Mariana Camino advirtió que la clave para crecer es la inversión

La CEO de Abeceb, Mariana Camino, sostuvo que la estabilización macroeconómica no alcanzará por sí sola para sostener el crecimiento. Puso el foco en la inversión, la heterogeneidad sectorial y el desafío político de cara al ciclo electoral.

La historia económica argentina suele repetirse con una paradoja conocida: los períodos de estabilización pueden mejorar rápido los precios y las expectativas, pero sin inversión el crecimiento se agota. En ese marco, Mariana Camino, CEO y socia de la consultora Abeceb, remarcó en una entrevista con Infobae en Vivo que el gran interrogante ya no pasa por la inflación ni por el riesgo país, sino por la capacidad de transformar la calma macroeconómica en expansión sostenida.

“La gran duda es si la estabilización se puede transformar en crecimiento. Para que eso suceda y sea sostenible en el tiempo, lo que explica es la micro”, señaló. La ejecutiva planteó que la mejora reciente en los indicadores del ciclo —con baja de la inflación y reducción del riesgo país— es real y también genuina en la percepción social, pero que eso no alcanza para modificar la estructura productiva del país.

“La paradoja es que para que se sostenga en el tiempo y cambie la estructura de la economía productiva argentina, tiene que cambiar la micro, que es la que hoy fricciona. Y eso es inversión”, afirmó la economista. Su diagnóstico recupera una discusión clásica de la economía argentina: muchas veces el orden macro consigue frenar desequilibrios, pero la recuperación firme depende de decisiones empresarias, reglas previsibles y financiamiento de mediano plazo.

Según puntualizó Camino, la inversión como porcentaje del PBI fue del 16% en 2025 y cayó al 14% en el primer trimestre de 2026. El nivel considerado necesario para que una economía crezca de manera sostenida es del 25%. “Esa es la discusión: cómo va a hacer el gobierno para lograr que la inversión traccione de manera que se pueda llegar en el tiempo a ese nivel”, planteó.

La lectura de la economista distingue, además, dos velocidades dentro de la misma economía. Por un lado, hay sectores dinámicos que ya se beneficiaron del ordenamiento macroeconómico y muestran señales de inversión. Por el otro, persiste una amplia franja de actividades que todavía no acompañó ese ritmo. “Hay una micro que tracciona muy bien en aquellos sectores que están muy bien, pero también hay un montón de otras actividades en la economía que todavía no. Y ahí es donde la inversión es el dato que hay que mirar”, explicó.

Ese contraste entre sectores ganadores y rezagados es habitual en los procesos de estabilización. Cuando la inflación cede y se recompone cierta previsibilidad, algunos rubros reaccionan antes —por exportaciones, recursos naturales o capacidad de adaptación— mientras otros esperan una mejora más amplia de la demanda, del crédito y de los costos relativos. En el caso argentino, ese desfasaje suele extenderse porque la inversión privada necesita horizontes más largos que los que ofrecen los cambios coyunturales.

Uno de los instrumentos que el Gobierno desplegó para atraer capital es el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). Los anuncios acumulados bajo ese esquema ascienden a USD 30.000 millones, pero Camino advirtió que los tiempos de integración son más extensos. “Las cuentas nacionales no capturan ese dato de inversión todavía”, señaló, y precisó que de ese total se esperan integrar unos USD 20.000 millones entre 2026 y 2028. “Ese dato tan importante no va a llegar para el año que viene”, advirtió.

La economista también subrayó que el resto de la inversión, vinculada con la industria más amplia y con la compra de equipos y maquinarias, exhibe una caída. “Hay menos inversiones en equipos, menos inversiones en maquinarias. Lo que hay es heterogeneidad”, describió. En otras palabras, la recuperación no es homogénea: mientras algunas actividades ya empiezan a capturar el nuevo escenario, otras todavía muestran señales de contracción o de prudencia extrema.

Camino remarcó, además, que la inversión tiene una cadencia más larga que otros indicadores del ciclo, por lo que su recomposición no es inmediata aun cuando mejoren la macro y las expectativas. Por eso, advirtió, la percepción de mejora puede convivir con balances empresariales y niveles de actividad que todavía no reflejan un rebote claro.

Análisis y proyecciones

Desde una mirada de mediano plazo, la principal incógnita es si la baja de la inflación y la estabilización cambiaria alcanzarán para habilitar un ciclo de inversión sostenido. La experiencia argentina sugiere que eso suele depender de tres condiciones simultáneas: reglas estables, acceso al crédito e incentivos claros para inmovilizar capital. Sin esos factores, la recuperación suele concentrarse en sectores puntuales y no se derrama al conjunto de la economía.

En ese sentido, el RIGI puede funcionar como una señal relevante para proyectos de gran escala, sobre todo en energía, minería e infraestructura. Sin embargo, su impacto sobre el producto y el empleo toma tiempo, porque entre la aprobación, la ejecución y la contabilización efectiva pueden pasar varios trimestres. Por eso, aun con anuncios voluminosos, la economía real puede tardar en sentirlos.

Si la inversión privada no se acelera, el riesgo para la administración es claro: un crecimiento acotado, concentrado y con poca capacidad de mejora del ingreso masivo. En cambio, si la expectativa de inversión logra consolidarse, podría empezar a cambiar la estructura productiva y dar mayor durabilidad a la estabilización. Ese es el puente que todavía falta construir entre la macro ordenada y la micro que empuje.

La apuesta electoral

El análisis de Camino también tuvo una dimensión política directa. Con el segundo semestre de 2026 como antesala de un año electoral, advirtió que el Gobierno enfrenta un riesgo concreto si no logra que la micro acompañe a la macro. “El gobierno tiene más chances de reelegir si la política y la economía se encuentran”, afirmó.

Para que eso ocurra, la economista planteó que la estabilización no alcanza como argumento. “El riesgo que tiene es que no le va a alcanzar solo la macro. Tiene que mirar la inversión, tiene que crecer, o por lo menos la expectativa de la misma, para que empiece a generar un cambio de estructura y no solo de ciclo”, dijo. La diferencia entre ambos conceptos es central: un ciclo mejora con menos inflación y menor prima de riesgo; una estructura productiva distinta exige que las empresas decidan invertir y sostener esa apuesta en el tiempo.

En ese contexto, insistió en que el Gobierno debe mostrar hacia 2027 una perspectiva clara de expansión. “Tiene que generar la expectativa de que esa inversión va a llegar y se va a comportar en el tiempo de manera creciente”, sostuvo. Con USD 20.000 millones del RIGI pendientes de integración para los próximos dos años, ese horizonte existe, pero aún no se refleja en las cuentas nacionales.

En los últimos años, el debate económico argentino pasó de enfocarse casi exclusivamente en la inflación y la brecha cambiaria a poner cada vez más atención en la capacidad de inversión y en la productividad. Esa evolución refleja un cambio de prioridades: ya no alcanza con estabilizar, también hay que convencer al sector privado de que el horizonte regulatorio y fiscal será suficientemente previsible como para comprometer capital a largo plazo.