Kicillof ordenó su armado político y lanzó señales para 2027
Axel Kicillof reunió a su mesa política y dejó en claro el reparto de roles para su proyección nacional: Andrés “Cuervo” Larroque será su armador político a nivel país y Carlos Bianco quedará a cargo de la estrategia electoral en la provincia de Buenos Aires. En paralelo, pidió avanzar con una ley para destrabar las reelecciones de intendentes.“Quien domina la ingeniería territorial en la provincia de Buenos Aires suele dominar también buena parte del futuro del peronismo”. Con esa lógica de poder se leyó en Casa de Gobierno la reunión que encabezó Axel Kicillof, donde terminó de ordenar su esquema político y confirmó algo que ya se venía haciendo de hecho: Andrés Larroque quedará al frente del armado nacional y Carlos Bianco será el responsable de la estrategia electoral bonaerense.
El encuentro reunió a la mesa chica de ministros con perfil político y a un grupo de legisladores nacionales integrado por Jorge Taiana, Huguito Moyano, Hugo Yasky, Juan Marino y Santiago Cafiero, además de senadores y diputados del Movimiento Derecho al Futuro (MDF) en la Legislatura bonaerense. La foto buscó exhibir volumen político y, al mismo tiempo, mostrar cohesión en un momento de reconfiguración interna del peronismo.
La confirmación de Larroque como encargado del armado nacional representa una definición relevante dentro del hermetismo que caracteriza al entorno del gobernador. Según fuentes del MDF, los roles no serán rígidos: Larroque recorrerá el territorio bonaerense y Bianco también tendrá presencia en otras provincias. Sin embargo, la división de tareas responde a un ordenamiento interno de la línea peronista que trabaja en la proyección presidencial de Kicillof.
En ese marco, el gobernador les pidió a sus potenciales candidatos a sucederlo que recorran la provincia y que las definiciones lleguen más adelante. En su círculo mencionan cinco nombres: Carlos Bianco, Julio Alak, Gabriel Katopodis, Jorge Ferraresi y Fernando Espinoza. Este último aparece como el menos lanzado del grupo, aunque Kicillof valora contar con un abanico amplio de perfiles para sostener la discusión política.
El mensaje también fue de disciplina interna. Kicillof instó a evitar roces y a bajar la intensidad de las disputas entre dirigentes que, en el plano local, suelen alinearse detrás de uno u otro candidato. El ministro de Gobierno quedó posicionado como pieza central en ese trabajo de ordenamiento provincial, una tarea que en la política bonaerense suele ser tan decisiva como la gestión misma.
En paralelo, el gobernador pidió a sus legisladores avanzar en la segunda mitad del año con un proyecto de ley para que los intendentes puedan volver a competir por otro mandato. El antecedente inmediato es la iniciativa presentada el año pasado por Ayelén Durán, que Kicillof decidió reflotar en el Senado como base para abrir el debate parlamentario.
Desde el axelismo consideran que esa propuesta es la mejor vía para iniciar la discusión, aunque se muestran dispuestos a aceptar cambios de la oposición o del resto del peronismo. La lectura política es clara: resolver la situación de los intendentes ayuda a descomprimir tensiones y a fortalecer los apoyos territoriales en una provincia donde el control municipal sigue siendo un activo central.
La cuestión no es menor. Se estima que alrededor de 80 intendentes bonaerenses están alcanzados por la traba legal que limita sus posibilidades de reelección. Para un sistema político profundamente municipalizado como el bonaerense, ese factor impacta directamente en la negociación entre gobernación, legisladores e intendentes, y también en la construcción de poder de cualquier proyecto presidencial.
Los legisladores del MDF, por ahora, optan por la cautela frente a la interna con el kirchnerismo. Buscan moverse con prudencia, pero al mismo tiempo retomar el proyecto de Durán como señal de que quieren resolver una restricción que afecta a buena parte de los jefes territoriales. La estrategia apunta a mostrar iniciativa sin romper puentes dentro del peronismo.
El objetivo inmediato es poner paños fríos a las tensiones que reaparecieron en los últimos días por la reelección de los intendentes. Incluso circularon versiones sobre supuestos pedidos de un juez de la Suprema Corte a cambio de votos para reinstalar las reelecciones indefinidas y, según fuentes del MDF, también la exigencia de levantar la consigna Cristina Libre como condición para respaldar el beneficio para los jefes comunales.
Análisis y proyecciones: la jugada de Kicillof muestra que su estrategia ya no se limita a la gestión bonaerense, sino que empieza a consolidarse como una construcción de poder con proyección nacional. En el peronismo, los liderazgos competitivos suelen combinar tres elementos: control territorial, volumen legislativo y orden interno. La decisión de separar tareas entre Larroque y Bianco apunta justamente a cubrir esos frentes. Si logra disciplinar a los intendentes, evitar fugas y sostener una relación funcional con el resto del peronismo, el gobernador podría llegar a la próxima etapa con una estructura más nítida. El riesgo, claro, es que la interna peronista vuelva a tensionar cada movimiento y convierta la discusión por las reelecciones en una pulseada más amplia por la conducción del espacio.
La evolución del escenario político: en los últimos años, Kicillof pasó de ser una figura fuertemente asociada a la administración provincial y a la centralidad de la gestión, a intentar consolidar un liderazgo propio dentro del peronismo bonaerense y nacional. Larroque, por su parte, fue ganando peso como operador político de máxima confianza, mientras Bianco quedó consolidado como un organizador de campaña y de territorio. Esa redistribución de funciones refleja un corrimiento respecto de etapas anteriores, en las que el esquema de poder del peronismo bonaerense tendía a estar más concentrado y con menos autonomía de los cuadros cercanos al gobernador. Hoy, el desafío es convertir esa arquitectura en una oferta política competitiva sin profundizar las fracturas internas.
En síntesis, la reunión en Casa de Gobierno dejó dos señales centrales: por un lado, Kicillof ya empezó a estructurar su proyección política con nombres y funciones precisas; por el otro, busca blindar la base territorial de su poder con una iniciativa legislativa que les devuelva margen a los intendentes. En la lógica bonaerense, ambas cosas están íntimamente conectadas.
























