El Ejército del Líbano tomó Zawtar al-Gharbiyeh tras la retirada israelí
El despliegue libanés en Zawtar al-Gharbiyeh abrió el primer traspaso efectivo de territorio dentro del esquema mediado por Estados Unidos. El avance, sin embargo, estuvo marcado por incidentes, destrucción masiva y dudas sobre el retorno de los desplazados.“El control del terreno suele decidir el destino de una guerra”, resumía Carl von Clausewitz hace casi dos siglos, y esa máxima vuelve a cobrar fuerza en el sur del Líbano, donde el Ejército libanés se hizo cargo de Zawtar al-Gharbiyeh tras la retirada israelí. El movimiento constituye el primer traspaso efectivo de territorio dentro del programa de zonas piloto impulsado por Estados Unidos para devolver al Estado libanés una franja de unos diez kilómetros de profundidad ocupada desde el recrudecimiento del conflicto en marzo de 2026.
El Ejército del Líbano desplegó tropas el martes en la localidad sureña de Zawtar al-Gharbiyeh, en la región de Nabatieh, pocas horas después de que las fuerzas israelíes abandonaran el área en el marco de un plan mediado por Washington. La operación marca el inicio práctico de un mecanismo escalonado que busca, al menos en esta fase, restablecer la presencia estatal en aldeas evacuadas y crear condiciones mínimas de seguridad para una eventual retirada más amplia.
El acuerdo trilateral que sostiene el proceso fue firmado el 26 de junio en Washington por los embajadores de Israel y el Líbano ante Estados Unidos, con la presencia del secretario de Estado Marco Rubio. El esquema prevé que el Ejército libanés ingrese en las aldeas abandonadas por Israel, verifique que no queden infraestructuras ni armamento de Hezbollah y certifique ese cumplimiento ante un Grupo de Coordinación Militar tripartito. Recién entonces Israel se retira de la siguiente zona. Washington presentó el lunes el arranque del programa como un hito diplomático, aunque dos de las tres aldeas inicialmente previstas —Froun y Srifa— ya estaban vacías de tropas israelíes antes del anuncio.
La entrada de las fuerzas libanesas no estuvo exenta de tensión. Soldados israelíes abrieron fuego cerca de las unidades desplegadas, lo que llevó al Ejército libanés a emitir una advertencia formal por los riesgos que ese tipo de incidentes plantea para el plan. Israel reconoció el episodio y sostuvo que personal libanés, a bordo de un vehículo de ingeniería, cruzó unos 150 metros hacia su llamada zona de seguridad en las inmediaciones de Zawtar al-Sharqiyeh, localidad que Tel Aviv excluye del programa piloto. No hubo heridos.
La prioridad inmediata es el desminado y la remoción de material explosivo. Un alto mando libanés explicó a Reuters que los equipos de ingeniería rastrean la zona en busca de munición sin detonar y que todavía resta un trabajo importante antes de considerar el área segura. El alcalde Abed Ezzeddin describió un escenario de devastación extrema: más de la mitad de las construcciones fue demolida y las restantes quedaron gravemente dañadas, dejando a la aldea en condiciones inhabitables.
Ezzeddin también puso sobre la mesa la principal incógnita del proceso: cómo garantizar el regreso seguro de los desplazados si las fuerzas israelíes siguen apostadas en Zawtar al-Sharqiyeh, a apenas cinco minutos a pie de la localidad que acaba de ocupar el Ejército libanés. La preocupación no es menor. Decenas de aldeas en la franja ocupada fueron arrasadas, incluidas instalaciones sanitarias, plantas eléctricas y sistemas de agua, mientras decenas de miles de libaneses continúan sin poder volver a sus hogares.
El trasfondo de la operación es una guerra que comenzó el 2 de marzo de 2026, dos días después de que Estados Unidos e Israel lanzaran ataques contra Irán. Hezbollah anunció entonces su ingreso en el conflicto en apoyo a Teherán. Desde entonces, Israel mantuvo bombardeos y demoliciones en áreas ocupadas incluso después de la firma del acuerdo del 26 de junio, lo que alimenta la percepción de que la tregua territorial sigue siendo frágil y parcial.
Hezbollah rechazó el acuerdo trilateral desde el inicio. Su secretario general, Naim Qassem, lo calificó de humillante y lo declaró nulo y sin valor, al tiempo que exigió una retirada israelí incondicional antes de cualquier conversación sobre el desarme del grupo. Israel, en cambio, condiciona cualquier repliegue a la verificación de ese desarme. Netanyahu reiteró en julio que sus tropas permanecerán en la zona de seguridad durante el tiempo que sea necesario.
El presidente libanés Joseph Aoun se reunió este martes con Donald Trump en la Casa Blanca, en una visita que Beirut espera traduzca respaldo político para la aplicación del acuerdo. La ronda de conversaciones celebrada la semana pasada en Roma entre delegaciones israelí y libanesa concluyó sin un cronograma concreto de retiradas. En ese marco, la experiencia de Zawtar al-Gharbiyeh será decisiva para medir si el programa de zonas piloto puede ampliarse hacia un repliegue real o si terminará siendo apenas una señal diplomática en un conflicto que el Estado libanés todavía no controla por completo.
Análisis y proyecciones: La evolución reciente del conflicto sugiere que el acuerdo avanza sobre una base muy inestable. En otros procesos de desescalada en Medio Oriente, los mecanismos graduales suelen funcionar solo cuando existe una mínima confianza entre las partes y una cadena de verificación creíble; aquí, en cambio, persisten la disputa sobre el desarme de Hezbollah, la ocupación de posiciones cercanas y la destrucción de infraestructura civil. Si el desminado y la supervisión militar logran consolidarse, el esquema podría convertirse en un precedente para nuevas retiradas; si falla, podría reforzar la lógica de enclaves y zonas tampón, con más desplazamiento interno y mayor dependencia de la mediación estadounidense.
Evolución del escenario: En los últimos años, la postura de los actores principales se ha endurecido y a la vez ha mostrado matices tácticos. Hezbollah pasó de una lógica de disuasión fronteriza a una participación directa al anunciar su ingreso en el conflicto junto a Irán, mientras que Israel profundizó su estrategia de control territorial y demolición preventiva en áreas consideradas sensibles. Estados Unidos, por su parte, se movió desde la presión diplomática tradicional hacia una arquitectura de implementación por etapas, intentando convertir el repliegue militar en un proceso verificable. El gobierno libanés, históricamente más débil en el sur, intenta capitalizar esa ventana para recuperar soberanía efectiva, aunque su margen real sigue condicionado por la correlación de fuerzas sobre el terreno.





















