Uribe y el Pacto Histórico inclinan la elección del Senado
La elección de la Presidencia del Senado dejó una sorpresa política: Honorio Henríquez se impuso con apoyos cruzados y Alfredo Deluque quedó relegado. El resultado expuso tensiones dentro del uribismo y una jugada estratégica del Pacto Histórico.“La política es la continuación de la guerra por otros medios”, escribió Carl von Clausewitz, y en el Senado colombiano esa lógica volvió a hacerse visible: la disputa por la Presidencia de la corporación terminó revelando alianzas inesperadas, heridas previas y una derrota temprana para el gobierno entrante.
La pelea por la Presidencia del Senado concluyó con la elección de Honorio Henríquez, del Centro Democrático, y con la caída de Alfredo Deluque, candidato del gobierno entrante de Abelardo de la Espriella, en una votación atravesada por una ruptura temporal entre el expresidente Álvaro Uribe y el entorno del mandatario electo.
La derrota de Deluque se produjo porque el uribismo rechazó una candidatura que interpretó como una imposición personal de De la Espriella y de su estratega Carlos Suárez, y porque el Pacto Histórico decidió votar por Henríquez. Esa combinación dejó al aspirante del oficialismo con 45 votos y entregó al Centro Democrático la presidencia del Senado en la instalación del Congreso del 20 de julio.
En la plenaria, la atención se concentró en la decisión del Pacto Histórico. La bancada de Gustavo Petro confirmó públicamente su respaldo a Henríquez y algunos de sus senadores mostraron un bolígrafo rojo para dejar visible ante las cámaras el sentido de su voto.
Según información conocida por la revista Cambio, la disciplina interna se apretó hasta el último momento. “Mi voto será por Honorio Henríquez como lo acordamos. Y voy a publicar mi voto por decisión libre para honrar el acuerdo de bancada”, escribió Carolina Corcho en el chat “Senadores 2026” conocido por ese medio; Agmeth Escaf respondió “Ídem” y Esmeralda Hernández se sumó con otro respaldo.
El resultado dejó a Deluque con 45 votos, 11 menos de los que él mismo proyectaba. Además del apoyo del Pacto Histórico a Henríquez, hubo fugas de votos de partidos que ya se habían comprometido con el candidato del gobierno entrante.
Cómo empezó la ruptura entre Uribe y el entorno de De la Espriella
El origen del choque se remonta a la campaña presidencial y a la relación entre Uribe y Carlos Suárez, estratega de De la Espriella. En la recta final de la primera vuelta, el expresidente llamó a Suárez “bandido” y “solapado”, y el consultor le respondió con ataques propios.
Cinco semanas después de esa confrontación, la desconfianza seguía intacta. El representante Daniel Briceño dijo a Cambio en ese momento que “el presidente Uribe ha dejado su tema con Suárez en el terreno personal”.
Esa tensión no quedó en el plano privado. En sectores del uribismo, buena parte de lo ocurrido después en el Congreso se explicó más por esa pelea que por un cálculo de mayorías.
El malestar creció con el avance del movimiento por firmas Defensores de la Patria. Uribe temía que ese proyecto desplazara al Centro Democrático como la principal referencia de la derecha, una inquietud que ya había expresado en público. En la política colombiana, este tipo de disputas internas suele tener un efecto mayor que el puramente simbólico: redefine lealtades, ordena bloques y anticipa la capacidad real de gobierno en un Congreso fragmentado.
Deluque, el candidato que agravó el choque
Entretanto, la decisión de De la Espriella de impulsar a Deluque empeoró el conflicto. La U tenía ocho senadores, mientras el Centro Democrático contaba con 17 y consideraba que, por ese peso, le correspondía reclamar la Presidencia del Senado.
En el uribismo interpretaron esa escogencia como una apuesta personal de De la Espriella. Deluque era cercano al presidente electo desde la universidad y mantenía también una amistad con Suárez, con quien tenía vínculos previos por asesorías políticas, según reveló la revista Cambio.
Uribe contó en una gira de medios que habló con De la Espriella y que este le mencionó un “compromiso personal” con Deluque. En el uribismo, esa explicación reforzó la idea de que la relación entre amigos se impuso sobre la aritmética política.
“¿Cómo no te vas a mosquear si te ponen de presidente del Congreso a un amigo de tu enemigo pasando por encima de la realidad política?”, dijo a Cambio un senador electo del uribismo. Otro congresista del mismo partido resumió la molestia: “Los teníamos que aterrizar. Es que no puedes imponer a tu amigo de parranda por encima de la política pura y dura”.
