Broda advirtió que la reelección de Milei dependerá de que la economía cotidiana vuelva a crecer

El economista sostuvo que la expansión de la energía, la minería y las finanzas no alcanza para mejorar el clima social. Alertó sobre la caída del crédito y los salarios, cuestionó el dólar barato y reclamó mayor pragmatismo para evitar la destrucción de empresas y puestos de trabajo.

Miguel Ángel Broda advirtió que las posibilidades de reelección del presidente Javier Milei estarán directamente vinculadas con la recuperación de los sectores económicos que todavía no logran salir del estancamiento.

El consultor reconoció que algunas actividades, principalmente la minería, la energía y la intermediación financiera, continúan impulsando el producto bruto. Sin embargo, señaló que el resto de la economía, que representa aproximadamente el 87% de la actividad, permanece en terreno levemente negativo.

“La reelección del Presidente depende de que el resto de la economía crezca un 2% de acá en adelante”, afirmó Broda durante una entrevista. A diferencia de muchos empresarios y clientes de su estudio, que consideran muy probable la continuidad del oficialismo después de 2027, el economista anticipó una transición compleja.

Según su diagnóstico, los principales motores capaces de movilizar el consumo interno todavía muestran señales de deterioro. El crédito se encuentra en retroceso, la masa salarial real continúa debilitada y el ingreso disponible de las familias permanece en niveles muy bajos después del aumento de las tarifas y otros gastos fijos.

Aunque algunos indicadores dejaron de caer durante los últimos dos meses, Broda consideró que todavía no existe una recuperación suficiente para mejorar de manera significativa la situación de los hogares.

El empleo y los salarios desplazan a la inflación

El economista también señaló un cambio importante en las preocupaciones de la sociedad. La inflación, que durante los primeros años del gobierno ocupó el centro de la agenda pública, comenzó a ser desplazada por el desempleo, la pérdida del poder adquisitivo y la incertidumbre laboral.

Esta modificación de las prioridades podría convertirse en uno de los mayores desafíos electorales para el oficialismo. La estabilización de algunas variables macroeconómicas no necesariamente se traduce en una mejora inmediata para los comercios, las pequeñas empresas y los trabajadores.

Para Broda, esa diferencia explica el creciente malestar que se percibe en la calle. Los sectores que continúan estancados son, precisamente, aquellos que concentran la mayor cantidad de puestos de trabajo.

Mientras la minería y la energía pueden mostrar fuertes tasas de crecimiento con una generación laboral relativamente limitada, el comercio, la industria, la construcción y los servicios necesitan una recuperación más amplia para mejorar el empleo y el consumo.

Las limitaciones para reactivar el consumo

Broda reconoció que el Gobierno dispone de pocas herramientas para estimular rápidamente las ventas de los kioscos, restaurantes, supermercados y centros comerciales sin comprometer el equilibrio fiscal.

Una expansión del gasto público podría poner en riesgo uno de los pilares del programa económico. Sin embargo, mantener deprimidos los ingresos y el crédito también dificulta la recuperación de la actividad privada.

El desafío consiste en encontrar mecanismos que permitan fortalecer el consumo sin regresar a políticas fiscales o monetarias que vuelvan a alimentar la inflación.

Para el consultor, esa combinación será decisiva durante los próximos meses. Si la mejora macroeconómica no llega a la economía cotidiana, el Gobierno podría enfrentar un escenario electoral mucho más ajustado del que actualmente anticipan los mercados y una parte del sector empresarial.

Críticas al atraso cambiario

Otro de los puntos centrales del análisis fue la política cambiaria. Broda sostuvo que un dólar algo más alto podría favorecer a numerosos sectores productivos, aunque reconoció que el Gobierno evita cualquier corrección brusca por temor a su impacto sobre los precios.

El economista advirtió que abrir la economía con un tipo de cambio que favorece las importaciones puede provocar el cierre innecesario de empresas que, con condiciones más equilibradas, podrían continuar funcionando.

Según explicó, el contexto internacional también cambió. China produce más del 30% de las manufacturas mundiales y vuelca sus excedentes industriales sobre distintos mercados. Frente a esa presión, numerosos países comenzaron a establecer barreras comerciales y mecanismos de protección para sus industrias.

Broda, históricamente partidario de una economía abierta, consideró que la Argentina debe observar con atención ese nuevo escenario. A su entender, una apertura acelerada, combinada con un dólar barato, puede debilitar todavía más al entramado productivo nacional.

Cada empresa que desaparece implica la pérdida de capital, conocimiento, proveedores, empleos y redes comerciales que luego resultan muy difíciles de reconstruir.

Pragmatismo para atravesar la transición

El consultor reclamó una política económica más pragmática para reducir los costos sociales y productivos del proceso de transformación.

Broda estimó que un cambio profundo de régimen económico no puede consolidarse durante un solo mandato. Para lograrlo, consideró necesario mantener determinadas políticas durante tres, cuatro o incluso cinco gobiernos consecutivos.

Pero esa continuidad, advirtió, dependerá de que la sociedad perciba resultados concretos. La estabilidad monetaria y el equilibrio fiscal son condiciones fundamentales, aunque podrían resultar insuficientes si no están acompañados por crecimiento, empleo y recuperación de los ingresos.

En ese sentido, planteó la necesidad de construir un “capitalismo de centro”, alejado tanto de los desequilibrios del pasado como de posiciones extremas que puedan destruir innecesariamente parte de la estructura productiva.

El verdadero examen para el Gobierno comenzará cuando la discusión deje de concentrarse exclusivamente en la inflación y pase a medirse por la capacidad de generar trabajo, mejorar los salarios y devolver dinamismo a la economía que todos los días se expresa en el mostrador de un comercio, en una fábrica o en el presupuesto de una familia.