Luisa Fernández Soto cuestionó los estereotipos de género
La periodista de Noticias Caracol abrió un debate en redes al denunciar los comentarios sobre su voz y su forma de vestir. Su mensaje puso el foco en los prejuicios que todavía persisten sobre la feminidad y la identidad de género.“Cuando una mujer alza la voz, a menudo el problema no es lo que dice, sino el hecho de que hable”. La frase, atribuida con frecuencia a distintas autoras feministas en el debate público, resume el trasfondo de la reflexión que planteó Luisa Fernández Soto, periodista reconocida por su trabajo en Noticias Caracol, al cuestionar los juicios y estereotipos de género que aún persisten en la sociedad colombiana y, en particular, en los entornos mediáticos.
A través de un video difundido en su cuenta de TikTok, la comunicadora expresó la incomodidad e indignación que le generan los comentarios sobre su tono de voz y su forma de vestir, observaciones que —según señaló— continúan afectando la percepción pública incluso en pleno 2026. Fernández Soto contó que, aunque suele recibir mensajes positivos por su trabajo, decidió referirse a aquellas críticas que la encasillan por no ajustarse a los cánones tradicionales de feminidad.
“Tengo muchos comentarios como que te ves como un hombrecito, pareces un machito, hablas como un hombrecito, esa voz es fingida, esa voz es de hombre, vistes como un hombre. Mire, para ser sincera, no son comentarios que me duelan, pero tampoco son comentarios que me den igual. Los leo, los veo”, expresó la periodista, visiblemente incómoda por el peso de esas opiniones.
La comunicadora reconoció además que, en algunos momentos, esos juicios la llevaron a preguntarse cómo podría ser percibida en escenarios públicos. “Hoy creo que fue la única vez que me di cuenta que de pronto he encalado. Voy hacia un congreso económico, tengo gripa y la voz se agravó un poco más, o se volvió como más grave. Así que me pregunté en algún momento si el auditorio me iba a escuchar con voz de hombre. ¿Qué es eso?”, agregó, al subrayar lo absurdo de que estas cuestiones sigan siendo objeto de debate.
Fernández Soto fue enfática en señalar que las discusiones contemporáneas deberían centrarse en asuntos de mayor relevancia y no en las preferencias personales ni en la expresión de género. “En pleno 2026, cuando el debate debería estar concentrado en otras cosas, todavía la gente de verdad se concentra en los gustos de alguien, en la forma de vestir”, afirmó, al rechazar la idea de que la apariencia o el tono de voz definan la identidad de una persona.
Su planteo se inscribe en una discusión más amplia que, en América Latina, ha cobrado fuerza en la última década con el avance de los debates sobre diversidad, lenguaje inclusivo, roles de género y representación en los medios. Aunque en distintos espacios se han logrado mayores niveles de visibilidad y discusión, los estereotipos siguen operando con fuerza, especialmente en redes sociales, donde la exposición pública suele amplificar prejuicios que antes quedaban limitados a entornos privados.
Durante su intervención, la periodista también cuestionó el humor que trivializa temas históricamente dolorosos como el machismo y la discriminación. “El humor para las cosas que han sido históricamente dolorosas en nuestro país, como el machismo, el racismo, la segregación, la discriminación, son vitales. Le llamamos humor pesado. Es una forma de superar esos procesos históricos que todavía nos duelen, pese a que muchas personas no lo hemos vivido. Pero eso se deja para los círculos en donde hemos llegado a un acuerdo para hacer ese tipo de humor”, explicó.
En esa misma línea, Fernández Soto llamó a revisar prejuicios arraigados desde la infancia y reproducidos culturalmente durante generaciones. “¿Usted sí cree que los carros son para los niños y las muñecas para las niñas? ¿Usted sí cree que si yo me visto con camisa y pantalón soy un hombre y no tengo el derecho de que me llamen mujer, porque además me siento como una mujer y soy una mujer?”, preguntó, desafiando las etiquetas que suelen reducir la identidad a estereotipos de vestimenta o comportamiento.
También aprovechó el espacio para conectar su mensaje con problemáticas más urgentes de la vida social y política. “Hay tantas cosas en la sociedad que hemos superado, pero tantas otras que necesitamos superar. Por ejemplo, que todavía haya guerras en el mundo, que haya gente enfrentándose por una ideología, por prejuicios o por una religión”, señaló, invitando a desplazar el foco del debate hacia asuntos de mayor impacto colectivo.
La reacción de Fernández Soto refleja una evolución visible en la conversación pública sobre género: mientras hace años estos comentarios eran naturalizados o minimizados como bromas, hoy muchas figuras públicas deciden responder y exponer su malestar en primera persona. Ese cambio no elimina la discriminación, pero sí evidencia una mayor disposición a nombrarla y a disputar, en público, los significados que históricamente se asignaron a la voz, el cuerpo y la apariencia de las mujeres.
Análisis y proyecciones: el caso vuelve a mostrar cómo el juicio sobre la apariencia física sigue siendo una forma de control social, especialmente sobre las mujeres en posiciones de visibilidad. En los medios, donde la autoridad profesional suele convivir con una fuerte exposición personal, estos ataques se convierten en un indicador de que persisten mandatos de género muy rígidos. A futuro, el impacto de este tipo de intervenciones puede ser doble: por un lado, fortalecer conversaciones más abiertas sobre respeto, diversidad e identidad; por el otro, evidenciar que las redes sociales continúan siendo espacios de gran sensibilidad para la reproducción de estereotipos. En ese contexto, la discusión pública sobre el lenguaje, el humor y la representación mediática probablemente seguirá ocupando un lugar central en la agenda cultural de la región.
Fernández Soto cerró su mensaje reiterando la importancia de la empatía y el respeto en la convivencia cotidiana. “Como una mujer que hace mucho tiempo, mujer porque me siento mujer y soy una mujer, entendí que para expresarme, para vestir y para sentir borré por completo las categorías masculino y femenino, les digo, hay cosas más importantes que debatir”, concluyó.






















