Retenciones en alza: julio dejó un fuerte repunte fiscal
La historia de las retenciones en Argentina está marcada por saltos bruscos cada vez que cambian los incentivos a exportar. En julio, ese tributo volvió a ganar peso dentro de la recaudación nacional tras meses de recuperación.
Las retenciones argentinas conocen bien los vaivenes del campo y del comercio exterior: desde la crisis de comienzos de los 2000, su peso en la recaudación suele oscilar al ritmo de los precios internacionales, los cambios de alícuotas y los programas temporales para incentivar liquidaciones. En julio, ese tributo volvió a mostrar músculo y recuperó terreno dentro de los ingresos fiscales nacionales.
Según datos elaborados por RIA Consultores sobre la base de información de ARCA, el Estado percibió $1,2 billón por Derechos de Exportación, lo que implicó un aumento del 35% frente a junio y del 110% en relación con mayo. El desempeño también se reflejó en la participación del tributo sobre la recaudación total: en julio representó el 5,2% de la masa fiscal.
De acuerdo con el análisis de Javier Preciado Patiño, director de RIA, el proceso de recuperación se consolidó luego de octubre de 2025. En ese mes, la participación de las retenciones había caído al 1,6% de la recaudación nacional, tras el impacto del denominado “dólar soja” aplicado en septiembre, un esquema que implicó la suspensión temporal de retenciones por 72 horas.
A partir de ese piso, la incidencia del tributo fue recomponiéndose hasta alcanzar el 5,2% de julio. Según el reporte de RIA, se trata de la mayor participación desde julio de 2025, cuando los Derechos de Exportación habían llegado al 6,8% de la recaudación, luego de la finalización del primer programa de “dólar soja” instrumentado por el entonces ministro de Economía, Luis Caputo.
Medida en dólares, la mejora también fue significativa. En julio, los Derechos de Exportación aportaron más de US$800 millones, por encima de los US$607 millones de junio y muy por encima de los US$179 millones registrados en octubre de 2025.
No obstante, el informe advierte que el comportamiento fue dispar según la moneda utilizada. En pesos, la recaudación resultó 3% superior a la de igual mes del año anterior, mientras que en dólares cayó 12%, una diferencia atribuida a la vigencia de menores alícuotas para los Derechos de Exportación. Aun así, el mayor volumen exportado en julio compensó parte de ese recorte impositivo y sostuvo el ingreso fiscal.
Los datos de RIA muestran que durante el mes se exportaron 14,6 millones de toneladas, bastante más que las 9,4 millones de toneladas despachadas en junio. Ese incremento en los embarques explicó buena parte del repunte recaudatorio, incluso en un contexto de menor presión tributaria sobre el comercio exterior.
Preciado Patiño señaló que, en apariencia, el cuadro luce contradictorio: “Suena contradictorio que haya sido una liquidación de dólares floja con un aumento en la recaudación de retenciones. Pero la realidad es que se registró mucho DJVE: 14,6 millones contra 9,4 en junio, y eso fue lo que traccionó la recaudación de retenciones. Muchas DJVE se anotaron para embarcar en septiembre y en agosto, pero pagan retenciones ahora. Ese volumen fue lo que hizo levantar la recaudación”, explicó. Vale recordar que en julio los exportadores liquidaron un 3% menos que en junio, con US$2.918 millones.
El consultor también repasó el costo fiscal del esquema de retenciones cero. Recordó que el dólar soja con retenciones nulas “tuvo un costo fiscal muy importante por la caída de las retenciones” y estimó que entre octubre y abril ese efecto se tradujo en una pérdida cercana a US$1.500 millones. “En mayo empezó a normalizarse, pero entre octubre y abril se manifestó muy claramente, con mucha fuerza, el costo fiscal”, resumió.
Análisis y proyecciones: la evolución reciente confirma que la recaudación por Derechos de Exportación depende menos de una sola variable que de la combinación entre cosecha disponible, incentivos a anticipar ventas y calendario de embarques. Cuando se reducen las alícuotas o se ofrecen ventanas transitorias para vender, suele producirse un adelantamiento de liquidaciones y declaraciones juradas, lo que mejora la caja en el corto plazo, aunque con efecto de “arrastre” hacia los meses siguientes. Hacia adelante, la discusión de fondo seguirá siendo la misma que atraviesa al sistema retentivo desde hace décadas: su utilidad fiscal inmediata frente a los costos que genera sobre competitividad, inversión y previsibilidad para el sector exportador. En escenarios de mayor volumen despachado, la recaudación puede sostenerse aun con tasas más bajas; pero si cae la producción o se posterga la comercialización, el impacto sobre los ingresos del Estado suele sentirse con rapidez.
Evolución reciente del tema: en los últimos años, los principales actores fueron ajustando sus posiciones según las urgencias macroeconómicas. El Gobierno alternó entre reducciones temporales, regímenes excepcionales y subas puntuales para acelerar ingresos de divisas, mientras que el sector exportador acompañó cuando los incentivos le permitieron mejorar el flujo de ventas, aunque mantuvo históricas críticas al tributo por su efecto sobre márgenes y señales de inversión. En paralelo, analistas como Preciado Patiño remarcan que el comportamiento de las retenciones dejó de depender únicamente del tipo de cambio o de la cosecha, y pasó a estar muy influido por herramientas financieras y administrativas como las DJVE, que anticipan pagos y reordenan el calendario recaudatorio.





















