La carne vuelve a presionar la inflación por menor oferta y récords de precios

La menor oferta de hacienda, la retención de animales y el alza de los valores internacionales encienden alertas en el mercado cárnico. Analistas advierten que la carne podría volver a ser un factor sensible para la inflación en el segundo semestre.

«La carne fue durante décadas una de las grandes variables de la economía argentina», suele recordar la historia del país ganadero. Hoy, esa condición vuelve a escena con un dato que inquieta al mercado: la combinación de menor oferta, retención de hacienda y precios internacionales en máximos históricos puede reabrir la discusión inflacionaria en los próximos meses.

Con una caída histórica en el consumo, la carne amenaza ahora con sumar presión al índice de inflación. En el sector advierten que confluyen varios factores: una menor disponibilidad de hacienda, un cambio de ciclo en la producción y valores récord que podrían trasladarse al mostrador durante el segundo semestre, complicando la desaceleración de precios que exhibe Luis «Toto» Caputo.

Distintas fuentes del sector que hablaron con LPO explicaron que se está consolidando un cambio de tendencia: la oferta de animales comenzó a reducirse y el productor busca retener más hacienda para lograr mayor engorde, en un contexto en el que la exportación demanda volúmenes crecientes.

En paralelo, un informe de Rosgan estima que la faena bovina podría cerrar este año entre 500 mil y 1,2 millones de cabezas por debajo de 2025, una merma que tendría impacto directo sobre la oferta de carne. En los ciclos ganaderos, estas correcciones suelen trasladarse con demora a los precios, porque el menor envío a faena primero se refleja en la disponibilidad y luego en el mostrador.

Fuentes de la Agencia String Agro afirmaron que «la carne barata en Argentina llegó a su fin» y que, a partir de ahora, el consumo de proteínas en el mercado interno atravesará una transformación relevante. Desde la consultora insistieron en que la combinación de menor oferta, retención de hacienda y un contexto internacional favorable para los exportadores podría volver a ubicar al precio de la carne en el centro de la discusión inflacionaria.

En el mercado internacional, el ternero para invernada ya superó los 4 dólares por kilo vivo, el valor más alto registrado en su historia. Para los operadores, esa cotización se recalienta por la necesidad de reposición de hacienda de jugadores centrales como Estados Unidos y Brasil, pero al mismo tiempo anticipa un escenario favorable para toda la cadena ganadera.

«Hoy el problema es conseguir hacienda», resumió a LPO un comprador que abastece a importantes frigoríficos del país. Según explicó, el productor retiene animales porque espera valores todavía más altos y la oferta empieza a escasear en un contexto en el que la demanda sigue firme. «Hoy no hay forma de que el precio baje», sintetizó.

A eso se suma que Estados Unidos atraviesa un proceso de recomposición de sus vientres, luego de haber alcanzado el menor stock de las últimas décadas, y continuará reduciendo su producción al menos hasta 2027. Brasil, por su parte, también comenzó a retener vientres después de varios años de fuerte liquidación, mientras la demanda internacional de carne vacuna se mantiene sostenida.

En el mercado observan además un fuerte crecimiento del consumo de carne de res en Asia, en especial en China, junto con una menor disponibilidad de ganado en varios países productores. Ese cuadro mantiene elevados los precios internacionales y empuja al productor a no vender todavía, a la espera de nuevas subas.

El economista y analista Salvador Di Stefano, uno de los referentes más consultados por el mercado agropecuario y con llegada al presidente Javier Milei, también dejó una advertencia. En X sostuvo que la retención de vientres podría derivar en «una fuerte suba de la carne para el segundo semestre», especialmente hacia septiembre. También remarcó que el ternero cotiza en niveles «nunca vistos» y que la escasez de carne en el mercado internacional potencia esa tendencia.

Sin embargo, el escenario no es lineal. Según el informe de Rosgan, los feedlots mantienen los niveles de ocupación más altos de la historia, con más de 2,1 millones de animales en engorde, mientras el peso promedio de faena alcanzó un récord gracias a una mayor recría y al incentivo económico de sumar kilos antes de vender. Esa mejora en la productividad podría amortiguar, al menos en parte, el impacto de una menor cantidad de animales enviados a frigorífico.

En términos históricos, el mercado bovino argentino viene atravesando una tensión recurrente entre consumo interno, exportación y stock ganadero. Cuando la retención se impone, la oferta futura suele ajustarse y los precios tienden a reaccionar; cuando se acelera la liquidación, ocurre lo contrario, aunque a costa de reducir el rodeo y afectar la disponibilidad posterior. Ese equilibrio, muy sensible a la rentabilidad, el clima y la política macroeconómica, vuelve a estar bajo presión.

Análisis y proyecciones: si la tendencia actual se sostiene, la carne puede transformarse en uno de los rubros más sensibles del segundo semestre. En una economía donde los alimentos tienen peso decisivo en la inflación, cualquier suba sostenida en un bien de consumo masivo como la carne vacuna puede complicar el sendero de desinflación. Al mismo tiempo, la firmeza exportadora actúa como sostén de precios y mejora la rentabilidad del productor, lo que reduce los incentivos a vender rápido. La principal incógnita será si el aumento de kilos por animal y la alta ocupación de feedlots alcanzan para compensar la menor oferta de hacienda, o si el traslado al mostrador termina imponiéndose.

La evolución del sector en los últimos años muestra un cambio claro: después de etapas de fuerte liquidación de stock y de crisis de márgenes, la ganadería empezó a reordenarse alrededor de una señal de precios más favorable. Ese giro benefició la reposición y la recría, pero también endureció el acceso del consumidor a un producto históricamente central en la dieta argentina. En ese marco, la postura de los principales actores pasó de priorizar el volumen disponible a privilegiar la retención y la valorización del animal, una conducta que, si se mantiene, profundizará la presión alcista sobre la carne en los próximos meses.