De la Espriella define invitados y crece la polémica

La ceremonia de investidura de Abelardo de la Espriella, prevista para el 7 de agosto de 2026 en Cali, ya abrió un debate político por la lista de invitados. La exclusión de Ernesto Samper y Juan Manuel Santos desató reacciones y volvió a exponer las tensiones entre los expresidentes colombianos.

“Los actos de posesión no solo consagran un poder, también revelan quiénes quedan dentro y fuera del nuevo pacto político”. Con esa lógica, la investidura presidencial de Abelardo de la Espriella, prevista para el viernes 7 de agosto de 2026 en la Arena USC de la Universidad de Santiago de Cali, en el Valle del Cauca, comenzó a perfilarse como un evento cargado de simbolismo, protocolo y señales políticas.

La ceremonia contará con invitados nacionales e internacionales y, como es tradicional en este tipo de transmisiones de mando, se espera la asistencia de exjefes de Estado para acompañar el inicio del nuevo gobierno. Entre los nombres contemplados figuran los expresidentes Cesar Gaviria, Andrés Pastrana e Iván Duque, aunque la ausencia de Ernesto Samper y Juan Manuel Santos no pasó inadvertida.

De acuerdo con lo revelado por Revista Semana, la decisión de dejar fuera a ambos exmandatarios habría sido una orden directa del presidente electo, en medio de diferencias políticas que se arrastran desde hace años. En Colombia, los actos de posesión suelen funcionar también como termómetro del clima institucional: la inclusión o exclusión de figuras de peso no es un detalle menor, sino una señal sobre los márgenes de diálogo que tendrá el nuevo Ejecutivo.

Las reacciones no tardaron en llegar. Ernesto Samper fue uno de los primeros en pronunciarse y respondió con ironía, asegurando que la noticia no le afectaba. Incluso recordó que la fecha coincide con su cumpleaños número 76. “Acabo de enterarme de la noticia de que no estaré invitado a la posesión del presidente Abelardo de la Espriella el próximo 7 de agosto, en Cali. Agradezco profundamente al presidente este regalo, que me llega precisamente el día de mi cumpleaños, porque así me economizo un vestido nuevo –o un uniforme militar–, un pasaje a Cali y una noche de hotel. Prefiero ir a bailar salsa en el Petronio y con la gente”, expresó.

Desde el entorno de Juan Manuel Santos también hubo una respuesta crítica. Su hijo, Esteban Santos, cuestionó la exclusión y sostuvo que un mandatario debe representar a todos los colombianos, incluso a quienes piensan distinto. “Un presidente representa a todos los colombianos, incluso a quienes piensan distinto. Excluir a expresidentes de una ceremonia de Estado es un gesto de pequeñez. Colombia necesita más unidad y menos polarización”, afirmó.

La discusión, además, reavivó una dinámica que en Colombia se ha repetido en distintos gobiernos: las tensiones entre expresidentes, sus legados y la forma en que cada administración administra los gestos de apertura o distancia con sus antecesores. En ese marco, la presencia o ausencia de ciertas figuras en una posesión suele leerse tanto en clave personal como institucional.

Por otra parte, Álvaro Uribe Vélez también dejó en duda su asistencia a la ceremonia en Cali. En diálogo con Caracol Radio, aseguró que, aunque su partido Centro Democrático se mantiene como partido de Gobierno, su eventual ausencia obedecería a motivos personales. “A mí me han invitado, el propio presidente de la República me invitó. Nosotros somos partido de gobierno, por supuesto; cada proyecto se discutirá, se discutirá en lo normal del Congreso, y lo de Cali yo lo sustraigo de la política, porque no tengo ninguna prevención. Lo que yo examino es mi situación personal”, explicó el exmandatario.

Análisis y proyecciones: La señal política de esta posesión puede tener efectos más allá del protocolo. En sistemas altamente polarizados, la composición de invitados suele anticipar el tono de la relación entre gobierno y oposición, y también la disposición a construir mayorías legislativas o, por el contrario, a gobernar desde una lógica de confrontación. Si el nuevo mandatario consolida una imagen de cierre frente a ciertas figuras del pasado, podría ganar cohesión entre sus bases, pero también profundizar la fragmentación con sectores tradicionales. En cambio, una estrategia de apertura posterior podría moderar la lectura inicial de exclusión y facilitar puentes en temas sensibles de agenda pública.

Evolución reciente: En los últimos años, la relación entre expresidentes colombianos se ha movido entre la cooperación institucional y la disputa abierta, con el peso creciente de la polarización como eje organizador del debate público. Mientras algunos exmandatarios han buscado conservar influencia en la discusión nacional, otros han optado por marcar distancia de ceremonias y escenarios que consideran meramente simbólicos o políticamente hostiles. En ese contexto, la posesión de De la Espriella aparece como una nueva instancia donde se reconfiguran alianzas, se exhiben distancias y se proyecta el estilo político que podría dominar el arranque de su administración.