El giro que acercó al uribismo y al Pacto Histórico
En los días previos al 20 de julio, Uribe endureció sus mensajes. En entrevistas con Blu Radio y Caracol Radio, dijo que si De la Espriella buscaba acabar con el Centro Democrático, su partido tendría que defenderse, y también reveló que personas cercanas a Petro le habían hecho saber que el mandatario saliente quería reunirse con él.
Ese tono abrió la puerta a especulaciones sobre un acercamiento coyuntural entre petrismo y uribismo. “Lo único que queremos es darles garantías y si hay puntos de encuentro a futuro en proyectos, no vamos a ser obstinados. Eso no implica actuar en bloque siempre”, señaló uno de los miembros de la bancada del Centro Democrático a la revista.
Por su parte, el Pacto Histórico, con 26 senadores, quedó como el actor decisivo de una pelea ajena. Dentro de esa bancada hubo debate sobre tres caminos: votar por Deluque, apoyar a Henríquez o impulsar un tercer nombre para evitar el costo político de respaldar a uno de los dos bloques de la derecha.
Al final, la bancada cerró filas y, según el medio, desde Petro hacia abajo se insistió en hacer público el voto para evitar indisciplinas.
A la vez, Petro emitió guiños que varios leyeron en clave parlamentaria. También pesaban las negociaciones por las mesas directivas de las comisiones constitucionales, un reparto que llevaba a los partidos a moverse con cautela.
Análisis y proyecciones
La votación mostró un patrón conocido en la política legislativa colombiana: cuando las mayorías son apenas numéricas, la disciplina partidaria y los choques personales pueden alterar por completo el resultado. Para el gobierno entrante, el mensaje es incómodo porque exhibe que su coalición no tenía un control sólido sobre todos sus aliados. Para el Centro Democrático, en cambio, la victoria funcionó como prueba de cohesión y como recordatorio de que todavía conserva capacidad de arbitraje dentro de la derecha. Si se consolida un entendimiento táctico entre sectores del uribismo y el petrismo en asuntos puntuales, el Congreso podría volverse más impredecible, pero también más pragmático en votaciones clave como mesas directivas, comisiones y eventuales debates de control político.
La derrota del oficialismo y el mensaje de fuerza de Uribe
La votación dejó una derrota política temprana para el gobierno entrante y para el ministro del Interior designado Rodrigo Lara. Ningún jefe de Estado había perdido la Presidencia del Senado en su primer año en las últimas tres décadas.
El revés también mostró la fragilidad de una mayoría que en el papel parecía holgada. La coalición con la que De la Espriella esperaba maniobrar reunía más de 60 parlamentarios en el Senado, pero ese número no resistió ni la indisciplina ni la decisión del Centro Democrático de jugar su propia carta.
La jornada también alimentó suspicacias sobre un eventual entendimiento entre petrismo y uribismo alrededor de la Comisión de Acusaciones. Para Uribe, el desenlace fue además una señal interna de vigencia dentro de la derecha. La tarea protocolaria de imponer la banda presidencial quedó en manos de un aliado suyo, no de uno de los hombres más cercanos al presidente electo.
Cómo evolucionó la relación entre los actores
En los últimos años, el uribismo pasó de dominar la agenda de la derecha a competir por ese espacio con nuevas expresiones políticas y liderazgos personales. En paralelo, el petrismo consolidó una bancada más cohesionada, aunque no siempre homogénea, que aprendió a usar la visibilidad pública de sus votos como herramienta de disciplina. En este contexto, la figura de Uribe siguió operando como un factor de orden para su sector, mientras que el entorno de De la Espriella quedó marcado por la tensión entre construir una identidad propia y convivir con los códigos tradicionales del poder legislativo. El episodio del Senado refleja justamente esa transición: menos obediencia automática, más negociación, y un Congreso donde los gestos personales todavía pueden pesar tanto como las cuentas numéricas.
Balance político inmediato
Más allá de la elección puntual, el episodio dejó claro que el nuevo gobierno deberá negociar con mayor cuidado en un escenario donde ninguna bancada parece tener garantizada la lealtad absoluta de sus aliados. Al mismo tiempo, el Centro Democrático mostró que puede convertirse en un socio incómodo o decisivo según el caso, mientras que el Pacto Histórico probó que, cuando actúa en bloque, puede inclinar una votación que en apariencia estaba destinada a otro resultado.






















