Líbano e Israel retoman en Roma las negociaciones para una retirada gradual del sur libanés
Con la mediación de Estados Unidos y el respaldo de Italia, las delegaciones buscan ampliar las denominadas “zonas piloto”, resolver disputas fronterizas y avanzar hacia un acuerdo de seguridad. El desarme de Hezbollah y la continuidad de las operaciones israelíes aparecen como los principales obstáculos.
Delegaciones de Líbano e Israel iniciaron este martes en Roma una nueva ronda de conversaciones directas, bajo la mediación de Estados Unidos, con el propósito de aplicar gradualmente el acuerdo que contempla la retirada de las fuerzas israelíes del sur libanés y el despliegue del ejército de Beirut en las áreas recuperadas.
Las reuniones se extenderán hasta el jueves y estarán concentradas en aspectos técnicos y de seguridad. El objetivo inmediato es ampliar el sistema de “zonas piloto”, mediante el cual Israel abandona determinadas posiciones y transfiere el control territorial a las fuerzas armadas libanesas.
El proceso constituye uno de los intentos diplomáticos más ambiciosos de los últimos años para estabilizar la frontera entre ambos países. Sin embargo, su implementación enfrenta dos dificultades centrales: la resistencia de Hezbollah a entregar sus armas y la desconfianza de Beirut ante la continuidad de ataques, demoliciones y operaciones militares israelíes dentro del territorio libanés.
Una negociación por etapas
El mecanismo fue establecido en el acuerdo marco alcanzado el 26 de junio. El documento contempla una retirada progresiva de las fuerzas israelíes, el despliegue efectivo del ejército libanés y la desmilitarización de los grupos armados que operan fuera del control estatal.
Las delegaciones ya habían mantenido una ronda en Roma durante julio, cuando acordaron la estructura y los criterios generales para aplicar las primeras zonas experimentales. La nueva reunión deberá definir qué territorios serán incorporados y bajo qué condiciones se efectuará cada transferencia.
El Departamento de Estado estadounidense indicó que las conversaciones estarán orientadas a ampliar las zonas piloto, resolver los asuntos fronterizos pendientes y avanzar hacia un acuerdo integral de paz y seguridad. Washington considera que el sistema gradual puede generar confianza entre las partes y reducir los riesgos para la población civil.
El ministro de Relaciones Exteriores de Italia, Antonio Tajani, mantuvo contactos con los jefes de las delegaciones antes de comenzar las reuniones y los instó a trabajar con un “espíritu constructivo”. La Cancillería italiana sostuvo que deben buscarse soluciones compartidas que permitan aplicar completamente el acuerdo de junio. Ministerio de Asuntos Exteriores de Italia
La primera prueba en Zawtar al-Gharbiya
Una de las experiencias iniciales se desarrolló en los alrededores de Zawtar al-Gharbiya. Las fuerzas israelíes se retiraron de una parte de la zona y el ejército libanés comenzó a desplegarse sobre el terreno.
Después del ingreso de los militares libaneses, algunos habitantes recibieron autorización para regresar e inspeccionar sus viviendas y comercios. El retorno expuso el nivel de destrucción provocado por el conflicto: numerosas casas quedaron dañadas o directamente inhabitables y solamente una pequeña cantidad de familias pudo instalarse nuevamente.
El caso sirve como prueba para el resto del proceso. Por un lado, deberá demostrar si el ejército libanés está en condiciones de garantizar la seguridad, impedir el regreso de fuerzas irregulares y ejercer una autoridad efectiva. Por otro, permitirá comprobar si Israel está dispuesto a abandonar sectores que considera relevantes para la protección de sus comunidades fronterizas.
El primer ministro libanés, Nawaf Salam, aseguró que su gobierno continuará trabajando para obtener retiradas sucesivas que conduzcan finalmente a la salida completa de las fuerzas israelíes.
Para Beirut, las zonas piloto no pueden convertirse en un mecanismo permanente que legitime una ocupación parcial. Deben ser etapas transitorias dentro de un calendario que devuelva al Estado libanés el control total de su territorio.
Hezbollah rechaza el acuerdo
Hezbollah no participa de las conversaciones y se opone abiertamente al entendimiento. Su líder, Naim Qassem, sostuvo que las negociaciones directas producirán “humillación” y nuevas concesiones para Líbano.
El movimiento también rechaza la exigencia de desarme. Argumenta que conservar su estructura militar es necesario mientras Israel mantenga tropas dentro de territorio libanés y continúe realizando operaciones en el país.
