Tras el pago de USD 4.500 millones, el mercado mira al Tesoro

Economía cumplió con el pago de USD 4.500 millones en intereses y amortizaciones de Globales y Bonares, y ahora la atención del mercado se centra en la reinversión de esos fondos. La licitación del Bonar 2029 aparece como la nueva pieza clave para definir si los dólares vuelven al sistema o presionan sobre el tipo de cambio.

“El que apuesta al dólar pierde”, dijo alguna vez Lorenzo Sigaut en 1981, una frase que quedó grabada en la historia económica argentina como símbolo de los vaivenes financieros locales. Más de cuatro décadas después, la pregunta vuelve a instalarse en torno a los bonos soberanos: Economía pudo afrontar este jueves USD 4.500 millones en intereses y amortizaciones de Globales y Bonares, y el mercado ya empezó a especular con el destino de esos fondos.

La operación fue superada sin sobresaltos. Los dólares ya estaban depositados en el Banco Central y la capacidad de pago no estaba en duda, por lo que el foco de los inversores pasó rápidamente de la solvencia al comportamiento posterior de los tenedores de deuda.

La lógica que domina entre los operadores es conocida: la reinversión suele comenzar antes del cobro efectivo, no después. En los hechos, el mercado tiende a adelantarse semanas a los vencimientos, especialmente cuando espera que una parte relevante de los fondos vuelva a canalizarse hacia activos soberanos en dólares.

“El pago del 9 de julio no es el evento a seguir. La capacidad de pago no está en discusión, los dólares ya están depositados en el Banco Central y el mercado lo descontó hace rato”, explicó a LPO el asesor financiero Facundo Pascual.

Su lectura coincide con la de Facimex Valores, que relevó que durante los cinco pagos semestrales realizados en la gestión de Javier Milei los Globales subieron en promedio alrededor de 2% en las veinte ruedas previas al cobro y luego se mantuvieron prácticamente estables. Es decir, la costumbre del mercado es comprar con el rumor y no con la noticia.

En este contexto, el salto de casi 5% que registró el dólar en junio reavivó otra discusión de fondo: si la combinación de tasas, cobertura y expectativa de estabilidad empieza a mostrar límites y, con ello, si el carry trade pierde parte de su atractivo.

La novedad de esta ronda, sin embargo, es que aparece un factor que puede alterar el circuito de esos dólares. Apenas seis días después del pago, el Tesoro licitará por primera vez el Bonar 2029 (AO29), un bono en dólares bajo legislación local, con cupón del 6% anual pagadero mensualmente y, en su debut, sin límite de adjudicación.

Para Nicolás Sibecas, de Inversiones Andinas, la señal oficial es clara: “El Tesoro sale a buscar que los bonistas reinviertan lo que cobran, en lugar de que esos dólares salgan del sistema o vayan a otros instrumentos”.

La apuesta tiene una racionalidad financiera evidente. Si una porción importante de los fondos terminara colocándose en el AO29, el Gobierno podría seguir obteniendo financiamiento en dólares dentro del mercado local y evitar, al menos por ahora, una nueva dependencia de Wall Street mientras el riesgo país se mantiene por encima de los 400 puntos.

El antecedente histórico de esta estrategia remite a una vieja tensión de la deuda argentina: cada vez que el Tesoro consigue refinanciarse internamente, gana tiempo y reduce presión externa; pero si el mercado exige premios demasiado altos, el costo de renovar vencimientos termina creciendo y condiciona la sustentabilidad del programa. En la práctica, el acceso al crédito no depende solo de pagar, sino de convencer al inversor de quedarse.

También pesa el horizonte político. El nuevo bono vence en 2029, ya bajo la próxima administración presidencial, lo que obliga a ofrecer un incentivo adicional a una plaza que todavía discrimina entre títulos que caen antes de las elecciones de 2027 y los que se estiran más allá del próximo ciclo político.

Sibecas considera que el AO29 debería rendir cerca del AN29, cuyo retorno ronda el 8,5% anual en dólares, y cree que puede volverse una opción atractiva para inversores minoristas y fondos comunes por su esquema de cupones mensuales.

Incluso así, advierten en el mercado, no necesariamente habrá un rally visible en los Globales. Pascual sostuvo que puede haber reinversión sin una mejora marcada de precios, ya que si el flujo se dirige al AO29, el dinero irá al mercado primario en lugar de seguir comprando los bonos que ya cotizan.

Otro punto de seguimiento será el comportamiento de los inversores extranjeros. Los tenedores locales suelen renovar posiciones con mayor facilidad, pero los fondos del exterior concentran una parte relevante de los cobros y podrían optar por realizar ganancias después de la fuerte compresión del riesgo país observada en los últimos meses.

Desde Insider Finance, Pablo Lazzati coincidió en que gran parte del movimiento ya está reflejado en las cotizaciones. Según explicó, la mayor parte de las consultas gira en torno a recomprar los mismos bonos, como AL30 o AL35.

Sin embargo, Lazzati detecta una diferencia respecto de pagos anteriores: con rendimientos en dólares en la zona del 8% al 10%, algunos inversores comienzan a diversificar hacia instrumentos en pesos ajustados por TAMAR o CER e incluso hacia acciones, en busca de mayores retornos en un escenario donde la deuda soberana ya capturó buena parte de la mejora macroeconómica.

Análisis y proyecciones: el comportamiento de este tramo de deuda sugiere que el mercado está entrando en una fase menos especulativa y más selectiva. Cuando los bonos soberanos ya comprimieron parte importante de sus rendimientos, la continuidad del ciclo depende menos del “trade” de corto plazo y más de la credibilidad fiscal, la acumulación de reservas y la capacidad del Tesoro de renovar vencimientos sin aumentar demasiado el costo financiero. Si la reinversión se vuelca mayormente al AO29, el Gobierno ganará aire y profundizará el financiamiento local; si, por el contrario, prevalece la toma de ganancias o la dolarización, la presión sobre el tipo de cambio y sobre los títulos más largos podría reaparecer con más fuerza.

En la evolución reciente del tema, la postura de los actores principales también cambió. Al inicio de la gestión de Javier Milei, el mercado observaba con cautela la capacidad de pago y la consistencia del programa económico. Con el paso de los meses, y tras varios vencimientos cancelados, el eje se desplazó: hoy ya no se discute tanto si el Gobierno paga, sino qué hace el mercado con esos dólares después de cobrarlos. Los bancos, fondos y minoristas muestran una mayor disposición a permanecer en instrumentos soberanos, aunque con una preferencia creciente por plazos intermedios, instrumentos en pesos o estrategias mixtas que reduzcan exposición al riesgo argentino de muy largo plazo.

En definitiva, el verdadero termómetro del pago de julio no será si los Globales suben algunos puntos más tras el cobro. La señal que seguirá el mercado es otra: cuánto de ese dinero vuelve a financiar al Tesoro, cuánto migra hacia nuevas alternativas de inversión y cuánto decide salir del riesgo argentino para regresar al dólar.