuters y Associated Press informaron los primeros detalles.

Desde aquel aterrizaje de Pablo VI en Bogotá transcurrieron más de cinco décadas. Cambiaron los papas, los gobiernos y los grandes conflictos del continente, pero la presencia de un pontífice continúa produciendo un fenómeno difícil de reducir a lo religioso.

Cada gira coloca nuevamente en debate la pobreza, la violencia, la democracia, los derechos humanos, las migraciones y el lugar de la Iglesia en la sociedad. León XIV llegará ahora a una América Latina diferente, pero atravesada por muchos de los interrogantes que ya estaban presentes cuando Pablo VI habló ante los campesinos colombianos en 1968.