Santilli, Villarruel y el FMI: la interna libertaria escala
Ignacio Fidanza analizó en GPS el nuevo capítulo de la interna libertaria, el rol del FMI en la política económica y la estrategia judicial de Cristina Kirchner. También advirtió sobre el impacto legislativo de la disputa en el Senado.«Cuando el vicepresidente le pide la renuncia al segundo del Ejecutivo, la institucionalidad entra en zona de máximo riesgo». Con esa lógica de advertencia, Ignacio Fidanza puso en foco la escalada de tensiones dentro del oficialismo y el efecto político que puede tener sobre la agenda parlamentaria.
El director de LPO pasó por GPS, el programa de Rolando Graña en América, y analizó el último capítulo de la interna libertaria, a partir del pedido de Diego Santilli para que renuncie Victoria Villarruel. Según explicó, el gesto se inscribe en una pulseada más amplia por el poder entre los distintos sectores del espacio gobernante.
«En un país serio es un conflicto institucional terrible que el funcionario más importante del gabinete le pida la renuncia al vicepresidente», afirmó Fidanza. En su lectura, Santilli intenta moverse en un equilibrio entre Karina Milei y Santiago Caputo, mientras busca quedar bien con ambos sectores con un blanco común: Villarruel. Pero advirtió que esa estrategia puede terminar siendo contraproducente.
«Esto es un tiro en el pie en algún punto a Santilli porque ahora tienen que tratar una serie de leyes en el Senado», señaló. Recordó además que en la última sesión, con la ley de tierras, Villarruel complicó al Gobierno al operar para que no hubiera quórum. «Ella convoca senadores aliados a su despacho y rosquea en contra del gobierno», detalló. En ese marco, sostuvo que la eliminación de las PASO «por ahora está complicada».
La disputa por el control del Senado tiene antecedentes claros en la política argentina: cuando la relación entre Ejecutivo y Cámara alta se fractura, la negociación legislativa suele volverse más costosa y menos previsible. En contextos de fragmentación, el rol de la vicepresidencia puede pasar de ser un puente político a una fuente de bloqueo o de presión hacia el propio Gobierno.
Fidanza también se refirió a la visita de Kristalina Georgieva. Contó que, en la cena que mantuvo con empresarios argentinos, la titular del FMI fue más franca que en sus apariciones públicas. «Ahí básicamente dijo que el dólar tiene que estar más alto, o sea que el gobierno tiene que devaluar», sostuvo.
Agregó que también se discutió el posible efecto inflacionario de una medida de ese tipo, y que Georgieva consideró que el gobierno de Milei es muy rígido frente a la inflación y debería tener más flexibilidad para convivir con un nivel algo más alto de aumento de precios. «El FMI quiere que el gobierno junte dólares, sume reservas», remarcó.
En ese punto, vinculó esas definiciones con el ruido que generó la declaración de Ravier, cuando dijo que el dólar puede estar en 1800. Para Fidanza, ese comentario expuso una discusión que existe entre el equipo económico y el FMI, y que la propia Georgieva habría dejado al descubierto en esa escena.
El análisis de fondo, en términos económicos, es el clásico dilema entre desinflación y acumulación de reservas. En la experiencia argentina, los programas con el FMI suelen tensionar el tipo de cambio, la actividad y el costo político del ajuste. Cuando el ancla cambiaria se estira demasiado, crece el riesgo de atraso; cuando se corrige de golpe, sube el pass-through inflacionario y se agrava la pérdida de ingresos.
Fidanza añadió que Georgieva también observó que el ajuste «no tiene mucho consenso, ni social ni político», una preocupación central para el organismo, que quiere que el próximo gobierno continúe con esas políticas. Esa mirada sugiere que el Fondo no sólo evalúa números fiscales, sino también la sustentabilidad política de un programa económico en un país con una larga historia de crisis de financiamiento externo.
























