Fernanda Trías, libertad creativa y memoria en su nuevo libro de ensayos
La autora uruguaya publicó En un rincón de mí nacerá una planta, su primer libro de ensayos personales, donde repasa su proceso creativo, sus maestros y su recorrido literario. También reflexiona sobre el feminismo, la violencia contra las mujeres y el lugar de la ficción hoy.“Los temas ya existen, el talento está en cómo se cuenta”, solía decir Julio Cortázar, y esa idea parece dialogar con el nuevo libro de Fernanda Trías, que convierte la escritura en una forma de indagar la memoria, el dolor y la libertad creativa. La autora uruguaya, nacida en Montevideo en 1976, acaba de publicar En un rincón de mí nacerá una planta (Marciana), un volumen de ensayos personales en el que mira hacia atrás para pensar su recorrido y, al mismo tiempo, examina el presente desde una sensibilidad literaria y política muy marcada.
Trías lleva once años viviendo en Colombia —aunque ella misma matiza el verbo “vivir”— y hoy se reparte entre la narrativa, la traducción y la docencia de escritura creativa en Bogotá. Su novela Mugre rosa la proyectó con fuerza internacional: fue finalista de los National Book Awards en Estados Unidos en 2024, se tradujo a más de quince lenguas y le valió, entre otros reconocimientos, el premio Sor Juana Inés de la Cruz, galardón que volvió a recibir en 2025 por El monte de las furias. Con este libro, el primero dedicado enteramente al ensayo, se mueve hacia un territorio distinto: el de la reflexión íntima sobre su oficio.
El origen del proyecto, cuenta, estuvo en una invitación de los editores de Marciana para escribir sobre el proceso creativo dentro de una nueva colección de no ficción. A partir de allí, cada ensayo fue apareciendo como parte de un camino en construcción, hasta que la autora decidió concentrarse de lleno en la obra una vez terminada El monte de las furias. Entre los temas que quiso abordar había uno especialmente importante: Mario Levrero, su maestro y destinatario del volumen, sobre quien nunca había escrito antes.
El proceso, según relata, fue desordenado y simultáneo con otras obras. Mientras avanzaba en los ensayos, también trabajaba en su libro de cuentos Miembro fantasma y en la novela El monte de las furias. Esa convivencia de proyectos no la incomoda: al contrario, la estimula. “Me gusta esa interferencia”, sostiene. Trías no lleva diarios, pierde libretas y no organiza su escritura con un método rígido. Dice haber aprendido a moverse en el caos, algo que define como parte natural de su mente y de su modo de crear.
La autora distingue estos textos como “ensayos personales” y aclara que no le interesa el ensayo académico ni el tono de autoridad que suele asociarse a ese género. En su caso, la reflexión se centra en su vida, en su camino literario y en la experiencia concreta de escribir. Esa elección también la conecta con una tradición más amplia: libros de Margaret Atwood, conferencias reunidas por Ursula K. Le Guin, los textos de Betina González, Thomas Wolfe, Hebe Uhart o incluso las clases de Simone de Beauvoir, todos nombres que menciona como parte de un corpus que, para ella, demuestra que pensar la escritura también es una forma de crear.
Análisis y proyecciones: El libro de Trías se inscribe en una línea cada vez más visible de autoras que convierten el proceso de escritura en tema literario, no como manual técnico sino como exploración de la subjetividad. En un contexto donde la frontera entre géneros se volvió más porosa, esta clase de obras suele ganar lectores porque ofrece acceso al “taller” íntimo de una autora consagrada y, al mismo tiempo, dialoga con preguntas más amplias sobre memoria, identidad y creación. En el corto plazo, la publicación refuerza la figura de Trías como una de las voces más singulares de la literatura latinoamericana contemporánea; en el mediano, abre la posibilidad de que su obra ensayística conviva con mayor peso junto a la narrativa, sin perder la intensidad formal que la caracteriza. La recepción también dependerá de cómo continúe el interés por los textos híbridos, un terreno que desde hace años crece entre lectores que buscan literatura de ideas, pero con tono personal y acceso emocional.
