Pollería en Los Olivos habría servido como fachada para captar jóvenes y reclutarlos para sicariato
La Policía Nacional del Perú investiga a una presunta organización criminal que habría usado una pollería en Los Olivos como fachada para captar jóvenes. El caso expone un patrón cada vez más visible en Lima Norte: negocios formales que encubren redes de reclutamiento para el sicariato.“Una fachada puede ser tan importante como el arma”, repiten desde hace años los especialistas en crimen organizado para describir cómo operan las bandas: primero construyen apariencia de normalidad y luego la convierten en cobertura para delinquir. Bajo esa lógica, una investigación de la Policía Nacional del Perú permitió identificar que una pollería ubicada en el distrito de Los Olivos presuntamente era utilizada por una organización criminal para reclutar jóvenes que, tras ingresar como trabajadores del local, terminaban vinculados al sicariato.
El coronel Jesús Talla De la Cruz, jefe de la Depincri Carabayllo, informó a las cámaras de Exitosa Noticias que el establecimiento comercial habría cumplido un doble propósito: sostener una actividad aparentemente legal y, al mismo tiempo, funcionar como punto de captación de personas que luego eran incorporadas a actividades delictivas.
Como parte de las diligencias, agentes policiales intervinieron el local y hallaron armamento. Según precisó el oficial, también se encontraron armas en el inmueble donde residían algunos de los investigados, elementos que forman parte del conjunto de indicios reunidos durante la operación.
El jefe policial detalló que la organización buscaba principalmente a adolescentes y jóvenes que recién alcanzaban la mayoría de edad. Eran contratados para labores habituales del negocio, como meseros, cocineros u otras funciones operativas, pero según las pesquisas algunos terminaban siendo reclutados para ejecutar asesinatos por encargo.
“Tienen un negocio y lo utilizan como fachada, uno, para captar y otro para poder hacer ver a sus vecinos que se realiza una actividad”, señaló el coronel Jesús Talla De la Cruz al explicar la modalidad que, presuntamente, empleaba la banda investigada.
Las indagaciones también permitieron establecer que el monto ofrecido por cometer un homicidio rondaba los S/2.000. Incluso, ese dinero podía dividirse entre dos participantes cuando ambos intervenían en el crimen.
“El pago es ínfimo para matar a una persona por dos mil soles. Supongamos que se lo dividen entre dos, mil soles cada uno. Esto nos revela que las bandas criminales siguen captando a menores”, afirmó el jefe de la Depincri Carabayllo ante las cámaras del medio.
El caso se conoció pocos días después del asesinato de Britzon Ramos, conductor de una miniván, ocurrido en Carabayllo. De acuerdo con la información policial, dos hombres armados que se movilizaban en motocicleta le dispararon en varias oportunidades. La víctima fue trasladada a un establecimiento de salud de Puente Piedra, donde los médicos certificaron su fallecimiento.
Durante el operativo, la Policía detuvo a varios presuntos integrantes de la organización investigada. Las diligencias buscan establecer el grado de participación de cada uno de los intervenidos y determinar si existe relación con otros hechos de violencia registrados en Lima Norte.
Entre las líneas de investigación figura el presunto vínculo de los detenidos con los asesinatos de gerentes de una ladrillera. No obstante, el coronel Jesús Talla De la Cruz precisó que esa información todavía se encuentra en proceso de verificación y será confirmada o descartada una vez que concluyan las investigaciones correspondientes.
Análisis y proyecciones: este caso encaja en una tendencia conocida en la región: la diversificación de las economías criminales, que ya no dependen solo del tráfico de drogas o la extorsión, sino también de la captación de mano de obra joven para el sicariato. La promesa de dinero rápido, sumada a la precariedad laboral y a la normalización de la violencia en zonas urbanas periféricas, suele facilitar el reclutamiento. Si la hipótesis policial se confirma, el impacto podría extenderse más allá de este local puntual, porque obligaría a reforzar controles sobre negocios aparentemente formales que sirvan de cobertura y a profundizar el trabajo de inteligencia en Lima Norte.
Evolución del fenómeno: en los últimos años, el crimen organizado en Lima y otras ciudades del país ha mostrado una mutación clara: de estructuras más visibles y jerarquizadas hacia redes fragmentadas, con células pequeñas, reclutamiento flexible y uso de espacios comerciales como pantalla. También ha cambiado el perfil de quienes son captados: cada vez con más frecuencia se apunta a adolescentes y jóvenes recién mayores de edad, por su vulnerabilidad económica y por la facilidad para reemplazarlos dentro de estas cadenas delictivas. En ese contexto, la respuesta policial ha tendido a combinar intervenciones inmediatas con líneas de investigación más amplias para conectar estos hechos con asesinatos previos, ajustes de cuentas y disputas territoriales.
La PNP mantiene las pesquisas para esclarecer el funcionamiento de esta presunta red criminal y determinar si el negocio intervenido fue utilizado de manera sistemática para captar jóvenes y facilitar la comisión de delitos en distintos puntos de Lima Norte.





















