La Cancillería protestó por el paso del HMS Medway
La Argentina presentó una nota formal de protesta ante la Embajada británica por los movimientos del patrullero HMS Medway hacia la costa continental. El Gobierno sostuvo que se trató de una incursión en aguas bajo jurisdicción argentina y reafirmó su reclamo soberano sobre las islas.“No hay victoria sin bandera”, suelen recordar en la historia de las causas nacionales: en este caso, el reclamo por Malvinas volvió a quedar en primer plano tras la consagración deportiva argentina frente a Inglaterra, un contexto que reactivó la discusión política y diplomática en torno al Atlántico Sur.
Pablo Quirno aguardó a que La Scaloneta lograra un triunfo histórico contra Inglaterra en la semifinal de la Copa del Mundo para difundir un comunicado de repudio por el ingreso de un buque inglés en aguas argentinas.
Tras el partido, la Selección exhibió una bandera de reivindicación de la soberanía de las islas, lo que dejó expuesto al Gobierno, que hasta entonces había alineado su posición con la FIFA y el FBI y había enviado a la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, a repudiar la presencia de banderas reivindicativas de las Malvinas en el encuentro.
Además, tal como había adelantado LPO, la Armada informó al ministro de Defensa sobre la presencia inglesa en aguas argentinas, pero Carlos Presti resolvió no hacer declaraciones al respecto.
En ese marco, el resultado del partido terminó forzando a la Cancillería a comunicar que presentó una nota formal de protesta ante la Embajada del Reino Unido por los movimientos del patrullero HMS Medway hacia la costa continental argentina.
Según el Gobierno argentino, esos desplazamientos se realizaron desde las Islas Malvinas, cuya presencia británica considera ilegal, no fueron debidamente notificados, como exigen los acuerdos y declaraciones bilaterales vigentes, e involucraron el tránsito del buque por el Mar Territorial argentino.
El comunicado sostiene que esa conducta constituye una violación de los compromisos bilaterales asumidos por ambos países, entre ellos la Declaración Conjunta del 25 de septiembre de 1991 sobre medidas de confianza, la Declaración de Madrid del 15 de febrero de 1990 y la actualización de esas medidas acordada en la Declaración Conjunta de Buenos Aires-Londres del 12 de julio de 1993, especialmente en el apartado referido a las “Medidas de fortalecimiento de la confianza”.
En otro tramo, la Cancillería rechaza “con firmeza” la incursión militar británica en espacios bajo jurisdicción argentina, la considera parte de una política sostenida de actos unilaterales incompatibles con las resoluciones de las Naciones Unidas y señala que esas acciones violan el deber de ambas partes de abstenerse de modificar la situación mientras la disputa de soberanía permanezca pendiente de solución.
La postura oficial también remarca que los movimientos del HMS Medway contravienen los acuerdos bilaterales sobre medidas de confianza militar y se suman a una serie de acciones unilaterales del Reino Unido que el Gobierno argentino considera incompatibles con la Resolución 31/49 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, que exhorta a no introducir modificaciones unilaterales en la situación de las Islas Malvinas mientras continúe la controversia sobre la soberanía.
El comunicado concluye que estas acciones profundizan las tensiones en el Atlántico Sur, desconocen el mandato reiterado de la comunidad internacional y obstaculizan los esfuerzos argentinos para avanzar hacia una solución pacífica y negociada de la disputa.
La República Argentina reafirma, además, sus legítimos e imprescriptibles derechos de soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes, y cierra con una definición inequívoca: “Por historia, por derecho y por convicción, las Malvinas son argentinas”.
Análisis y proyecciones: El episodio vuelve a mostrar cómo la cuestión Malvinas sigue siendo un eje sensible de la política exterior argentina, aun cuando la relación bilateral con el Reino Unido suele combinar momentos de cooperación práctica con fuertes desacuerdos de fondo. Desde hace años, la estrategia argentina ha oscilado entre la protesta diplomática, la búsqueda de apoyos en foros internacionales y el intento de sostener canales de diálogo que eviten una escalada mayor. En ese marco, cualquier movimiento militar o logístico británico cerca de la zona disputada tiende a ser leído en Buenos Aires como una señal política además de operativa. De cara al futuro, es previsible que el Gobierno intensifique la denuncia formal y refuerce el uso de la vía multilateral, mientras el Reino Unido mantendrá su posición de control efectivo sobre las islas. La persistencia de este patrón sugiere que, más que una resolución cercana, el escenario seguirá marcado por tensiones diplomáticas recurrentes y por el peso simbólico que Malvinas conserva en la agenda pública argentina.
Evolución reciente del tema: En los últimos años, la cuestión Malvinas atravesó una evolución marcada por el regreso del reclamo al centro del discurso oficial argentino, con distintas administraciones enfatizando el carácter irrenunciable de la soberanía pero con estilos diplomáticos diferentes. Mientras algunos gobiernos priorizaron el pragmatismo y la cooperación sectorial con Londres, otros endurecieron el lenguaje y fortalecieron la denuncia internacional. En paralelo, el tema recuperó centralidad en momentos de alta visibilidad pública —como actos deportivos, conmemoraciones o debates en organismos internacionales—, lo que demuestra que, más allá de los gestos protocolares, la disputa sigue siendo un componente estructural de la política exterior argentina y de su memoria histórica.






