En el libro aparece además una discusión de fondo sobre los géneros. Trías propone no tratarlos como compartimentos estancos, sino como ficciones útiles que pueden mezclarse y atravesarse. Para ella, el material mismo indica qué forma necesita, si cuento, novela o ensayo. Esa escucha atenta al texto, casi física, le permite dejar que la arquitectura de la obra se revele sola. La autora lo resume con una idea de libertad radical: escribir sin obedecer fórmulas previas y aceptar incluso la posibilidad de decepcionar a quienes esperan un camino más previsible.
El ensayo más extenso del volumen, En nombre propio, está dedicado a su sobrina y funciona como una reflexión sobre las mujeres, la escritura y el feminismo. Consultada por los cambios desde 2021, cuando nació la niña, Trías advierte un “brutal recrudecimiento de la violencia hacia las mujeres” y relaciona ese fenómeno con el renacimiento de la ultraderecha en América Latina. Lo describe como un posible “último manotazo de ahogado” frente a transformaciones sociales que ya no tendrían vuelta atrás, aunque aclara que no posee evidencia para sostener esa lectura como diagnóstico cerrado.
Su mirada sobre el movimiento feminista también combina cansancio y persistencia. Siente que atraviesa una etapa de desgaste, marcada por la ofensiva de discursos “machistas, patriarcales, retrógrados y violentos”, pero recuerda que toda lucha avanza con marchas y contramarchas. En esa línea, compara el momento actual con un GPS que indica “recalculando”. También destaca el recambio generacional: desde la irrupción de Ni una menos hasta hoy han pasado diez años, y el sostenimiento de esas conquistas dependerá también de lo que impulsen las nuevas generaciones. Pese a las tensiones, afirma que no ve posible un retroceso en el plano literario y simbólico.
Cuentos nacidos del dolor
Mientras trabajaba en los ensayos, Trías dio forma a Miembro fantasma, un libro de cuentos que también se alimenta de una experiencia dolorosa que tardó años en encontrar su forma. Ella quería escribir sobre haber sido niña durante la dictadura uruguaya, rodeada de una violencia que se percibía fuera de campo y que, justamente por eso, resultaba más inquietante. Pero ese material necesitó un segundo impacto para convertirse en literatura: la imagen de las madres buscadoras de Colombia y México desenterrando huesos en el desierto.
La confluencia de esas dos experiencias generó, según dice, una energía insoportable que terminó dando lugar al cuento Miembro fantasma, eje del libro, y también a El monte de las furias, con esos cuerpos que aparecen de la nada y una mujer que los cuida y entierra. Para la autora, todo lo que atraviesa a una persona necesita una elaboración artística, una reapropiación a través del arte. Ese trabajo, insiste, puede llevar años hasta encontrar la forma adecuada.
Esa búsqueda formal es el núcleo de su literatura. Trías se reconoce en la premisa cortazariana de que el valor no está en el tema, sino en la manera de contarlo. Sus textos, dice, parten de dolores propios, pero solo adquieren sentido cuando se vuelven colectivos, cuando entran en diálogo con otras obras, otras vidas y otras experiencias. Por eso su escritura no separa del todo lo autobiográfico de lo literario: lo personal funciona como punto de partida, no como destino.
La autora aplica a los ensayos la misma exigencia que a sus novelas y cuentos. Lee en voz alta cada frase, pule la musicalidad y no distingue demasiado entre los distintos géneros en términos de trabajo con el lenguaje. Aunque el pacto con el lector sea autobiográfico, el esfuerzo formal es el mismo. Ahora, sin embargo, cree haber cerrado una etapa. Dice que no le interesa seguir escribiendo sobre escritura por el momento y que tiene ganas de volver a la ficción. Más adelante, quizá, esa puerta vuelva a abrirse.
Lo que permanece constante es su defensa de una libertad creativa total. Trías asume que sus propias certezas son provisorias y que el camino de la escritura consiste en correr riesgos, incluso el de no satisfacer expectativas ajenas. “Este es tu camino, es tuyo y de nadie más”, resume. Y en esa afirmación se condensa el espíritu de un libro que no solo repasa una trayectoria, sino que también propone una ética de trabajo y de vida literaria: escribir como acto de independencia, de escucha y de transformación.
























