Santilli respaldó la reforma del BCRA y cuestionó a Villarruel
Diego Santilli defendió el proyecto para reformar la Carta Orgánica del Banco Central y endureció su mensaje contra Victoria Villarruel, a quien le pidió que se aparte si no acompaña la gestión libertaria. También detalló los alcances fiscales e institucionales de la iniciativa presentada por Javier Milei.“La historia monetaria argentina es también la historia de sus crisis”, suele resumirse al analizar décadas de inflación, emisión y pérdida de confianza en la moneda. En ese marco, el jefe de Gabinete, Diego Santilli, respaldó hoy el proyecto de reforma de la Carta Orgánica del Banco Central (BCRA) que anunció el presidente Javier Milei en cadena nacional, y además reclamó que la vicepresidenta Victoria Villarruel “dé un paso al costado” si no comparte la orientación del Gobierno.
En diálogo con el periodista Eduardo Feinmann en Radio Mitre, el funcionario nacional calificó de “barbaridad” y “disparate” los últimos mensajes publicados por Villarruel en X, donde la vicepresidenta expresó una “genuina preocupación” por el estado del presidente y habló de “persecuciones imaginarias”.
Para Santilli, esas expresiones constituyen “agravios impropios de una persona que acompañó al presidente en la fórmula”. Consultado sobre si Villarruel debería renunciar, fue tajante: “Que dé un paso al costado. Si cree que es así, que dé un paso al costado, que arme su proceso y que compita”.
La polémica con la vicepresidenta se encendió ayer, horas antes de la cadena nacional en la que Milei presentó el proyecto de reforma del BCRA. Villarruel reaccionó a un retuit presidencial de la diputada Lilia Lemoine, que la acusaba de coordinar acciones contra el Gobierno junto a la legisladora opositora Marcela Pagano.
“En vez de apoyar al Gobierno, en vez de ayudar a sacar el país adelante, siempre pone palos en la rueda; un disparate”, cuestionó el jefe de Gabinete.
En otro tramo de su exposición, Santilli defendió el paquete de reformas presentado por el Ejecutivo y explicó que la iniciativa fija como misión exclusiva del BCRA preservar el valor de la moneda, al tiempo que prohíbe de manera taxativa al organismo emitir dinero para financiar al Estado, ya sea nacional, provincial o municipal.
“Basta de remarcar los precios todas las semanas. Basta de volver a los controles de precios. Basta de volver a un Banco Central con 15.000 millones de reservas negativas”, enumeró el jefe de Gabinete.
Sobre la arquitectura institucional del BCRA, Santilli subrayó que el proyecto “blinda” al presidente del organismo frente a presiones políticas, al exigir dos tercios de los votos de ambas cámaras del Parlamento para su remoción. Hasta ahora, esa mayoría era requerida solo en el Senado. Aun así, el jefe de Gabinete descartó que la “independencia” del Banco Central sea el concepto rector de la reforma: “¿Por qué en todo el discurso no aparece una palabra o una frase ‘independencia del Banco Central’? Porque es una tontera. Muchos hablaron de la independencia del Banco Central, pero nunca la ejecutaron”, sostuvo.
El debate sobre el rol del BCRA no es nuevo en la Argentina. Desde la reforma de su carta orgánica en 2012, el organismo quedó más expuesto a financiar al Tesoro, una práctica que se consolidó en distintos períodos de tensión fiscal y que, en la mirada libertaria, alimentó la espiral inflacionaria y la pérdida de reservas. En términos históricos, la discusión remite al dilema entre autonomía monetaria y necesidad de asistencia al Estado, uno de los ejes más persistentes de la política económica argentina desde mediados del siglo XX.
El proyecto también incorpora la figura del “grillete fiscal” y el mecanismo de shutdown o cierre temporal de la administración pública en caso de déficit sostenido. Santilli explicó que, si durante varios meses el resultado fiscal fuese negativo y el Congreso no restableciera el equilibrio, los salarios de legisladores, ministros, secretarios, subsecretarios y del propio presidente quedarían suspendidos. Jubilaciones, pensiones, fuerzas de seguridad, fuerzas armadas, salud y educación quedarían exceptuadas. “Que el desequilibrio lo pague la política y no lo pague el ciudadano”, sintetizó.
En ese punto, la propuesta se inscribe en una estrategia más amplia de disciplina fiscal que el oficialismo busca instalar como marca de gestión. En la experiencia internacional, mecanismos similares de restricción presupuestaria suelen tener impacto político inmediato, pero su eficacia depende de reglas claras, capacidad de cumplimiento y consenso legislativo, tres variables que en la Argentina históricamente han sido difíciles de sostener en el tiempo.
Santilli también apuntó contra la expresidenta Cristina Kirchner al respaldar las palabras de Milei, quien en la cadena nacional la acusó de haberle “robado” al BCRA 10.000 millones de dólares a través de la reforma de la carta orgánica de 2012. “Eso es una estafa definitivamente”, afirmó el jefe de Gabinete, y recordó que la Argentina acumula una inflación de 169.000 % desde la salida de la convertibilidad en 2001.
En cuanto a los tiempos legislativos, Santilli confirmó que el proyecto ingresará por la Cámara de Diputados y será tratado en los próximos meses, con apoyo de varios gobernadores que ya ordenaron sus cuentas fiscales. Sobre el futuro del actual presidente del BCRA, Santiago Bausili, elogió su gestión, aunque aclaró que la definición sobre su continuidad corresponde al presidente de la Nación.
El paquete de reformas presentado por Milei incluye, además de la modificación de la carta orgánica del Banco Central, proyectos de ley para la liberalización del mercado de capitales y la desregulación del mercado de seguros. Santilli señaló que esas iniciativas ingresarán al Congreso en una segunda etapa.
Análisis y proyecciones: la reforma del BCRA busca reforzar una señal política central del Gobierno: cortar de raíz la monetización del déficit y recuperar credibilidad frente a mercados, ahorristas y provincias. Si el proyecto avanzara con respaldo legislativo, podría consolidar un giro institucional de largo plazo hacia una banca central más acotada y un régimen fiscal más estricto. Sin embargo, el principal desafío seguirá siendo la implementación: en Argentina, las reglas monetarias y fiscales suelen tensionarse cuando la recaudación cae, el gasto social presiona o aparecen conflictos entre Nación y gobernadores. Por eso, el alcance real de la iniciativa dependerá tanto del Congreso como de la capacidad del oficialismo para sostener coordinación política y resultados económicos verificables.
Evolución reciente del tema: en los últimos años, el Banco Central pasó de ser un instrumento de financiamiento del Estado a convertirse en el centro de la discusión sobre inflación, reservas y confianza en el peso. Con la llegada de Milei, esa mirada se endureció: el Gobierno dejó de hablar de administrar la tensión entre asistencia fiscal y autonomía monetaria, y pasó a plantear una ruptura explícita con el esquema previo. En paralelo, la relación dentro del oficialismo también cambió: la convivencia inicial entre Milei y Villarruel derivó en una disputa pública más visible, mientras que el debate económico se desplazó desde la estabilización de emergencia hacia una reforma institucional de mayor profundidad.
En ese contexto, la discusión por la reforma del BCRA aparece como una prueba de fuego para el oficialismo: no solo por su impacto económico, sino también por su capacidad de ordenar la interna política, negociar con el Congreso y sostener un relato de cambio estructural en medio de una economía todavía frágil.
























