Abdala viajó al Mundial y quedó varado en Fort Lauderdale
El presidente provisional del Senado desobedeció la orden política de no viajar al torneo y terminó complicado por un temporal en Estados Unidos. Su intento por llegar a la final reaviva las críticas por el costo y el contraste con el discurso anticasta.“La pelota no se mancha”, dijo alguna vez Diego Maradona; en tiempos de política y poder, sin embargo, hasta una final mundialista puede convertirse en una prueba de coherencia. Bartolomé Abdala, presidente provisional del Senado, viajó a Estados Unidos para asistir al partido decisivo pese a que las entradas en reventa superan los 30 mil dólares y a que existía una orden política expresa de no exponerse a ese viaje.
El senador puntano desobedeció la instrucción que Javier y Karina Milei habían bajado para evitar una postal asociada a los privilegios de la “casta”, una categoría que, según la propia lógica libertaria, parece haber alcanzado también a dirigentes de su espacio. En ese marco, Abdala quedó varado este sábado en el aeropuerto de Fort Lauderdale, donde un fuerte temporal obligó a cancelar y reprogramar decenas de vuelos, dejando a miles de pasajeros sin poder viajar.
Según pudo saber LPO, el legislador entró en desesperación ante la posibilidad de perderse el partido decisivo y protestó con vehemencia en el mostrador. Fuentes al tanto de la situación señalaron que, aprovechando su condición de presidente provisional del Senado, se habría comunicado con el consulado argentino en Nueva York para pedir un avión o, al menos, contacto con empresas de alquiler de vuelos privados, con la intención de llegar a tiempo al estadio de New Jersey.
Mientras aguardaba una respuesta, testigos afirmaron que Abdala elevó el tono frente al mostrador de la aerolínea en un intento por destrabar su situación y conseguir un asiento en alguno de los vuelos que seguían operativos hacia Nueva York. Ante la falta de disponibilidad de taxis aéreos, terminó optando por un vuelo de línea a Charlotte-Douglas, en Carolina del Norte, y desde allí planear seguir en auto los 870 kilómetros hasta Nueva York, un trayecto de unas nueve horas de manejo. Si logra sortear las demoras, podría llegar justo para la final Argentina-España.
Abdala es conocido en el Senado por su afición al fútbol y por alardear de sus vínculos con la AFA, en medio de la guerra abierta que los libertarios mantienen con Claudio “Chiqui” Tapia. De hecho, el senador continúa jugando en la liga de veteranos, un dato que refuerza su perfil de dirigente más cercano a la pasión futbolera que a la austeridad que pregona el oficialismo.
El episodio vuelve a poner bajo la lupa los viajes de funcionarios libertarios al Mundial, que implican gastos de decenas de miles de dólares y difícilmente pueden ser explicados con ingresos de la administración pública. Días atrás, LPO había revelado que el viceministro de Justicia, Santiago Viola, desobedeció la instrucción de Karina Milei y también viajó a ver a la Selección.
Luego, el propio vocero Adrián Ravier confirmó públicamente que existía un “compromiso” del presidente, su hermana y los ministros de no asistir al torneo, dejando expuesto al funcionario. Viola, señalado como un protegido de Karina Milei, recibió además la defensa posterior de Javier Milei, quien sostuvo con un argumento insólito que la prohibición de viajar al Mundial alcanzaba sólo a los ministros.
En el caso de Abdala, además del viaje aparece la cuestión del costo total de la excursión. Las entradas para la final cotizan por encima de los 30 mil dólares en los circuitos de reventa y aumentan a medida que se acerca el horario del partido. A ello se suman los pasajes, el eventual alquiler de un auto y los hoteles, con precios disparatados en el pico del Mundial, lo que configura un gasto en tensión directa con el discurso anticasta que los libertarios continúan sosteniendo, aunque cada vez con menos volumen.
Análisis y proyecciones: Este tipo de episodios suele tener un efecto político mayor que el hecho puntual, porque erosiona el principal activo simbólico de los gobiernos que basan su identidad en la austeridad y el rechazo a los privilegios. En el caso libertario, la discusión no sólo pasa por el costo del viaje, sino por la consistencia entre relato y conducta. Cuando la dirigencia exhibe conductas que el electorado percibe como contradictorias, el daño suele expandirse: alimenta críticas opositoras, incomoda a aliados y obliga al oficialismo a gastar capital político en explicaciones. En la práctica, cuanto más se repiten estas escenas, más difícil se vuelve sostener la narrativa anticasta sin fisuras.
Evolución del tema: En los últimos años, la tensión entre el discurso de “ajuste” y los gestos de ostentación se volvió una de las marcas más sensibles de la política argentina. Primero fue una demanda social abstracta, luego se transformó en un criterio de evaluación concreto sobre viajes, viáticos, cargos y privilegios. En el universo libertario, esa vara resulta todavía más exigente porque su identidad pública nació precisamente de confrontar con la dirigencia tradicional. Sin embargo, casos como el de Abdala y el de Viola muestran que, a medida que el poder se consolida, aparecen las mismas zonas grises que el espacio prometía erradicar. La evolución del conflicto sugiere que, si no hay disciplina interna real, el costo reputacional puede terminar alcanzando a toda la coalición, no sólo a los protagonistas directos.






















