El mameluco no se toca: Milei espera en Olivos y después… que decida la pelota

Hay momentos en la Argentina en que hasta la política tiene que esperar.

Y este domingo será uno de ellos.

Mientras millones de argentinos ya empiezan con las cábalas, las camisetas que no se lavan, el sillón donde hay que sentarse exactamente en el mismo lugar y algún pobre cristiano que deberá permanecer encerrado en la cocina porque justo cuando fue a buscar hielo la Argentina hizo un gol, en la Quinta de Olivos también tienen la suya.

Javier Milei esperará allí la gran final del Mundial 2026 entre la Argentina y España.

Sin actos oficiales, sin discursos y, aparentemente, sin demasiadas ganas de moverse.

Pero hay algo mucho más importante.

¡El mameluco de YPF no se toca!

El Presidente adoptó esa vestimenta como cábala durante los partidos de la Selección y hasta explicó el motivo: una vez se lo sacó y a la Argentina le hicieron un gol.

¡Listo!

Para un argentino no hace falta ninguna explicación científica adicional.

El mameluco queda puesto.

Newton podrá tener sus leyes, Einstein su teoría de la relatividad y los economistas discutir durante horas sus modelos matemáticos.

Pero si te sacaste el mameluco y nos hicieron un gol, el mameluco no se saca más.

Punto.

Según trascendió, Milei compartiría nuevamente el partido con su hermana Karina, mientras espera una final que tendrá al país prácticamente paralizado desde mucho antes de las cuatro de la tarde.

Pero detrás de la anécdota futbolera hay un asunto bastante más serio.

Porque cuando termine el partido, sea cual sea el resultado, comenzará otro partido.

El de la calle.

En el Gobierno saben que una victoria argentina podría provocar una movilización popular gigantesca, con millones de personas celebrando en distintos puntos del país y una concentración particularmente importante en la Ciudad de Buenos Aires.

Por eso ya se trabaja en los operativos de seguridad y en la coordinación necesaria para enfrentar una situación que podría convertirse en uno de los acontecimientos populares más masivos de los últimos años.

También está sobre la mesa la posibilidad de disponer un asueto para el día siguiente, aunque cualquier decisión se conocería recién después de la final.

Y hay otro interrogante.

¿Qué hará la Selección?

La Casa Rosada fue puesta a disposición del plantel argentino por si los jugadores y el cuerpo técnico desean utilizarla para saludar a la multitud, como ocurrió en otros momentos históricos.

Milei incluso dejó en claro que, si los jugadores aceptan, él no pretende compartir el balcón ni aparecer en el centro de la fotografía.

La fiesta, entiende el Gobierno, debe ser de los jugadores y de la gente.

Por eso, después del pitazo final, Olivos podría transformarse rápidamente en una especie de comando de operaciones.

Seguridad.

Posible asueto.

Casa Rosada.

Llegada de la Selección.

Millones de personas en las calles.

Todo dependerá de una pelota.

Curioso país el nuestro.

Podemos discutir de inflación, dólar, déficit fiscal, elecciones, peronistas, libertarios y hasta pelearnos durante semanas por cualquier cosa.

Pero aparece la celeste y blanca en una final del mundo y durante un rato ocurre algo extraordinario:

todos miramos para el mismo lado.

Después volveremos a discutir.

Seguramente.

Somos argentinos.

Pero primero hay que jugar contra España.

El Jagua Arandú, desde algún rincón de su querido Taragüí, también estará mirando.

Cada uno tendrá su cábala.

Su camiseta.

Su sillón.

Su lugar frente al televisor.

Y en Olivos, por las dudas, habrá una orden que nadie se animará a discutir:

¡Presidente… el mameluco no se toca!

Porque en la Argentina uno puede cambiar ministros, políticas económicas y hasta de opinión.

Pero una cábala que viene funcionando…

¡Jamás, Chamigo!