Vox culpa a Bruselas por los incendios y pide cambiar el modelo rural

Jorge Buxadé responsabilizó a las políticas medioambientales europeas por los incendios en España y defendió más gestión forestal, ganadería y desbroce. También alertó sobre el abandono del mundo rural y la falta de relevo generacional en el campo.

“Los incendios se apagan en invierno”, suele resumirse en el mundo rural una máxima tan vieja como la propia gestión forestal: la prevención pesa tanto o más que la extinción. Sobre esa idea se apoyó Jorge Buxadé, jefe de la delegación de Vox en el Parlamento Europeo, para enlazar los fuegos que afectan a España con lo que considera un fracaso de las políticas medioambientales impulsadas desde Bruselas.

El dirigente de Vox sostuvo que los incendios son “una consecuencia directa de quien no controla bien el campo” y situó el problema más en la gestión territorial que en el cambio climático. Según su planteo, en la capital comunitaria el debate quedó cerrado en torno al calentamiento global, al que describió con ironía como un asunto del que “no se discute”.

Buxadé insistió en que la extinción no empieza cuando el fuego ya avanza, sino antes: en su visión, el sector primario cumple un papel central mediante el ganado, la limpieza de bosques y el desbroce. A su juicio, esas tareas no se fomentan lo suficiente porque se las presenta como un daño para el planeta, algo que calificó como una “enfermedad ideológica” de las medidas promovidas por la Unión Europea.

El eurodiputado fue más allá y aseguró que “lo que podría ser un debate científico libre y muy interesante se ha convertido en puro fanatismo”. Su crítica se inscribe en una discusión más amplia que Europa arrastra desde hace años: cómo compatibilizar la transición ecológica con la protección de los territorios rurales, el uso productivo del monte y la reducción del combustible vegetal que alimenta grandes incendios.

Además, Buxadé denunció el abandono del mundo rural español y describió un escenario marcado por poblaciones envejecidas, con localidades donde viven “cincuenta o sesenta personas” y una media de edad de 70 años. En ese marco, reclamó un “cambio total de modelo” para impulsar la vida en municipios pequeños, mejorar las infraestructuras y trasladar población a esas zonas mediante incentivos que hagan rentable la actividad agraria.

También puso el foco en la falta de relevo generacional en el campo. Según explicó, un joven de 17 años que observa a su padre y a su abuelo “aperreados, trabajando 365 días” suele preferir marcharse a trabajar en la hostelería en la costa antes que dedicarse a la agricultura. Para Buxadé, esa decisión responde a la escasa rentabilidad del sector y a la “persecución de la administración”.

Análisis y proyecciones: El planteo de Vox conecta con una tensión recurrente en España y en buena parte de Europa: la discusión entre políticas climáticas, gestión forestal y despoblación rural. En los últimos años, distintos gobiernos y organismos han reforzado la idea de que la prevención de incendios depende de mosaicos agrícolas, pastoreo, limpieza de biomasa y ordenación del territorio, aunque también existe consenso científico en que el calentamiento global agrava la intensidad y la duración de las temporadas de fuego. En ese contexto, el debate político suele oscilar entre dos enfoques: uno centrado en la mitigación climática y otro en la gestión activa del territorio. Si la falta de rentabilidad y de población en el campo persiste, la capacidad de prevención puede seguir debilitándose, lo que mantendría la presión sobre comunidades autónomas, ayuntamientos y servicios de emergencia durante los veranos de mayor riesgo.

Evolución del debate: En la última década, la conversación pública sobre incendios ha cambiado de manera notable. Antes dominaba una lectura casi exclusiva vinculada a la extinción y a la acción de los bomberos; hoy se habla cada vez más de prevención, ordenación forestal, abandono rural y adaptación climática. Al mismo tiempo, sectores como Vox han endurecido su crítica a la agenda verde europea, mientras que desde instituciones comunitarias y gobiernos nacionales se insiste en que la transición ecológica no puede desligarse de la protección del territorio. En paralelo, el envejecimiento del campo y la pérdida de población joven se han profundizado, reforzando el diagnóstico de un problema estructural que ya no se limita a una sola campaña de incendios, sino a la viabilidad futura del medio rural.