Salzmann cruzó a Katopodis y reclamó priorizar la ruta 40
La diputada nacional cuestionó al ministro bonaerense por exigir la transferencia de la Autopista Presidente Perón mientras persisten los reclamos por el deterioro de la ruta 40. En paralelo, volvió a quedar en debate la falta de avances y el estado de las obras viales en la provincia.“Una ruta en mal estado puede transformar un viaje cotidiano en una amenaza”, advierten desde hace décadas los especialistas en seguridad vial, y esa advertencia vuelve al centro de la escena en la interna bonaerense por las obras pendientes. En ese marco, la diputada nacional Marina Salzmann cruzó al ministro de Infraestructura de la provincia de Buenos Aires, Gabriel Katopodis, por reclamar al gobierno nacional el traspaso de la Autopista Presidente Perón mientras, según sostuvo, se desatienden rutas provinciales como la 40.
“Los bonaerenses necesitamos que se termine la ruta provincial 40, que está en muy mal estado y se ha vuelto peligrosa para quienes la transitamos”, afirmó Salzmann, legisladora alineada con Sergio Massa. En la misma línea, cuestionó la prioridad del planteo oficial bonaerense: “Si no hay recursos para terminar las rutas provinciales, ¿de dónde van a salir los recursos para la autopista Presidente Perón?”, escribió en redes sociales.
En las últimas horas, Katopodis volvió a reclamar al gobierno libertario el traspaso a la Provincia de la Autopista Presidente Perón. El ministro asegura que la obra estaba cerca de concluirse, pero que la administración de Javier Milei la frenó hace casi tres años, en un conflicto que reavivó la discusión sobre quién debe hacerse cargo de la finalización y el mantenimiento de ese corredor estratégico.
La Autopista Presidente Perón es considerada el tercer anillo de circunvalación del AMBA. El primero corresponde a la General Paz y el segundo a la ruta 4. Su traza tiene 83 kilómetros en total: comienza en la intersección del Camino del Buen Ayre con la Ruta 7 y desciende hacia el sudoeste hasta llegar a la Ruta 2, en La Plata.
En el tramo inicial restan completar unos 5 kilómetros entre Camino del Buen Ayre y Merlo. En tanto, el sector final, entre Guernica y La Plata, comprende alrededor de 25 kilómetros que quedarían para otra gestión.
Más allá de la discusión por el financiamiento, la obra arrastra inconvenientes por expropiaciones. Tanto en Merlo como en Guernica hay viviendas construidas sobre la traza, lo que complica la continuidad de los trabajos y prolonga una situación que se arrastra desde hace años.
Si bien la autopista es transitable en casi todos sus tramos, aún presenta falencias estructurales: no cuenta con iluminación, colectoras ni controles suficientes de seguridad vial. Ese combo, advierten fuentes políticas y vecinales, favorece un escenario de riesgo y delito. En los últimos años, la autovía fue asociándose cada vez más a dinámicas vinculadas al narcotráfico y al narcomenudeo.
Sin iluminación ni controles, también se instalaron en las inmediaciones de la traza jefes criminales que compraron terrenos baratos, levantaron casas tapiadas e incluso construyeron accesos propios desde la autopista hacia sus viviendas. Un dato que agrega preocupación es que sobre el corredor están emplazadas varias cárceles de seguridad, lo que refuerza la complejidad operativa y policial de la zona.
Hace dos semanas, Salzmann presentó en el Congreso un pedido de informes al Poder Ejecutivo Nacional para conocer en qué estado se encuentra la obra de la autopista, si existe un plan de mantenimiento y cuáles son los plazos previstos para terminarla.
La pulseada por la Presidente Perón se da en paralelo a otro frente sensible para la Provincia. Kicillof exige que Milei le entregue la autopista Presidente Perón y, al mismo tiempo, desde el gobierno bonaerense se insiste en que las prioridades deberían concentrarse en sostener y culminar las rutas provinciales que ya están en ejecución o presentan un deterioro crítico.
En el caso de la ruta provincial 40, la doble mano sigue siendo una deuda histórica. Daniel Scioli y María Eugenia Vidal prometieron avanzar con la obra, pero nunca lograron concretarla.
Durante la gestión de Kicillof, los trabajos comenzaron y mostraron avances importantes, sobre todo en Marcos Paz. Sin embargo, siete años después la obra sigue inconclusa y en el distrito de Merlo los progresos son prácticamente nulos.
Desde el massismo remarcan que hay tramos muy deteriorados, con baches que no se reparan y que ya representan un peligro para quienes la transitan. En esa línea, sostienen que la Autopista Presidente Perón es una obra frenada por el gobierno nacional, mientras la provincia debería concentrarse en el mantenimiento y la finalización de sus rutas para mejorar la conectividad y garantizar condiciones mínimas de seguridad.
Análisis y proyecciones: El cruce expone un problema clásico de la infraestructura argentina: la tensión entre la magnitud de las obras estratégicas y la disponibilidad real de financiamiento, además del permanente pase de responsabilidades entre Nación y Provincia. La Autopista Presidente Perón concentra valor logístico y urbano, pero su finalización demanda inversiones, expropiaciones y coordinación institucional; sin eso, suele quedar atrapada en una lógica de obra interrumpida. En paralelo, la ruta 40 refleja otro patrón frecuente: proyectos que avanzan por etapas, pero pierden ritmo cuando cambian las prioridades políticas o presupuestarias. Si no aparece un esquema estable de financiamiento y administración, el escenario más probable es la continuidad de tramos inconclusos, con impacto directo sobre la seguridad vial, la conectividad regional y el costo económico del transporte.
Evolución reciente del tema: En los últimos años, la discusión sobre la Autopista Presidente Perón pasó de ser una obra vial postergada a convertirse también en un asunto de seguridad y gestión territorial. Antes predominaba el enfoque de la finalización técnica; ahora se suma el debate por el control del corredor y por el impacto del delito en zonas donde faltan iluminación y vigilancia. A la vez, la ruta 40 fue dejando de ser una promesa de ampliación para transformarse en un reclamo concreto de mantenimiento urgente, con una demanda política más visible sobre la Provincia. En ese cambio de prioridades se observa una presión creciente para que las autoridades definan qué obra es más urgente, cómo se financia y quién asume el costo político de la demora.
En síntesis, la discusión entre Salzmann y Katopodis sintetiza un dilema mayor: cómo ordenar un mapa vial bonaerense que combina rutas deterioradas, obras inconclusas y una demanda social cada vez más marcada por la seguridad y la conectividad.
























