Magnoli pide a Colombia dejar de depender de James Rodríguez

Adrián Magnoli sostuvo que la renovación de la Selección Colombia pasa por aprender a competir sin James Rodríguez y por cambiar la idea táctica para sostener el recambio. En paralelo, recordó que el proyecto de Néstor Lorenzo apunta a una mentalidad ganadora y a una base más amplia de futbolistas.

“Hay equipos que durante años se enamoran de una sola brújula, pero las selecciones grandes terminan ganando cuando aprenden a orientarse con más de una”. Con esa lógica, Adrián Magnoli volvió a poner en debate el futuro de Colombia y la necesidad de que el equipo deje de girar en torno a James Rodríguez para consolidar un nuevo ciclo futbolístico.

El periodista argentino planteó en el programa MorninGol del diario AS que la renovación de la Selección Colombia exige “aprender a jugar sin diez o, pongámosle nombre propio, sin James”. A su juicio, el recambio debe sostenerse sin perder identidad, pero evitando una dependencia excesiva de una sola figura.

Magnoli recordó que el plan original de Néstor Lorenzo fue justamente construir el equipo alrededor de James. “Cuando Lorenzo asumió en el 2022, dijo: ‘Voy a armar una selección alrededor de James’”, señaló, al repasar el inicio del proceso. Sin embargo, consideró que esa etapa ya quedó atrás y que ahora corresponde “armar una selección diferente”.

En ese marco, propuso una base de jugadores que, según su lectura, ya forman parte del núcleo del equipo: “Puerta, Lerma, Cachito, Arias, Lucho y un punta”. También sostuvo que el cambio no debería limitarse a los nombres, sino a la estructura táctica. “Hay que jugar el cuatro, dos, tres, uno. Hay que dejar el cuatro, tres, tres con el falso diez por la derecha que se tira para adentro”, afirmó, al plantear la necesidad de “armar un sistema nuevo, quizá con los mismos jugadores”.

El periodista fue más allá y dejó su once ideal de hoy, que —según dijo— se repite en la actualidad. “Esas son los once de hoy”, aseguró, tras mencionar una formación con Camilo Vargas en el arco; Daniel Muñoz; Jhon Lucumí; y un frente ofensivo con “Arias, Lucho y en punta Suárez”. Sobre el puesto de arquero, insistió en que no ve cambios inmediatos: “El arquero de hoy, ¿quién es? Vargas”, cerró, al remarcar que “todavía no ha perdido el puesto”.

Los retos de Néstor Lorenzo con la selección Colombia

La discusión sobre James y el recambio se da en un contexto de continuidad para Néstor Lorenzo, a pesar de las críticas. Tras la eliminación de Colombia en los octavos de final de la Copa Mundial de la FIFA 2026, luego de caer ante Suiza en la definición por penales, la Federación Colombiana de Fútbol resolvió extender el contrato del entrenador por cuatro años más, hasta 2030.

Esa decisión apunta a sostener un proyecto de largo plazo. Lorenzo, con experiencia internacional y licencia UEFA Pro, ha insistido en que el gran desafío no es solo competir, sino instalar una “mentalidad ganadora” en toda la estructura del seleccionado, una idea impulsada por el presidente de la Federación, Ramón Jeserún. En esa línea, el técnico suele citar a España como ejemplo de planificación, trabajo y construcción institucional: “Nada es imposible con mucho trabajo, planificación y una estructura sólida desde la base”.

El propio entrenador explicó que el caso español demuestra que los ciclos exitosos no se improvisan. Según su mirada, España tardó 44 años en volver a ganar una Eurocopa y lo consiguió después de modificar la mentalidad en todas sus selecciones, desde la sub-15 hasta la mayor, incluyendo el fútbol femenino. Ese enfoque, en perspectiva histórica, refleja una tendencia moderna de las federaciones: dejar de depender solo del talento aislado y apostar por procesos homogéneos de formación.

Al mismo tiempo, Lorenzo advierte que la tarea en Sudamérica es especialmente compleja por la competencia de potencias históricas como Brasil, Argentina y Uruguay. Sin embargo, sostiene que Colombia cuenta con una base prometedora: jugadores en buen nivel en sus clubes, trabajo acumulado en los últimos años y el aporte de nuevas generaciones provenientes de la sub-20 y la sub-17. “Tenemos un gran proceso, jugadores de gran rendimiento en sus clubes y trabajo hecho durante los últimos años, sumándole a esto la generación de jugadores que vienen desde la sub-20 y sub-17 para complementar con los que ya están en la selección absoluta”, afirmó.

Análisis y proyecciones: El debate expuesto por Magnoli refleja uno de los dilemas más frecuentes en el fútbol de selecciones: cómo pasar de una generación liderada por una estrella a una estructura menos dependiente de individualidades. En la historia reciente de Colombia, James Rodríguez ha sido símbolo de creatividad, liderazgo y peso competitivo, pero también de una carga táctica que en determinados tramos condicionó la distribución del juego. Si Lorenzo logra consolidar un sistema más flexible —con variantes entre el 4-3-3 y el 4-2-3-1, y con mejores automatismos colectivos—, la selección podría ganar previsibilidad funcional y más recursos para competir en partidos cerrados. A mediano plazo, el éxito del proyecto dependerá de la integración real entre la base mayor y las juveniles, de la continuidad del cuerpo técnico y de si el equipo convierte el buen rendimiento amistoso en eficacia dentro de los torneos oficiales.

Evolución reciente del proceso: En los últimos años, la postura de los actores principales se movió desde una selección claramente orientada por James hacia una construcción más amplia y compartida. Al comienzo del ciclo de Lorenzo, la idea era potenciar al capitán como eje; hoy, en cambio, el discurso apunta a diversificar responsabilidades, acelerar el recambio y fortalecer una estructura que no dependa de una sola figura. La Federación, por su parte, respaldó la continuidad del entrenador incluso tras el golpe de la eliminación, lo que confirma que el objetivo institucional ya no parece ser el corto plazo sino consolidar una identidad sostenida hasta 2030.

Ese desafío, además, llega con una exigencia concreta: transformar los buenos números en amistosos en resultados de máxima presión. Durante los primeros cuatro años de gestión, Colombia jugó 22 amistosos, con 17 triunfos, tres empates y dos derrotas. En los torneos oficiales, en cambio, disputó 29 partidos entre Eliminatorias, Copa América y Mundial, con 14 victorias, 10 empates y cinco caídas. La brecha entre ambos registros explica por qué el debate sobre la madurez competitiva sigue abierto y por qué la discusión sobre James, lejos de cerrarse, funciona como termómetro del nuevo rumbo que busca la Tricolor.