Quinteros se mete en la pelea por la Capital y crece la tensión en el PJ cordobés
El ministro de Seguridad gana visibilidad y se consolida como una de las opciones para disputar la intendencia de Córdoba. Pero su eventual salto electoral profundiza las tensiones dentro del oficialismo y reabre viejas internas en el peronismo capitalino.En la política cordobesa, donde las sucesiones suelen definirse tanto por los gestos como por las encuestas, Juan Pablo Quinteros busca capitalizar una vidriera que pocos imaginaban tan favorable: la exposición que le dieron los operativos durante los festejos mundialistas y su papel en la organización de la visita del papa León XIV a Córdoba hacia la última parte del año. Con ese respaldo, el ministro de Seguridad viene recorriendo hace rato una carrera que lo ubica como posible candidato a la intendencia capitalina.
Apalancado en esa visibilidad, Quinteros cuenta además con una bendición implícita del gobernador Martín Llaryora, que aunque no fue expresada de forma abierta, se percibe con claridad en los gestos políticos. En paralelo, un sector del gabinete cordobés, alentado por las encuestas y por la instalación pública del ministro, lo considera hoy la mejor alternativa para suceder a Daniel Passerini en la ciudad de Córdoba.
Sin embargo, ese posible ungimiento también generó cortocircuitos dentro de una parte del gabinete llaryorista y, especialmente, en el PJ capitalino, donde una eventual candidatura de Quinteros no termina de ser aceptada. La disputa, por ahora, expone una tensión clásica del peronismo cordobés: ordenar una sucesión sin romper equilibrios internos ni desatar vetos cruzados.
En ese clima, el propio ministro lanzó al comienzo de la semana una frase que sonó más dirigida hacia adentro del oficialismo que hacia la oposición. “Yo veo a algunos que dicen que no quieren ser y que después patalean por los cargos”, dijo este lunes en un streaming de Telefé Córdoba. En ese mensaje, la primera parte podría alcanzar directamente a otro de los anotados en la carrera por la intendencia: el ministro de Vinculación, Miguel Siciliano, quien públicamente aseguró que no quiere ser intendente, aunque en su entorno no todos le creen.
La discusión no es menor si se considera que la Capital cordobesa suele funcionar como el principal termómetro del poder provincial. En una ciudad donde el peronismo ha debido reconstruir alianzas y administrar tensiones entre generaciones, el peso de las internas puede ser tan decisivo como el perfil del candidato. Quinteros y Siciliano aparecen hoy como las dos figuras más visibles dentro del llaryorismo, aunque ninguno de los dos parece reunir todavía un respaldo pleno y homogéneo.
“Es el que más mide en la Capital del peronismo. Lo de Quinteros es difícil que pase el filtro del PJ”, resumieron voces que conocen de cerca el microclima del justicialismo cordobés. Se trata, por ahora, de una lectura que el ministro de Seguridad no comparte y que no le impide seguir fortaleciéndose en la conversación interna sobre la sucesión municipal.
En esa carrera, las coincidencias entre ambos postulantes también conviven con diferencias importantes. Una de las más relevantes es que ninguno de los dos cuenta con el respaldo de la llamada Vieja Guardia del PJ. Ni los schiarettistas ni el espacio que responde a la senadora y esposa de Schiaretti, Alejandra Vigo, encuentran motivos para apoyar ni a Siciliano ni a Quinteros. Según una fuente del peronismo, “con Miguel es una cuestión de piel y la relación con su suegra (Olga Riutort, expareja de De la Sota e histórica rival de Vigo); y con Quinteros son las denuncias del pasado cuando era opositor”.
Ese entramado de resistencias convive, además, con la mirada de sectores de la nueva generación del cordobesismo, que relativizan la incidencia de esos viejos clivajes. En un esquema político cada vez más atravesado por la necesidad de recambio, parte del oficialismo parece dispuesto a ponderar más la competitividad electoral que los alineamientos históricos.
La diferencia más contundente entre Siciliano y Quinteros, sin embargo, está en su relación con Daniel Passerini. El intendente no tuvo nunca un buen vínculo con Siciliano y ese malestar se profundizó en el último tiempo. En cambio, los gestos del jefe comunal inclinan la balanza hacia Quinteros como preferido para la sucesión, en una de las pocas coincidencias que a lo largo del 2026 mostró con Llaryora.
Análisis y proyecciones: si Quinteros logra sostener su nivel de visibilidad y transformar exposición en intención de voto, podría convertirse en una figura de síntesis para un oficialismo que necesita retener la Capital sin quedar rehén de las internas. En cambio, si el PJ capitalino endurece su rechazo, la discusión podría derivar en una negociación más amplia para evitar una fractura o en la búsqueda de un tercer nombre que descomprima la puja. En el peronismo cordobés, donde el liderazgo provincial suele ordenar pero no eliminar tensiones, la definición de la candidatura a intendente puede tener impacto no solo en la ciudad, sino también en la arquitectura política de la gestión de Llaryora y en su relación con el schiarettismo, Vigo y el propio Passerini.
Evolución reciente: en los últimos años, el cordobesismo fue desplazando el peso exclusivo de los acuerdos tradicionales hacia perfiles con mayor proyección pública y capacidad de instalación mediática. Ese cambio, reforzado por la necesidad de mostrar gestión y renovación, explica por qué hoy un ministro de Seguridad con alta exposición como Quinteros compite en serio con dirigentes de trayectoria territorial como Siciliano. Al mismo tiempo, persisten las lógicas históricas del PJ cordobés: las redes del schiarettismo, el sector ligado a Vigo y las heridas políticas acumuladas siguen condicionando cualquier sucesión en la Capital.





















