La retirada israelí de Gaza queda condicionada al desarme completo de Hamas

La Junta de Paz respaldada por Donald Trump aclaró que las fuerzas israelíes no abandonarán sus posiciones más allá de la “Línea Amarilla” hasta que se entreguen las armas y se desmantelen los túneles. Hamas reclama que el repliegue militar y el cese de los ataques formen parte del mismo proceso.

La Junta de Paz para Gaza afirmó que la retirada de las fuerzas israelíes más allá de la denominada “Línea Amarilla” solamente se producirá cuando Hamas complete el desarme de sus estructuras militares en la Franja.

El pronunciamiento fue difundido después de una reunión en Jerusalén entre el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y Nikolay Mladenov, representante del organismo encargado de supervisar la transición política y de seguridad en el enclave palestino.

La Junta explicó que el proceso deberá comprender las armas ligeras y pesadas, además de los túneles y otras instalaciones militares utilizadas por Hamas y las demás organizaciones armadas. El objetivo declarado es reemplazar el control de las facciones por una administración civil palestina respaldada internacionalmente.

La aclaración acercó la posición del organismo a una de las principales exigencias del Gobierno israelí, pero también dejó expuesta una diferencia decisiva con Hamas: cada parte pretende que la otra cumpla primero sus compromisos.

La disputa por el orden de los pasos

El centro del desacuerdo no es únicamente el desarme, sino la secuencia con la que debería aplicarse el plan.

Israel sostiene que no retirará sus tropas hasta que Hamas haya entregado la totalidad de su arsenal y destruido su infraestructura subterránea. El grupo palestino, en cambio, afirma que no comenzará a desarmarse antes de que las fuerzas israelíes abandonen Gaza y se detengan las operaciones militares.

Este cruce de condiciones amenaza con crear un bloqueo: Israel no se retira porque Hamas conserva sus armas y Hamas no entrega sus armas porque Israel permanece dentro del territorio.

Donald Trump había anunciado el 30 de julio que los mediadores alcanzaron un acuerdo “histórico” para el desarme completo de Hamas y de otras facciones. Sin embargo, representantes palestinos describieron el documento como un borrador que todavía necesita garantías y precisiones. Reuters

Una de las principales diferencias se refiere al destino de las armas pesadas. Hamas pretende que sean almacenadas bajo el control de una futura administración palestina, mientras Israel exige que sean retiradas de Gaza o destruidas de manera irreversible.

Qué representa la “Línea Amarilla”

La Línea Amarilla es una demarcación militar establecida durante el acuerdo de cese del fuego de octubre de 2025. En principio, determinaba las posiciones hasta las cuales debían replegarse las fuerzas israelíes durante la primera etapa del plan.

Desde entonces, la ubicación efectiva de las tropas y la extensión del territorio controlado por Israel se transformaron en otro punto de conflicto. Diversos informes señalan que las fuerzas israelíes avanzaron más allá de las posiciones originalmente previstas.

La Junta de Paz indicó que el repliegue más allá de esa línea se concretará cuando finalice el proceso de desarme. No obstante, la redacción del comunicado generó interpretaciones distintas sobre si podrían producirse movimientos parciales mientras se entregan las armas.

Una primera versión del pronunciamiento mencionó una “retirada total”, pero esa palabra fue eliminada posteriormente. El cambio alimentó las dudas sobre si la Junta modificó la secuencia inicial, que proponía coordinar progresivamente el desarme de Hamas con el repliegue de las fuerzas israelíes. The Times of Israel

Coincidencias y diferencias con Israel

Después del encuentro con Netanyahu, la Junta sostuvo que existe una visión compartida con Israel: eliminar el control armado sobre Gaza y establecer una administración civil.

Sin embargo, la coincidencia sobre el objetivo final no resuelve las diferencias respecto del mecanismo. Israel reclama conservar capacidad de intervención militar durante la transición y se muestra escéptico sobre la posibilidad de que una fuerza internacional pueda impedir el rearme de Hamas.

El Gobierno israelí también cuestiona la participación de Qatar y Turquía, dos de los países mediadores, en los mecanismos encargados de verificar el cumplimiento del acuerdo.

Otro punto conflictivo es el papel de la futura Fuerza Internacional de Estabilización. El plan establece que este contingente deberá colaborar con una nueva policía palestina, garantizar la seguridad durante la transición y supervisar la desmilitarización.

Israel teme que el despliegue internacional limite su libertad para actuar frente a amenazas inmediatas. Los mediadores, por su parte, consideran que sin una fuerza externa será muy difícil generar confianza, proteger a la población y evitar que el vacío dejado por el ejército israelí vuelva a ser ocupado por grupos armados.

