El Gobierno mostró poder de fuego para contener al dólar, pero la economía real sigue sin reaccionar
La estrategia de Luis Caputo logró frenar la presión cambiaria y mantener al dólar mayorista debajo de los $1.500. El desafío ahora es transformar la estabilidad monetaria en crecimiento, empleo y mejoras perceptibles para la sociedad.
El Gobierno volvió a mostrar que cuenta con instrumentos suficientes para contener cualquier intento de desestabilización cambiaria. Mediante operaciones en el mercado de futuros, colocaciones de deuda y una política monetaria restrictiva, el equipo económico encabezado por Luis Caputo consiguió frenar la presión sobre el dólar y enviar una señal contundente a los inversores: por el momento, no está dispuesto a convalidar una devaluación brusca.
La intervención logró su objetivo inmediato. El dólar mayorista se mantuvo por debajo de los $1.500 y el mercado interpretó que tanto el Banco Central como el Tesoro conservan suficiente poder de fuego para administrar las tensiones.
Sin embargo, detrás de esa aparente tranquilidad crece una pregunta decisiva: ¿cuánto tiempo podrá sostenerse la estabilidad cambiaria si la economía real no logra recuperarse?
Una reforma para cerrar las puertas de la emisión
El proyecto de modificación de la Carta Orgánica del Banco Central anunciado por el presidente Javier Milei busca impedir que futuras administraciones vuelvan a utilizar la emisión monetaria y las reservas para financiar el déficit público.
La iniciativa procura limitar los adelantos transitorios al Tesoro, el giro de utilidades del Banco Central y otras operaciones que, durante décadas, permitieron cubrir desequilibrios fiscales mediante la creación de dinero.
En paralelo, el denominado “grillete fiscal” intenta convertir el equilibrio de las cuentas públicas en una regla permanente, independientemente del gobierno que se encuentre en funciones.
El objetivo es institucionalizar la política que el Gobierno viene aplicando desde diciembre de 2023: mantener el superávit fiscal y eliminar la asistencia monetaria del Banco Central al Tesoro.
La magnitud del problema queda reflejada en una estimación que suma los adelantos transitorios, las transferencias de utilidades y la utilización de reservas mediante Letras Intransferibles. De acuerdo con ese cálculo, el Estado argentino habría recurrido a unos USD 285.000 millones en los últimos 22 años.
Durante ese mismo período, el dólar pasó de aproximadamente tres pesos a valores cercanos a los $1.500. La comparación con otros países de la región resulta elocuente: Brasil y Perú lograron conservar monedas considerablemente más estables y reducir la dependencia cotidiana del dólar.
El cepo quedó fuera de la discusión
A pesar de la profundidad de las modificaciones propuestas, la reforma evitó abordar uno de los problemas históricos de la economía argentina: la posibilidad de que cualquier gobierno restablezca restricciones para acceder al mercado cambiario.
El proyecto establece límites para la emisión y el uso de las reservas, pero no introduce garantías permanentes contra futuros controles de cambio.
El exministro Domingo Cavallo viene planteando la necesidad de avanzar hacia un sistema de competencia de monedas, con el dólar reconocido como moneda de curso legal y libertad para el movimiento de capitales. Según esa mirada, la reforma solamente sería completa si impidiera la aplicación de restricciones cambiarias presentes o futuras.
El Gobierno, sin embargo, no parece dispuesto a avanzar todavía en esa dirección. Aunque el cepo para las personas físicas fue eliminado en abril de 2025, las empresas continúan enfrentando diversas limitaciones.
Una de las principales flexibilizaciones permitió el giro de dividendos hacia las casas matrices. En junio, la demanda de dólares por ese concepto superó los USD 1.000 millones, una cifra récord.
La decisión de mantener algunas restricciones responde a una necesidad práctica: administrar la salida de divisas mientras el Banco Central continúa fortaleciendo sus reservas.
La estabilidad alcanzada
La disciplina fiscal y el freno a la emisión monetaria produjeron resultados concretos. La inflación descendió con fuerza y se ubicó por debajo del 2% mensual. Las primeras estimaciones privadas para julio señalan una variación cercana al 1,9%, similar a la registrada el mes anterior.
