Milei, bajo presión por la campaña anti Argentina

La ofensiva discursiva contra la Argentina sumó voces del espectáculo, la política y las redes sociales, mientras el Gobierno quedó en el centro de las críticas por su silencio. La controversia reabrió el debate sobre identidad nacional, Malvinas y el lugar de la Selección como símbolo colectivo.

La historia argentina conoce de sobra cómo una crisis de imagen puede transformarse en una disputa por la identidad nacional: desde la Guerra de las Malvinas hasta los mundiales de fútbol, el país suele reagruparse cuando percibe un ataque externo. En ese clima reapareció la polémica por una inédita campaña anti Argentina que se expandió por distintas partes del mundo con celebridades de Hollywood, políticos y personalidades que acusaron a los argentinos de racistas.

A medida que la Selección avanzó hacia la final del Mundial, las críticas dejaron de enfocarse en los jugadores y se trasladaron al pueblo argentino en su conjunto. En redes sociales comenzaron a circular teorías sobre un supuesto odio racial y xenofobia, alimentando una ola de mensajes de desprestigio que tomó dimensión internacional.

Entre los nombres que se sumaron a esa ofensiva apareció Samuel Jackson, quien afirmó que Argentina es “el país más racista de la historia”. El actor estadounidense, nacido en 1948, recibió cientos de respuestas de argentinos que le recordaron la segregación racial legal vigente en su país hasta 1964. También se mencionó la adhesión de artistas como la española Rosalía y el irlandés Niall Horan, ex One Direction, quienes difundieron mensajes de hostilidad contra la Argentina.

En paralelo, el impacto llegó incluso al plano cultural y comercial: tras la reacción del público, comenzaron a registrarse devoluciones de entradas para el show de Rosalía en Buenos Aires. El episodio mostró cómo una polémica política o simbólica puede trasladarse rápidamente al terreno del consumo y del entretenimiento, un fenómeno cada vez más frecuente en la era de las redes sociales y la cancelación pública.

Pese a la reiteración de los ataques contra el país en las últimas horas, Javier Milei y el canciller Pablo Quirno no realizaron un pronunciamiento para defender a la Argentina frente a lo que se presenta como la campaña de desprestigio más agresiva de la era de internet. El Gobierno quedó cuestionado por no reaccionar ante una ofensiva que, según sus críticos, exige una respuesta institucional clara.

Milei, además, quedó atrapado en su rechazo a la bandera de Malvinas, que su administración había intentado prohibir antes de la semifinal. Cuando los jugadores la exhibieron, primero los calificó de “imprudentes” y luego, tras el fuerte respaldo popular, fue moderando su postura hasta llegar al papelón de este lunes de Quirno, que terminó celebrando su exhibición. El episodio reactivó una sensibilidad histórica que en la Argentina suele desbordar cualquier lectura partidaria.