Buenos Aires, talento e innovación para liderar la economía del conocimiento

La discusión sobre inteligencia artificial volvió a poner en foco a las ciudades y su capacidad para competir globalmente. En ese escenario, Buenos Aires aparece con ventajas claras, pero también con una deuda pendiente clave para potenciar su desarrollo.

Desde que Peter Drucker popularizó la idea de la “sociedad del conocimiento”, quedó claro que el desarrollo de las ciudades ya no depende solo de la industria pesada o la logística, sino de su capacidad para atraer talento, innovación y capital humano. En ese mapa, Buenos Aires busca consolidarse como un actor central.

En los últimos días se instaló la idea de que “Buenos Aires compite o desaparece” a partir del impacto que la inteligencia artificial tendrá sobre las ciudades. Más allá de la provocación del título, el debate permite mirar el panorama con mayor amplitud: el desafío no es solo la IA, sino la economía basada en el conocimiento, uno de los principales motores del crecimiento global.

La Argentina acaba de superar los US$10.000 millones anuales en exportaciones de servicios basados en el conocimiento, consolidando al sector como el tercer complejo exportador del país. Una parte sustancial de ese valor se genera en la Ciudad de Buenos Aires, y no se trata únicamente de firmas tecnológicas: también integran este entramado los servicios profesionales, financieros, jurídicos, contables, creativos y de consultoría.

¿Qué vuelve competitiva a una ciudad en el siglo XXI? La conectividad, el talento y reglas de juego que favorezcan la innovación. Buenos Aires reúne buena parte de esas condiciones. Cuenta con universidades de excelencia, capital humano altamente calificado, infraestructura digital y un ecosistema emprendedor consolidado, capaz de transformar ideas en empresas con proyección global.

Además, la Ciudad dispone de un conjunto de políticas que muchas veces pasa inadvertido: promoción para actividades de la economía del conocimiento, exportación de servicios con alícuota cero de Ingresos Brutos, exenciones para profesionales, mecenazgo científico, distritos de innovación, el Parque de Innovación, nuevos regímenes de inversión y una estrategia creciente de incorporación de inteligencia artificial en la gestión pública y la formación de talento. Siempre hay margen para mejorar, pero desconocer estos avances impide tener un diagnóstico completo.

Ahora bien, también existe una deuda pendiente que limita la competitividad porteña: la ausencia de una zona franca para la exportación de servicios. Mientras países como Uruguay y Chile ofrecen incentivos que atraen empresas, inversiones y talento, la Ciudad continúa sin acceder a una herramienta que viene solicitando desde hace décadas. No se trata de inventar modelos nuevos, sino de adoptar instrumentos que ya demostraron ser efectivos en la región.

En términos de evolución reciente, el debate sobre ciudades competitivas cambió notablemente en los últimos años. Antes predominaba la discusión sobre infraestructura física y costo laboral; hoy pesan cada vez más la calidad institucional, la capacidad de formar perfiles digitales y la velocidad para adoptar tecnologías como la inteligencia artificial. En ese contexto, Buenos Aires avanzó en instrumentos de promoción, aunque todavía enfrenta restricciones que limitan su expansión internacional.

Análisis y proyecciones: si la Ciudad logra resolver la falta de una zona franca de servicios y sostener un marco de menor burocracia y presión tributaria, podría fortalecer su perfil como hub regional de innovación. La experiencia internacional muestra que los polos que combinan estabilidad regulatoria, educación de calidad e incentivos fiscales captan más empresas exportadoras y mejor empleo calificado. El riesgo contrario es perder competitividad frente a plazas vecinas que ofrecen mejores condiciones para radicar operaciones y talento.

Por eso, más que discutir si hace falta una ley específica sobre inteligencia artificial, conviene concentrarse en aquello que realmente impulsa el desarrollo: menos burocracia, menor presión tributaria, reglas estables y herramientas que permitan competir globalmente. En buena medida, la Ciudad ya viene avanzando en esa dirección.

El paso que falta depende del Gobierno nacional: autorizar una zona franca para servicios fortalecería el liderazgo de Buenos Aires como hub regional de innovación y economía del conocimiento. Incluso podría convertirse en un modelo replicable para otras provincias, potenciando el talento argentino con una mirada verdaderamente federal.

Buenos Aires tiene el talento, el ecosistema y la vocación para liderar. Con las herramientas adecuadas, puede consolidarse como una de las grandes capitales de la economía del conocimiento en la región.