Brubank lanzó Open, su tarjeta de crédito con dólares en garantía

Brubank presentó Open, una tarjeta de crédito pensada para quienes no tienen historial financiero. El límite se define con dólares inmovilizados como respaldo, en un esquema que busca ampliar el acceso al crédito.

«La historia del crédito moderno está hecha de garantías»: desde los colaterales tradicionales hasta las tarjetas aseguradas que ganaron espacio en distintos mercados, el financiamiento para quienes no tienen historial crediticio siempre encontró caminos alternativos. En ese terreno se inscribe Open, la nueva tarjeta de crédito que Brubank lanzó para usuarios sin perfil crediticio previo.

Brubank, el banco digital argentino del empresario Juan Bruchou, presentó Open, una tarjeta de crédito pensada para personas que no cuentan con historial o perfil crediticio. La principal novedad es que el límite de compra se obtiene utilizando dólares depositados en la cuenta del cliente como garantía.

La propuesta apunta a ampliar el acceso al crédito para usuarios que, por distintos motivos, no califican para una tarjeta convencional. En lugar de evaluar antecedentes financieros o ingresos, el sistema requiere que el cliente inmovilice una determinada cantidad de dólares en su caja de ahorro de Brubank, que funcionarán como respaldo del límite disponible en pesos.

El monto mínimo para solicitar la tarjeta es de USD 100 y el límite máximo es de USD 5.000, equivalentes a alrededor de $7.500.000. Esos fondos permanecen en la cuenta del cliente y no se consumen ni se utilizan para realizar las compras, sino que quedan reservados mientras la tarjeta esté activa.

El mecanismo es similar al de las tarjetas de crédito garantizadas que existen en otros mercados, especialmente en el universo cripto y en productos pensados para personas que buscan construir o reconstruir su scoring. El cliente mantiene la propiedad de sus dólares, pero estos permanecen inmovilizados para respaldar el crédito otorgado por el banco.

Si al llegar la fecha de cierre de la tarjeta no se cancela la deuda en tiempo y forma, el banco liquida automáticamente la cantidad de dólares correspondiente para evitar inconvenientes. Según la firma, el pago puntual del resumen permite construir un historial crediticio, lo que podría facilitar el acceso a otros productos financieros en el futuro.

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La iniciativa generó opiniones divididas entre especialistas del sector financiero. Para el consultor Omar De Lucca, la herramienta difícilmente resuelva el problema de fondo del acceso al crédito. «No sé si es algo que le va a resolver el problema a la gente de no poder pagar o seguir en mora con el sistema financiero», afirmó.

El experto cuestionó especialmente la lógica del producto. «¿Para qué voy a querer usar una tarjeta de crédito si estoy obligado a dejar dólares inmovilizados como garantía? No le veo el sentido», sostuvo.

En su visión, el problema de fondo pasa por otro lado. «Hoy la gente necesita un relajamiento de las políticas crediticias para favorecer la expansión del crédito genuino, pero los bancos no lo hacen por la mora actual. El Gobierno tampoco obliga a los bancos a bajar las tasas y liberar créditos. Es como una guerra entre los bancos y el Gobierno», explicó.

Por eso, concluyó con una postura crítica sobre el impacto potencial de la propuesta: «Para mí, honestamente, no va a contribuir en nada».

¿Para qué voy a querer usar una tarjeta de crédito si estoy obligado a dejar dólares inmovilizados como garantía? No le veo el sentido

En cambio, el asesor Fernando Villar consideró que la iniciativa puede resultar útil para un segmento específico de usuarios. «Es interesante que aparezcan propuestas para personas que no tienen acceso al mercado financiero. Hoy cualquier banco o incluso muchas financieras entregan tarjetas de crédito con relativa facilidad, pero hay personas que, por distintas razones, no pueden acceder o reciben límites muy bajos», explicó.

De acuerdo con el ejecutivo, el principal costo es el de oportunidad. «Los dólares quedan sin invertir y eso implica resignar el rendimiento que hoy podrían generar en otros instrumentos», señaló.

«Si esos dólares pudieran permanecer invertidos, por ejemplo, en un fondo money market en dólares o en algún instrumento de bajo riesgo mientras funcionan como garantía, ahí sí vería una ventaja muy interesante. El cliente mantendría su dinero trabajando y al mismo tiempo obtendría un límite elevado para su tarjeta», añadió.

Aun así, destacó una ventaja relevante: el límite de crédito. «Muchas veces el límite genera conflictos entre bancos y clientes. En este caso, cuantos más dólares deje una persona como garantía, mayor será el límite disponible para gastar», indicó.

Para Villar, el producto pierde atractivo para quienes ya están plenamente bancarizados. «No tiene una ventaja particular para alguien que ya posee tarjetas de crédito y acceso normal al sistema financiero», afirmó.

Sin embargo, resaltó el valor de la innovación: «Siempre es positivo que aparezcan nuevas alternativas en el sistema financiero, aunque todavía hay margen para mejorar este tipo de soluciones».

Análisis y proyecciones: la apuesta de Brubank se inserta en una tendencia global que intenta resolver una de las grandes fallas del sistema bancario: el acceso de usuarios sin historial a productos de crédito formal. En contextos de alta inflación, restricciones de liquidez o endurecimiento del scoring, las tarjetas garantizadas suelen funcionar como una puerta de entrada al sistema. Su éxito, no obstante, depende de dos variables: que el costo de oportunidad sea aceptable para el cliente y que el producto realmente facilite un escalón posterior hacia créditos más amplios. Si la inmovilización de dólares se percibe como demasiado onerosa, la propuesta podría quedar reducida a un nicho. En cambio, si logra combinar seguridad para el banco, simplicidad operativa y construcción de historial, podría convertirse en una herramienta útil para jóvenes, monotributistas, trabajadores informales o personas que recién se integran al sistema financiero.

Cómo evolucionó el tema: en los últimos años, el mercado financiero local aceleró la digitalización y amplió el uso de productos fintech, pero el acceso al crédito siguió condicionado por la mora, la inflación y la prudencia de los bancos. Tras un ciclo de expansión de billeteras y cuentas digitales, muchas entidades comenzaron a buscar fórmulas intermedias entre la bancarización plena y el préstamo tradicional. En ese marco, las garantías en dólares aparecen como una respuesta pragmática: trasladan riesgo del banco al cliente, permiten ofrecer límites más altos y evitan un análisis de ingresos tan rígido. La discusión, sin embargo, sigue siendo la misma de siempre: cómo expandir el crédito sin profundizar el sobreendeudamiento.

Balance de posiciones: mientras voces críticas como la de De Lucca consideran que este tipo de productos no resuelve el problema estructural del financiamiento, miradas más favorables como la de Villar ponen el foco en el acceso para segmentos excluidos. Esa tensión refleja el estado actual del sistema: más innovación, pero también más cautela. La evolución de la oferta financiera hasta octubre de 2023 muestra que el sector busca alternativas para crecer sin asumir riesgos excesivos, y Open se presenta justamente como una de esas fórmulas de transición entre la exclusión y el crédito convencional.