La crisis del RAM se agrava y promete arrastrar a toda la tecnología

La escasez global de memoria ya golpea a fabricantes y consumidores, impulsada por el auge de la inteligencia artificial. Samsung advierte que el problema no solo seguirá el próximo año, sino que podría extenderse hasta 2028.

“La memoria es la sangre de la computación moderna”: la frase suele repetirse en la industria para explicar por qué, cuando faltan chips, todo el ecosistema tecnológico empieza a resentirse. Hoy esa advertencia vuelve a tomar fuerza con la llamada crisis del RAM, un fenómeno que ya se siente en precios, márgenes y disponibilidad de dispositivos.

¿Hacia dónde se encamina esta complicación? Uno de los grandes referentes del sector anticipó un escenario poco alentador al afirmar que no solo continuará el próximo año, sino que se profundizará. Además, señaló que los efectos seguirán presentes en 2028, una proyección que expone la magnitud del problema.

Según recoge TechCrunch, esa estimación fue comunicada por ejecutivos de Samsung en su informe más reciente sobre los resultados del segundo trimestre. La lectura de la compañía tiene peso propio: se trata de uno de los mayores fabricantes de memoria del planeta, con una participación cercana a un tercio del mercado global de chips de memoria.

¿Qué es la crisis del RAM?

Tal como se explicó anteriormente en TN Tecno, se trata de una tensión global que no afecta solo a la producción de componentes RAM, sino al negocio de la memoria en general. También conocida como “RAMmagedón” o “RAMpocalipsis”, la crisis se origina en una escasez global dentro de la cadena de suministro de estos componentes.

A diferencia de otras crisis que atravesó la industria tecnológica en el pasado, este episodio no responde principalmente a la falta de materiales o al cierre de fábricas, sino a un reacomodamiento profundo de la demanda. En otras palabras, la inteligencia artificial es el gran motor del desbalance.

El boom de estas tecnologías disparó las necesidades de empresas desarrolladoras de IA y de centros de datos, que requieren enormes volúmenes de memoria y capacidad de procesamiento. Frente a ese salto, los fabricantes priorizaron los tipos de memoria específicos que demanda la IA, desplazando parte de la producción tradicional.

La consecuencia fue directa: la producción de RAM se contrajo. Y, como suele ocurrir en estos mercados, cuando la oferta cae y la demanda se mantiene alta o crece, los precios suben. Ese encarecimiento ya empieza a trasladarse a la cadena completa de dispositivos.

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Poco antes de anunciar un aumento en el precio de sus productos, el CEO de Apple, Tim Cook, advirtió: “Hay menos oferta en un momento en que los consumidores demandan dispositivos y los fabricantes de memoria están trasladando enormes aumentos de precios. Definitivamente necesitamos que los precios y la oferta de memoria vuelvan a niveles razonables para los productos de consumo. Esa es la clave”.

En el caso de Samsung, la crisis del RAM muestra un efecto de doble filo. Según TechCrunch, “si bien las ventas de su división de semiconductores alcanzaron un máximo histórico en el segundo trimestre, la rentabilidad de sus divisiones de teléfonos inteligentes y televisores se redujo, ya que el aumento del precio de los chips elevó los costos de los componentes”.

Ese comportamiento es consistente con otros momentos de estrés en el mercado de semiconductores: cuando una categoría se encarece por presión de demanda, las compañías que compran memoria para fabricar equipos terminan absorbiendo parte del golpe o trasladándolo al precio final.

Análisis y proyecciones

La crisis del RAM revela una característica central de la nueva etapa tecnológica: la inteligencia artificial ya no compite solo por talento o energía, sino también por insumos físicos básicos para funcionar. En ese sentido, la memoria se convierte en un recurso estratégico, casi tan sensible como lo fueron en otras épocas el silicio o los paneles de pantalla. Si la demanda de infraestructura de IA sigue creciendo, es razonable esperar más presión sobre la oferta de RAM y, por arrastre, sobre notebooks, teléfonos, consolas y servidores.

Al mismo tiempo, el mercado podría entrar en una fase de recomposición donde los fabricantes prioricen productos de mayor rentabilidad vinculados a centros de datos y soluciones empresariales, dejando en segundo plano el consumo masivo. Eso suele traducirse en ciclos de precios más altos para el usuario final y en una mayor dependencia de las grandes marcas respecto de unos pocos proveedores globales.

Evolución del escenario

En los últimos años, la industria de la memoria pasó de un contexto relativamente estable a otro marcado por la aceleración de la IA generativa y por una competencia feroz por capacidad productiva. Antes, las tensiones del sector solían relacionarse con pandemias, interrupciones logísticas o escasez puntual de chips; ahora, el problema es estructural y responde a una reasignación del negocio hacia segmentos más rentables. Por eso, actores como Samsung y Apple ya muestran una postura más cautelosa: los primeros se benefician parcialmente en semiconductores, pero sufren en sus líneas de consumo, mientras que los segundos advierten públicamente que la oferta no acompaña la demanda.

Los aumentos de precios no se limitarán a los productos de Apple y Samsung. Los analistas del sector estiman que la crisis también impactará en los valores de las computadoras, consolas y otros dispositivos de múltiples marcas, en la medida en que el costo de la memoria siga escalando y se mantenga la presión de la inteligencia artificial sobre la cadena de suministro.