Karina Milei reabre la pulseada por la licitación de Tecnópolis

La licitación de Tecnópolis volvió a abrirse tras una serie de idas y vueltas que dejaron a dos grandes oferentes en carrera. El predio, con costos millonarios de mantenimiento e inversión, se convirtió en una apuesta clave para el negocio del entretenimiento.

“El entretenimiento en vivo es una de las industrias culturales más dinámicas y de mayor escala del mundo”, suele resumir la historia reciente del sector, y Tecnópolis aparece hoy como una pieza codiciada en esa competencia: Karina Milei volvió a intervenir en la licitación del predio y reconfiguró un proceso que amenaza con quedar demasiado acotado si no logra sostener a más de un oferente.

La hermana del Presidente habilitó a Marcelo Fígoli a corregir los diez incumplimientos detectados en su pliego y, al mismo tiempo, levantó el veto que pesaba sobre la familia Saguier, controlante de La Nación. Con ese movimiento, ambos grupos quedaron otra vez en carrera por la concesión del espacio.

Con la familia Werthein ya fuera de competencia, las ofertas que siguen sobre la mesa son las de Fígoli, propietario de Fénix Entertainment, y la de La Nación, que en los últimos meses quedó vinculada a Live Nation, uno de los gigantes globales del negocio del espectáculo.

Según había revelado LPO, el pliego presentado por Fígoli registraba diez incumplimientos. Desde el Estado habrían enviado la notificación a una dirección de correo equivocada y, como el empresario no respondió los requerimientos de la comisión evaluadora, fue apartado del concurso. Luego de varias quejas e idas y vueltas, Karina resolvió que el dueño de Fénix pudiera continuar en competencia.

La decisión busca dotar de mayor seriedad al proceso licitatorio, que de otra manera corría el riesgo de quedar virtualmente vaciado y con un solo participante. En una concesión de esta magnitud, la existencia de competencia no solo mejora la apariencia del procedimiento: también fortalece la capacidad del Estado para negociar condiciones, plazos e inversiones.

Al mismo tiempo, Karina recompuso el vínculo con la familia Saguier. La relación estaba cortada desde que Milei desplazó a Fernán Saguier de la residencia presidencial, después de que el dueño de La Nación se negara a despedir periodistas, como le había reclamado el mandatario. “Me tiene que pedir disculpas públicamente”, suele comentar Saguier, todavía molesto por el destrato.

El costo de sostener Tecnópolis es alto: el Estado destina mil millones de pesos por mes al mantenimiento del predio, y está previsto que quien obtenga la concesión deba invertir cerca de 150 millones de dólares para su puesta a punto. Se trata de una cifra que ayuda a explicar por qué el control de un espacio de estas características suele terminar en manos de operadores con espalda financiera y experiencia en entretenimiento, ferias y espectáculos masivos.

Desde Nación, además, habilitaron que los futuros concesionarios no paguen los primeros diez meses de canon, estimado en 650 millones de pesos. Ese monto quedará prorrateado en las cuotas siguientes, una señal clara de que el gobierno busca hacer más atractiva la operatoria inicial para destrabar la adjudicación.

Uno de los activos más valiosos de Tecnópolis es su estadio cerrado. Según explicó a LPO uno de los interesados, con una inversión de 15 millones de dólares podría competir con venues como el Movistar Arena. En términos de mercado, esa brecha entre una arena nueva y la reconversión de una existente es decisiva: remodelar suele ser mucho más barato que construir desde cero, y eso puede inclinar la balanza en un sector donde el retorno depende de la cantidad de fechas, la ocupación y la escala de los shows.

Con esa inversión, la capacidad podría subir de 10 a 12 mil espectadores, además de mejorar tribunas, seguridad, climatización, iluminación y sonido. También cuenta con dos mil plazas de estacionamiento, una ventaja logística relevante para recitales y eventos de gran convocatoria.

Más allá del estadio, el predio tiene espacio para conciertos al aire libre, comparables a los del Foro Sol en México, y pabellones para ferias, que representan una parte central de los ingresos del negocio. Un competidor describió esa ecuación como “finita”, en alusión a que el rendimiento económico depende de una administración muy eficiente de cada metro cuadrado disponible y de la capacidad de calendarizar actividades durante todo el año.

Análisis y proyecciones: la discusión por Tecnópolis sintetiza una tendencia más amplia de los últimos años: la reconversión de grandes espacios públicos en activos de explotación privada o mixta, especialmente en un contexto de ajuste fiscal y búsqueda de financiamiento para infraestructura cultural. Si la licitación logra sostener dos actores competitivos, el Gobierno podría obtener mejores condiciones económicas y mayor legitimidad procedimental; si, en cambio, el proceso se desinfla, crecerá el costo político de una concesión percibida como demasiado débil o demasiado personalizada. En paralelo, el negocio del entretenimiento en vivo sigue mostrando una recuperación estructural tras la pandemia, con arenas y predios multipropósito cada vez más valorizados por su capacidad de generar ingresos diversificados.

Evolución reciente del tema: en los últimos años, Tecnópolis pasó de ser un emblema estatal de divulgación científica y eventos culturales a convertirse también en una pieza de disputa por su uso y su financiamiento. La postura oficial fue virando hacia un esquema más concesionado y orientado a la rentabilidad, mientras que los grandes grupos privados del sector fueron endureciendo sus posiciones para asegurarse un activo estratégico en el Área Metropolitana. En ese marco, el reacomodamiento de Karina Milei muestra que la negociación todavía está abierta y que la definición final dependerá tanto de la capacidad inversora como de la conveniencia política de evitar una licitación sin competencia real.