Ishii y Berni presionan en el Senado bonaerense por emergencias y fondos de seguridad
El kirchnerismo buscará llevar al recinto dos proyectos de emergencia impulsados por Mario Ishii, en medio de fuertes tensiones internas con Verónica Magario y el sector de Axel Kicillof. La discusión vuelve a exponer la puja por el manejo de recursos y la responsabilidad provincial en seguridad y salud.“Cuando las urgencias se acumulan, la política deja de discutir abstracciones y se mide por su capacidad de respuesta”. Esa máxima atraviesa de lleno el debate que mañana intentará abrirse en el Senado bonaerense, donde el kirchnerismo buscará aprobar las emergencias alimentaria y sanitaria impulsadas por Mario Ishii, en una nueva escena de la interna peronista.
El plan legislativo se activó en las últimas horas, cuando venció el plazo para que los bloques soliciten el tratamiento de proyectos que requieren una mayoría de dos tercios por no haber pasado por comisión. Según fuentes parlamentarias, el kirchnerismo pidió incorporar las dos iniciativas del intendente de José C. Paz, en las que se enumeran distintas falencias de la gestión provincial.
La jugada, sin embargo, choca con un escenario numérico adverso. Sergio Berni no reúne hoy los votos necesarios para avanzar con esas iniciativas con mayoría especial, mientras que los senadores alineados con Axel Kicillof no acompañan el planteo de Ishii. En paralelo, la oposición reclama modificaciones y, en particular, sectores libertarios estarían dispuestos a respaldar los textos si se eliminan las críticas al gobierno nacional.
La discusión no es nueva dentro del peronismo bonaerense. En la última sesión, el malestar quedó expuesto con crudeza y volvió a marcar diferencias entre referentes del mismo espacio. La tensión entre Ishii, Berni y la conducción de la Cámara, encabezada por Verónica Magario, dejó en evidencia que la disputa ya no es solo por el contenido de las emergencias, sino también por quién fija la agenda política en el recinto.
Otros legisladores, como Marcelo Leguizamón (Hechos-UCR), insisten en que los proyectos deberían debatirse en comisión. Su argumento es que las emergencias, en los hechos, habilitan al Poder Ejecutivo a reacomodar partidas presupuestarias, una herramienta sensible en tiempos de estrechez fiscal y de fuerte presión sobre el gasto público.
En ese contexto, la decisión de avanzar en las reuniones previas a la sesión supone que tanto Ishii como Berni buscarán exponer sus posiciones el jueves en el recinto. El movimiento también refleja una lógica recurrente en la Legislatura bonaerense: cuando no hay consenso para el trabajo en comisión, la sesión se transforma en el principal escenario de presión política.
A fines de junio, Ishii y Berni ya habían chocado con dureza con Magario por estos mismos proyectos. “El gobernador no quiso que se trate sobre tablas”, acusó entonces Ishii, al sostener que el giro a comisión “dilata” un tema que, según su visión, “no puede esperar”.
En esa oportunidad, el jefe comunal de José C. Paz también apuntó contra la situación sanitaria en el Conurbano. “Yo invité al gobernador a que camine un poco por el Conurbano, dos o tres veces, para que vea cómo están desbordados los hospitales y la falta de insumos que hay. No lo ha hecho”, afirmó, en uno de los pasajes más tensos del debate.
Magario intervino entonces para recordar que se habían agotado los cinco minutos reglamentarios previstos para exposiciones de temas no acordados en Labor Parlamentaria. Ishii reclamó seguir hablando porque, dijo, se trataba de asuntos que involucraban a todos, pero la presidenta del Senado le respondió que el tiempo había concluido. El intercambio terminó con el micrófono cortado y con la frase del paceño: “Esto es más importante que todos los proyectos que se han presentado”.
En paralelo a esta pulseada, Ishii avanzó en las últimas horas con otro proyecto de alto impacto político: propone que el Ministerio de Seguridad de la provincia absorba los gastos de patrulleros y combustible que hoy afrontan los intendentes. La iniciativa apunta a cubrir esos costos cuando el Fondo Municipal de Fortalecimiento de la Seguridad resulte insuficiente, de modo que sea la Provincia la que se haga cargo de sostener el esquema “sin que pueda imponerse a los municipios la obligación de afectar recursos propios”.
El texto fundamenta esa postura en una interpretación clásica del federalismo provincial: sostiene que la seguridad pública es una competencia propia y exclusiva del gobierno bonaerense. Recuerda, además, que la Constitución atribuye al Poder Ejecutivo la conducción de la Policía y que la ley 12.154 establece de manera expresa que la seguridad pública es responsabilidad exclusiva del Estado provincial.
Análisis y proyecciones: el trasfondo de estas iniciativas excede la coyuntura parlamentaria. En la provincia de Buenos Aires, las emergencias suelen funcionar como una herramienta para acelerar decisiones administrativas en contextos de crisis, pero también abren una discusión recurrente sobre controles, discrecionalidad y distribución de recursos. Si prospera el planteo de Ishii, la Provincia podría quedar más comprometida financieramente en áreas donde los municipios vienen denunciando sobrecarga operativa; si fracasa, se profundizará la tensión entre los intendentes del Conurbano y la administración de Kicillof. En seguridad, además, la discusión vuelve a exhibir una tendencia de largo plazo: los gobiernos locales reclaman más recursos ante una demanda ciudadana creciente, mientras la responsabilidad formal sigue concentrada en la órbita provincial.
Evolución reciente del conflicto: en los últimos años, la relación entre la conducción provincial y varios intendentes del peronismo se volvió más áspera por la combinación de crisis fiscal, inseguridad y presión sanitaria heredada de la pandemia. En ese recorrido, Ishii se consolidó como una voz crítica dentro del oficialismo bonaerense, con una agenda marcada por la demanda de más fondos y una mayor respuesta territorial. Berni, por su parte, mantuvo una impronta de confrontación y exposición pública que lo convirtió en un actor central de las discusiones sobre seguridad. Magario, en cambio, quedó ubicada en el rol de ordenadora institucional del Senado, con la tarea de contener choques que ya no son solo procedimentales, sino también políticos. El resultado es una interna peronista que, lejos de cerrarse, parece reacomodarse en cada sesión según el reparto de poder, la urgencia de los temas y la disponibilidad de votos.






















