Petro llegó a Tolú, pero no bajó del avión por demoras en el aeropuerto
El presidente Gustavo Petro aterrizó en el aeropuerto Golfo de Morrosquillo, pero no descendió de la aeronave por obras complementarias aún pendientes. La escena reavivó las dudas sobre los plazos y la entrega definitiva de la terminal.“El poder de un aeropuerto no se mide solo por su pista, sino por todo lo que permite despegar alrededor de ella”: la frase sintetiza la importancia estratégica que suelen tener las terminales aéreas en regiones donde la conectividad define el ritmo del turismo y la inversión. Ese fue el telón de fondo de la escena vivida el sábado 1 de agosto en Tolú, Sucre, cuando Gustavo Petro llegó en el avión presidencial al aeropuerto Golfo de Morrosquillo, permaneció a bordo y finalmente se retiró sin participar de la ceremonia prevista.
La aeronave permaneció cerca de 20 minutos sobre la plataforma antes de volver a despegar, una demora que generó desconcierto entre las personas que aguardaban el acto oficial. Aunque se esperaba una presencia protocolaria del mandatario, su permanencia dentro del avión terminó instalando interrogantes sobre el estado real de la terminal y de las obras asociadas al proyecto.
Entre las explicaciones que circularon para justificar la ausencia del presidente se mencionó que todavía faltaban obras complementarias en el aeropuerto. En particular, se señaló la ausencia de un cerramiento definitivo, la falta de suministro de combustible para jets y también la carencia de iluminación adecuada, un punto sensible en cualquier operación aérea porque impacta directamente en la seguridad operacional.
La ampliación de la pista, que pasó a medir 2.200 metros de largo y 45 metros de ancho, sí representa un salto importante frente a la infraestructura anterior, de 1.300 metros. Según la Aeronáutica Civil, esta intervención permite operar aeronaves como el Airbus A320, utilizadas en rutas nacionales e internacionales, cuando antes la limitación técnica alcanzaba solo a aviones tipo ATR. En términos históricos, este tipo de ampliaciones suele marcar el paso de aeródromos regionales a terminales con mayor potencial comercial y turístico.
Durante el tiempo que el avión estuvo en tierra, la expectativa creció entre los ciudadanos y funcionarios que esperaban el inicio de la ceremonia. Luego, el propio Petro explicó en su cuenta de X que aún faltaba terminar el cerramiento de la pista, aunque ya había sido adjudicado, y que también restaba definir la empresa encargada de suministrar combustible para jets, una tarea que, a su entender, debería asumir Ecopetrol.
En esa misma línea, el presidente sostuvo: “Aterrizo en el avión presidencial en la pista aérea de Tolú, hecha en mi gobierno. Falta el cerramiento de la pista, ya adjudicado, y la empresa que ponga la gasolina para jet, que debería ser Ecopetrol”, al tiempo que cuestionó que la petrolera siga funcionando como fuente de ganancias privadas.
Impacto de la modernización y expectativas para la región
La modernización de la terminal aérea busca reforzar la conectividad del Golfo de Morrosquillo y dar impulso al turismo y a la economía regional. Con la nueva pista, la capacidad operativa del aeropuerto se amplía de manera significativa, ya que antes solo podía recibir aeronaves de hasta 72 pasajeros. A partir de esta transformación, la infraestructura queda mejor preparada para vuelos de mayor alcance y mayor volumen de viajeros.
En perspectiva, este tipo de obras suele tener efectos multiplicadores sobre la actividad local: más conectividad puede traducirse en mayor ocupación hotelera, más inversión privada y mejor acceso de visitantes a destinos de playa y naturaleza. En el Caribe colombiano, donde la competencia entre polos turísticos es alta, contar con una terminal aérea más robusta puede convertirse en una ventaja decisiva para Tolú y los municipios cercanos.
Incumplimientos de las obras en el aeropuerto
El proyecto del Aeropuerto Golfo de Morrosquillo en Tolú, que la Aeronáutica Civil había presentado como una obra lista para el 31 de julio de 2026, terminó acumulando más demoras de las previstas. El resultado fue evidente: ni Petro aterrizó para el acto ni la terminal fue entregada en la fecha anunciada.
Ese incumplimiento dejó en evidencia las alertas formuladas semanas antes por el diario El Meridiano. Ya el 28 de mayo, ese medio había advertido sobre la dificultad de ejecutar el 24% restante de la obra en apenas dos meses, pese a la insistencia oficial en sostener que los plazos se cumplirían.
Durante un evento público en Sincelejo, el 27 de mayo, el director de la Aeronáutica Civil, Luis Alfonso Martínez Chimenty, se dirigió de manera directa al mandatario y aseguró: “Señor presidente, usted podrá aterrizar en su avión el 31 de julio en el aeropuerto de Tolú”, ante la mirada de Gustavo Petro. La frase alimentó la expectativa en torno a una inauguración que finalmente no ocurrió como se había prometido.
Las previsiones oficiales incluso movilizaron a las autoridades locales. La Alcaldía de Santiago de Tolú expidió decretos para regular el tránsito, prohibir drones y restringir motocicletas y el transporte de materiales, todo con la mira puesta en la llegada del presidente y la eventual inauguración de la obra.
Análisis y proyecciones
El caso refleja un problema recurrente en grandes obras de infraestructura en la región: la diferencia entre la entrega técnica de una pista y la puesta en operación plena de toda la terminal. En términos prácticos, un aeropuerto no se considera realmente funcional hasta que convergen pista, cerramientos, abastecimiento de combustible, señalización, iluminación y servicios complementarios. Por eso, aunque la ampliación sea relevante, la operatividad integral depende de cerrar varias brechas pendientes.
De cara al futuro, la evolución del aeropuerto de Tolú probablemente estará condicionada por dos factores: la velocidad con la que se completen las obras faltantes y la capacidad de la región para convertir la mejora de infraestructura en una oferta turística sostenida. Si ambos elementos se alinean, el Golfo de Morrosquillo podría consolidarse como una puerta de entrada más competitiva al Caribe colombiano. Si no, la ampliación de la pista corre el riesgo de quedar como un avance importante, pero incompleto en su impacto económico y político.
Evolución reciente del tema
En los últimos años, la discusión en torno al aeropuerto de Tolú pasó de la necesidad de modernizar una pista limitada para aeronaves pequeñas a la promesa de una terminal con mayor alcance regional. El discurso oficial fue ganando ambición a medida que avanzaban las obras, mientras crecía la expectativa local por el posible salto turístico y logístico. Sin embargo, el episodio del 1 de agosto mostró que la narrativa de avance convivía todavía con pendientes estructurales, lo que explica la tensión entre el anuncio político y la realidad operativa.
