El dólar también mostró una estabilidad mucho mayor que la observada durante administraciones anteriores. En lo que va de 2026, el tipo de cambio se mantuvo alrededor de los $1.500, con oscilaciones relativamente moderadas.
Sin embargo, la Argentina todavía se encuentra lejos de las economías regionales donde la población utiliza mayoritariamente la moneda local para ahorrar, comprar propiedades o realizar operaciones de largo plazo.
La demanda de dólares sigue revelando una confianza limitada en el peso. En junio, el público adquirió alrededor de USD 2.000 millones y aproximadamente 1,5 millones de personas concurrieron mensualmente al mercado cambiario.
Aunque esas cifras se mantienen estables y son inferiores a los momentos de mayor tensión de 2025, demuestran que el dólar continúa ocupando un lugar central en las decisiones de ahorro de los argentinos.
El mercado comenzó a cubrirse
Durante julio se produjo un aumento considerable de las operaciones de cobertura cambiaria. Los inversores incrementaron sus posiciones en futuros de dólar y bonos ajustados por el tipo de cambio oficial.
Las estimaciones del mercado ubican esas coberturas alrededor de los USD 11.000 millones. El dato llama la atención porque todavía falta más de un año para las elecciones presidenciales.
Una posibilidad es que los inversores se estén anticipando al riesgo político. Otra, más preocupante para el Gobierno, es que hayan comenzado a percibir un atraso del tipo de cambio y teman una corrección en los próximos meses.
Las declaraciones del vocero presidencial Adrián Ravier, quien mencionó la posibilidad de un dólar entre $1.700 y $1.800, también pudieron alimentar las expectativas de devaluación.
Caputo respondió utilizando el mercado de futuros para establecer un límite implícito. La maniobra consiguió contener la presión y dejó claro que el Gobierno no considera conveniente un salto cambiario.
El Tesoro reforzó la estrategia mediante la colocación de un bono dual con cobertura hasta 2028. La demanda alcanzó los $4,7 billones, confirmando el fuerte interés del sector privado por protegerse ante una eventual suba del dólar.
El éxito de la licitación representa una señal ambivalente: demuestra confianza en la capacidad del Tesoro para cumplir sus compromisos, pero también confirma que los inversores consideran necesario cubrirse frente al riesgo cambiario.
Los dólares llegan, pero la actividad cae
El frente externo mostró resultados favorables durante el segundo trimestre. El Banco Central realizó compras récord de divisas, las exportaciones crecieron un 25% y el superávit comercial alcanzó los USD 8.400 millones.
El agro y la energía fueron los principales motores de esa mejora. Sin embargo, el buen desempeño exportador no consiguió impulsar al conjunto de la economía.
Durante el mismo período, la actividad económica habría retrocedido un 0,7%. La caída expone la existencia de dos realidades simultáneas: algunos sectores vinculados con los recursos naturales muestran una expansión significativa, mientras una parte importante del mercado interno continúa estancada.
El crecimiento de las exportaciones fortalece las reservas y mejora la capacidad del Gobierno para controlar el dólar, pero todavía no se traduce plenamente en recuperación del consumo, aumento del empleo o mejoras salariales.
La paciencia tiene un límite
Durante su visita al país, la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, pidió “paciencia” para esperar los resultados del programa económico. También reconoció que los beneficios todavía no llegaron de manera suficientemente tangible a la mayoría de la población.
Esa es precisamente la principal dificultad que enfrenta el Gobierno.
El equilibrio fiscal, la desaceleración de la inflación y la estabilidad del dólar constituyen logros relevantes, pero la sociedad evalúa la economía a través de experiencias mucho más concretas: el salario, el empleo, las ventas, las tarifas y la posibilidad de llegar a fin de mes.
Caputo ganó esta batalla cambiaria y demostró que cuenta con recursos para defender el peso. Pero contener al dólar no equivale automáticamente a fortalecer la moneda nacional. Para que el peso recupere verdaderamente la confianza, la estabilidad deberá estar acompañada por crecimiento sostenido y una mejora perceptible en las condiciones de vida.
El Gobierno consiguió tiempo. Ahora necesita que la economía real empiece a responder antes de que la paciencia social se agote.
