Una administración palestina sin Hamas

El proyecto contempla que Gaza quede bajo una conducción palestina de carácter tecnocrático, encargada de los servicios públicos, la reconstrucción y la administración cotidiana.

Hamas anunció anteriormente la disolución de su estructura formal de gobierno y manifestó su disposición a transferir funciones a un comité civil. Israel consideró insuficiente ese paso y sostuvo que un cambio administrativo carecerá de valor si la organización conserva su poder militar y su capacidad de intimidación.

La Junta de Paz también advirtió que evaluará resultados concretos y no solamente declaraciones. La transferencia deberá incluir ministerios, fuerzas de seguridad, recursos financieros y control territorial.

La futura administración enfrentará un desafío monumental. Deberá gobernar un territorio devastado, con gran parte de la población desplazada, servicios esenciales destruidos y una economía prácticamente paralizada.

La reconstrucción dependerá de fondos internacionales, pero los países donantes difícilmente liberarán recursos importantes si no existen garantías de seguridad y mecanismos transparentes de administración.

Verificación internacional

El cumplimiento del acuerdo será supervisado por la Fuerza Internacional de Estabilización y por un comité de verificación integrado por representantes estadounidenses, miembros de la Junta de Paz y otros participantes internacionales.

El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas respaldó anteriormente un esquema de transición para Gaza que vincula los avances en la retirada israelí con parámetros verificables de desmilitarización y contempla informes periódicos sobre su cumplimiento. Resolución 2803 del Consejo de Seguridad

Los inspectores deberán comprobar la entrega de armas, la destrucción o inutilización de túneles, el cierre de talleres de fabricación de cohetes y la desaparición de cadenas de mando militares paralelas.

La tarea será especialmente difícil por la dimensión de la infraestructura subterránea y por la posibilidad de que parte del armamento sea ocultado, trasladado o entregado a otras facciones.

También será necesario establecer qué ocurrirá con los integrantes de las Brigadas Al Qassam y con otros combatientes. Entre las alternativas aparecen programas de desmovilización, integración civil, amnistías condicionadas o incorporación selectiva a nuevas fuerzas policiales, siempre que superen los controles correspondientes.

La violencia continúa sobre el terreno

Las negociaciones avanzan mientras continúan los ataques israelíes dentro de Gaza. Mladenov habría pedido a Netanyahu una suspensión de las operaciones para proteger el proceso y evitar una nueva escalada.

Los mediadores —Egipto, Qatar y Turquía— también reclamaron que se respete el cese del fuego. Hamas sostiene que no puede entregar sus armas mientras continúen los bombardeos y las tropas israelíes mantengan el control de una parte sustancial del enclave.

Israel argumenta que sus operaciones están dirigidas contra integrantes e infraestructura de organizaciones armadas que violan la tregua. La continuidad de los ataques, sin embargo, aumenta la desconfianza palestina y dificulta la presentación del acuerdo como un camino seguro hacia la retirada.

La población civil permanece atrapada entre las exigencias de las partes. A la destrucción acumulada se suman los desplazamientos, las restricciones de circulación, el deterioro sanitario y la incertidumbre sobre el futuro político de la Franja. Associated Press

Un acuerdo todavía incompleto

El anuncio de la Junta de Paz constituye un avance diplomático, pero todavía no representa un acuerdo plenamente operativo. Faltan establecer el calendario, los procedimientos de verificación, el destino de las armas, las garantías para la retirada israelí y la composición definitiva de la administración civil.

Trump presenta el entendimiento como un paso histórico. Netanyahu puede mostrar que la retirada quedó vinculada al desarme completo. Hamas, por su parte, insiste en que no aceptará un proceso que consolide la ocupación israelí o deje a Gaza sin una perspectiva de autodeterminación.

El plan intenta resolver simultáneamente tres problemas: terminar con el gobierno armado de Hamas, retirar a Israel de Gaza y construir una autoridad palestina con capacidad real para administrar el territorio.

La viabilidad dependerá de encontrar una secuencia que evite que cualquiera de las partes quede expuesta después de cumplir su primera obligación. Sin garantías paralelas y verificables, el desarme y la retirada continuarán funcionando como condiciones enfrentadas.

La Junta de Paz consiguió aproximar las posiciones sobre el objetivo final. Ahora deberá resolver la cuestión más difícil: quién da el primer paso y cómo se garantiza que el otro también cumpla.