Girasol récord: arranca la campaña 2026/27 en el NEA

La campaña de girasol 2026/27 ya puso primera en el noreste argentino y apunta a una superficie récord. En paralelo, el trigo avanza casi por completo, el maíz acelera su cosecha y el sorgo ajusta sus proyecciones.

“El futuro pertenece a quienes se preparan hoy”, suele atribuirse a Malcolm X, una frase que encaja con el pulso de la campaña agrícola argentina: cuando todavía faltan semanas para definir el grueso de las labores, el girasol ya comenzó a escribir una temporada que podría quedar en los registros por superficie.

La campaña 2026/27 de girasol comenzó oficialmente con la implantación de los primeros lotes en el noreste argentino. De acuerdo con el último relevamiento de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, la siembra ya cubre el 4,4% de las 3 millones de hectáreas proyectadas para este ciclo, una superficie que implica un aumento del 5,3% respecto de la campaña anterior y que, si se consolida, marcaría un nuevo récord para el cultivo.

El avance de las labores se concentra por ahora en el NEA, donde ya se sembró el 23,6% del área prevista para esa región. En el centro del área agrícola, en cambio, los productores esperan un ascenso de las temperaturas para avanzar con la implantación. Más al sur, la alta humedad en los suelos y la expectativa de un año climático húmedo alimentan dudas sobre el desarrollo de la campaña. En el caso del girasol, la historia reciente muestra que su expansión suele responder tanto a la relación de precios como a su capacidad de adaptarse mejor que otros cultivos a escenarios de menor disponibilidad hídrica.

En paralelo, la siembra de trigo alcanzó el 98,4% de las 6,5 millones de hectáreas proyectadas, aunque el ritmo sigue siendo muy lento. La principal restricción se observa en el sudeste bonaerense, donde la saturación de los suelos y la persistencia de elevada humedad impiden el ingreso de la maquinaria. Pese a ello, el cereal presenta una condición entre normal y excelente en el 99,7% de la superficie implantada, favorecida por una disponibilidad de agua que, en términos agronómicos, resulta clave para el macollaje y el establecimiento del cultivo.

La cosecha de maíz con destino a grano comercial avanzó sobre el 69,8% del área apta, con un rendimiento promedio nacional de 79,4 quintales por hectárea. Los mayores atrasos también se concentran en el sudeste de Buenos Aires, donde el exceso de humedad demora el secado de los granos. En el norte del país, en tanto, los monitoreos siguen detectando presencia de Dalbulus maidis, una chicharrita cuya incidencia habría sido superior a la prevista y que podría comenzar a reflejarse en los rindes a medida que avance la recolección.

No obstante, la incorporación de lotes tardíos provenientes de ambos Núcleos y del Norte de La Pampa-Oeste de Buenos Aires continúa mostrando rindes acordes con las expectativas, lo que permite sostener la estimación de una producción nacional de maíz de 64 millones de toneladas. En los últimos años, este cultivo ha ganado relevancia por su peso exportador y su influencia directa sobre la oferta de divisas, por lo que cada ajuste en la proyección productiva tiene impacto más allá del campo.

En cuanto al sorgo granífero, la cosecha ya cubre el 90,3% del área apta con un rendimiento promedio de 41,4 quintales por hectárea. Sin embargo, los resultados obtenidos fuera del Centro-Norte de Córdoba fueron inferiores a los previstos, por lo que la Bolsa recortó en 100.000 toneladas su proyección de producción, que ahora se ubica en 2,8 millones de toneladas.

Análisis y proyecciones: el panorama muestra una campaña atravesada por contrastes regionales. Mientras el girasol aparece como el cultivo con mayor potencial de expansión por su superficie récord, el trigo confirma una muy buena condición general y el maíz sostiene su volumen gracias al aporte de lotes tardíos. La gran incógnita está en el comportamiento climático de las próximas semanas y en cómo la humedad y las plagas terminarán afectando la performance final. Si las lluvias se moderan y el frío acompaña el secado, la cosecha gruesa podría cerrar con números sólidos; si persisten los excesos hídricos, especialmente en Buenos Aires, podrían aparecer pérdidas de calidad y demoras logísticas, con efecto en costos y comercialización.

Evolución reciente: en los últimos ciclos, la agricultura argentina fue ajustando su estrategia frente a una mayor volatilidad climática. El girasol recuperó protagonismo en zonas donde el riesgo hídrico lo vuelve competitivo; el trigo se sostuvo con campañas favorecidas por reservas de agua; y el maíz amplió su peso productivo, aunque quedó más expuesto a la presión de plagas como Dalbulus maidis. En ese contexto, la campaña actual refleja un patrón ya conocido: decisiones de siembra más defensivas, fuerte dependencia del clima y una búsqueda permanente de estabilidad en los rindes.