El acuerdo coloca al gobierno de Beirut ante una prueba especialmente compleja. Para cumplir lo pactado, deberá extender el monopolio estatal de las armas sobre regiones en las que Hezbollah mantiene una fuerte presencia política, social y militar.
Una operación forzada podría provocar enfrentamientos internos y profundizar las divisiones sectarias. Pero aceptar que Hezbollah conserve un aparato militar independiente podría impedir la retirada israelí y bloquear todo el proceso diplomático.
Esa contradicción explica la prudencia de los mediadores. El embajador estadounidense en Líbano, Michel Issa, advirtió que avanzar demasiado rápido podría poner en peligro a los mismos civiles que se intenta proteger. Según la posición estadounidense, ambas partes deberán acordar previamente un procedimiento claro y verificable. L’Orient Today
Demoliciones y desconfianza
Las conversaciones comenzaron en medio de denuncias libanesas por nuevas demoliciones en el sur. Durante los últimos días, fuerzas israelíes realizaron detonaciones de gran magnitud cerca del castillo de Beaufort y en otras zonas ocupadas.
Israel aseguró que las operaciones estuvieron destinadas a destruir túneles e infraestructura perteneciente a Hezbollah. Autoridades libanesas, en cambio, sostuvieron que las explosiones dañaron localidades, generaron temor entre los habitantes y enviaron una señal negativa antes de las negociaciones.
La magnitud de algunas detonaciones produjo vibraciones percibidas a varios kilómetros. La oficina de las Naciones Unidas en Líbano expresó preocupación por la escala de las demoliciones y por sus consecuencias sobre las comunidades del sur. Le Monde
El presidente libanés, Joseph Aoun, cuestionó estas operaciones y reclamó que Estados Unidos presione para conseguir una reducción de la actividad militar israelí. Beirut considera que las acciones sobre el terreno contradicen el principio de buena fe incluido en el acuerdo marco.
Israel sostiene que necesita conservar libertad operativa mientras Hezbollah mantenga armas, túneles y posiciones próximas a la frontera. Esa exigencia alimenta el temor libanés de que la denominada zona de seguridad termine convirtiéndose en una ocupación prolongada.
El difícil regreso de los desplazados
La evolución del acuerdo tendrá un impacto directo sobre miles de familias desplazadas. En los pueblos seleccionados como zonas piloto, los residentes regresan de manera limitada y encuentran viviendas destruidas, servicios interrumpidos y campos cubiertos por restos explosivos.
El comienzo del retorno no significa que las localidades sean completamente seguras. En algunos casos, las posiciones israelíes continúan a poca distancia y los pobladores permanecen expuestos a sobrevuelos, detonaciones y posibles nuevos enfrentamientos. Associated Press
Las autoridades libanesas estiman que más de 4.300 personas murieron en el país desde el inicio de la última fase del conflicto. La ofensiva aérea y terrestre también provocó graves daños en decenas de localidades y destruyó miles de viviendas.
La violencia disminuyó desde el acuerdo de junio, pero no desapareció. Continúan registrándose ataques esporádicos, bombardeos, demoliciones y acusaciones cruzadas de violaciones al alto el fuego.
Una oportunidad rodeada de riesgos
La ronda de Roma no resolverá por sí sola el conflicto, pero puede definir si el acuerdo avanza hacia una implementación concreta o queda reducido a una declaración diplomática.
El éxito dependerá de una secuencia delicada: Israel deberá retirarse de posiciones verificables; el ejército libanés tendrá que ocupar inmediatamente esos territorios; Hezbollah deberá abstenerse de reconstruir su presencia militar, y los civiles necesitarán garantías mínimas para regresar.
Cada etapa estará condicionada por el cumplimiento de la anterior. Si Israel no se retira, Beirut difícilmente podrá exigir el desarme de Hezbollah. Si el movimiento chiita conserva o reconstruye sus posiciones, Israel utilizará ese argumento para mantener sus tropas.
Estados Unidos e Italia intentan quebrar ese círculo mediante pasos limitados y verificables. Las zonas piloto son el laboratorio de esa estrategia.
Roma ofrece un ámbito diplomático para avanzar, pero la verdadera negociación se desarrolla en las aldeas del sur libanés. Allí deberá comprobarse si las retiradas, el despliegue del ejército y el retorno de los habitantes pueden transformar un acuerdo escrito en una reducción efectiva de la violencia.





















