BlackRock ve a América Latina como un polo clave para infraestructura
BlackRock ubicó a América Latina entre los mercados emergentes con mejores perspectivas para invertir en infraestructura. La menor inflación, la mayor credibilidad de los bancos centrales y la necesidad de financiar obras con participación privada alimentan ese interés.“La inversión en infraestructura ha sido siempre la política contracíclica por excelencia”, suele repetirse en el mundo financiero, y esa lógica vuelve a ganar peso en América Latina. BlackRock, la mayor administradora de activos del mundo, ubicó a la región entre los mercados emergentes con mejores perspectivas, apoyada en una mayor estabilidad macroeconómica y en la creciente necesidad de financiar obras con participación del capital privado.
Según la firma, América Latina presenta hoy un escenario más favorable por la combinación de una inflación más estable, bancos centrales con mayor credibilidad, tasas de interés reales atractivas y una demanda de infraestructura que abre nuevas oportunidades para los inversores de largo plazo. En los mercados emergentes, este tipo de activos suele ganar atractivo cuando el costo del financiamiento baja y los gobiernos necesitan sumar socios privados para acelerar obras.
“La inversión en infraestructura ha sido siempre la política contracíclica por excelencia”, sostuvo Diego Mora, country manager de BlackRock para Colombia, Perú y Centroamérica. El ejecutivo señaló que las restricciones fiscales que enfrentan los gobiernos hacen cada vez más necesaria la participación del sector privado para financiar proyectos estratégicos. Esa tendencia se ha profundizado en la última década en la región, donde la brecha de infraestructura continúa siendo una de las principales limitantes del crecimiento.
Entre los sectores con mayor potencial, la administradora menciona carreteras, puertos, aeropuertos, redes eléctricas y centros de datos, además de la infraestructura necesaria para acompañar el desarrollo de la inteligencia artificial y el proceso de relocalización de cadenas productivas conocido como nearshoring. La expansión de la economía digital y la necesidad de capacidad energética adicional también aparecen como motores de mediano plazo para este tipo de inversiones.
El diagnóstico encuentra puntos de contacto con la estrategia que impulsa el gobierno de Javier Milei. A través del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) y del esquema de concesiones, el Ejecutivo busca atraer capital privado para proyectos de energía, minería, rutas y puertos, en un contexto de fuerte ajuste del gasto público. En ese marco, la discusión sobre infraestructura dejó de ser solo técnica y pasó a ocupar un lugar central en la estrategia de estabilización y crecimiento.
Desde Fortress Capital consideran que el creciente interés por la infraestructura es consistente con una visión más favorable sobre América Latina. “La combinación de valuaciones todavía relativamente bajas, necesidad de inversión en energía, transporte y centros de datos, junto con una mayor participación del capital privado, podría favorecer una mayor llegada de inversiones”, explicó Tomás Sisto Bourel, research de la firma. Para los fondos globales, la región ofrece activos castigados frente a otros mercados, pero con potencial de recuperación si mejora el clima macroeconómico.
El analista agregó que ese escenario podría fortalecerse si se consolida un proceso de baja de tasas de interés a nivel global y un dólar más débil, dos factores que históricamente mejoraron las condiciones financieras para los mercados emergentes. Cuando el financiamiento internacional se abarata, los proyectos de largo plazo suelen volverse más viables y aumenta la disposición de los inversores a asumir riesgos en economías en desarrollo.
Respecto de Argentina, Sisto Bourel señaló que “el RIGI y el esquema de concesiones pueden contribuir a canalizar inversiones hacia energía, minería, rutas y puertos”. Sin embargo, advirtió que “para que ese interés se transforme en un flujo sostenido de capital será fundamental mantener estabilidad macroeconómica, previsibilidad regulatoria y condiciones que permitan financiar proyectos con horizontes extensos”. Esa lectura refleja una constante histórica: sin reglas estables, la inversión de infraestructura suele avanzar a ritmo lento o quedar condicionada por los vaivenes políticos y cambiarios.
En Rava Bursátil coinciden en que la infraestructura representa una oportunidad creciente para la región, aunque advierten que eso no implica un menor atractivo para otros activos. “Más que un reemplazo de una alternativa por otra, entendemos que se trata de la aparición de nuevas oportunidades. La infraestructura puede convertirse en uno de los grandes motores de crecimiento y de atracción de capital en América Latina, especialmente en países como Argentina, donde existe un amplio espacio para desarrollar este tipo de proyectos”, afirmó Milo Farro, research de Rava.
Farro agregó que el desarrollo de la infraestructura no excluye el interés por la deuda soberana. “Si el proceso de normalización macroeconómica continúa, se profundiza la flexibilización de las restricciones cambiarias y se allana el camino para una nueva compresión del riesgo país, Argentina también puede consolidarse como un destino interesante, tanto a través de activos financieros como de proyectos de infraestructura de largo plazo”, sostuvo.
Análisis y proyecciones: el renovado interés por infraestructura en América Latina responde a una combinación conocida en los ciclos de inversión global: necesidad de obras, marcos regulatorios más atractivos y búsqueda de rendimientos reales en un entorno de tasas en baja. Si esa dinámica se sostiene, podrían acelerarse asociaciones público-privadas, concesiones y emisiones ligadas a proyectos, aunque el ritmo dependerá de la estabilidad fiscal, la seguridad jurídica y la capacidad de los países para transformar anuncios en contratos ejecutables. En Argentina, el éxito del esquema dependerá en buena medida de que el orden macro se consolide y de que el acceso al financiamiento de largo plazo deje de ser una restricción estructural.
Evolución reciente del tema: en los últimos años, el debate sobre infraestructura en la región pasó de centrarse casi exclusivamente en la obra pública a poner el foco en el capital privado como fuente de financiamiento. La pandemia, la suba posterior de tasas y la presión fiscal empujaron a varios gobiernos a buscar esquemas más flexibles; al mismo tiempo, la digitalización, la transición energética y el nearshoring elevaron la demanda de nuevas redes, puertos, energía y centros de datos. En ese contexto, la postura de los grandes fondos también cambió: hoy miran menos el “riesgo país” en abstracto y más la calidad de los proyectos, la previsibilidad contractual y la posibilidad de salir ordenadamente de cada inversión.
BlackRock remarca que el desafío para los países de la región será combinar disciplina fiscal con condiciones que permitan movilizar inversiones privadas hacia proyectos de largo plazo. Para la administradora, ese será uno de los factores determinantes para sostener el crecimiento económico en los próximos años y aprovechar el renovado interés de los grandes fondos internacionales por América Latina.
























