Bullrich frenó en el Senado la ley sobre propiedad privada por falta de votos
La sesión de este jueves terminó en un cuarto intermedio tras quedar en evidencia que el oficialismo no reunía los votos necesarios. El proyecto de Inviolabilidad de la Propiedad Privada volvió a trabarse en medio de internas y reproches cruzados.“La propiedad es un derecho inviolable”, establece la Declaración Universal de los Derechos Humanos desde 1948, una referencia que vuelve a escena cada vez que la política argentina discute límites, garantías y control estatal sobre la tierra. En ese marco, el Senado quedó este jueves en el centro de una nueva pulseada por el proyecto de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, cuyo capítulo sobre extranjerización de tierras volvió a exhibir las dificultades del oficialismo para reunir apoyos.
Patricia Bullrich pidió un cuarto intermedio en la sesión del Senado porque al Gobierno le faltaban votos para conseguir la media sanción del proyecto. La jefa del bloque libertario hizo la moción ante Victoria Villarruel, con quien había mantenido un cruce por WhatsApp antes del debate, alrededor de las 15. El gesto generó una reacción inmediata del peronismo, que respondió con aplausos contenidos al advertir la fragilidad parlamentaria de la iniciativa.
En los hechos, Bullrich terminó asumiendo el costo político de la falta de alineamiento de los aliados. Con las ausencias de Carlos “Camau” Espínola y de las chubutenses Edith Terenzi y Andrea Cristina, el oficialismo no logró asegurar el acompañamiento de los dos senadores misioneros, de los tres integrantes de Convicción Federal ni de los radicales Maximiliano Abad y Flavio Fama. Sin esos respaldos, la propuesta quedó sin la base necesaria para avanzar.
El tramo más controvertido del texto ya acumula 15 versiones de reescritura por la falta de consenso y se encuentra muy lejos de la redacción original dictaminada en comisión. Esa deriva legislativa refleja un patrón conocido en proyectos sensibles sobre tierras y soberanía regulatoria: cuanto más ambiciosa es la letra inicial, más difícil resulta sostener una coalición estable para aprobarla en el recinto.
Según admitieron en Casa Rosada, la jugada de Bullrich fue apresurada. Le atribuyeron el “atropello” de haber intentado avanzar sin contar con los votos y resumieron la situación con una frase lapidaria: “Bullrich se tiró a la pileta y no tenía los votos”. El malestar interno también deja ver una dinámica que se viene repitiendo en la relación entre el Ejecutivo, sus interlocutores parlamentarios y los sectores más pragmáticos de la oposición dialoguista.
Sobre la hora, ya con la sesión iniciada, Santiago Caputo se comunicó por WhatsApp con Patricia Bullrich para ofrecerle ayuda ante el rumor de un nuevo traspié, en un contexto en el que ya se hablaba de que era la tercera vez que el proyecto de Inviolabilidad de la Propiedad Privada se caía en el recinto. Para entonces, también circulaba la posibilidad de que los aliados propusieran volver a tratar el tema en comisión, pero la ex ministra optó por pedir el cuarto intermedio.
La decisión fue celebrada por el peronismo, que leyó la maniobra como una confirmación de la debilidad parlamentaria del oficialismo y, en particular, de la derrota política de Bullrich y de Federico Sturzenegger, señalado como el supuesto autor de la iniciativa. En un Senado fragmentado, donde cada voto cuenta, la escena volvió a mostrar que los proyectos de alto impacto ideológico suelen depender menos del impulso político que de la ingeniería fina de las alianzas.
Análisis y proyecciones: el episodio refuerza una tendencia que se consolidó en los últimos años en la política argentina: la dificultad para convertir en ley iniciativas que tocan temas sensibles como tierras, propiedad privada y potestades regulatorias. Cuando un proyecto nace con fuerte impronta doctrinaria, pero sin acuerdos previos sólidos, suele quedar expuesto a cambios sucesivos, demoras y costos internos. A futuro, si el oficialismo insiste con la misma estrategia, es probable que deba elegir entre moderar el texto para ampliar apoyos o resignarse a nuevas trabas en el recinto.
Evolución del tema: en el debate argentino sobre propiedad y tierras, la tensión entre protección de derechos individuales, interés nacional y regulación sobre capital extranjero no es nueva, pero en esta etapa volvió a adquirir centralidad por la agenda reformista del oficialismo. La postura de los actores también se fue reacomodando: mientras algunos aliados acompañan sólo parcialmente y con reservas, otros bloques aprovechan las fisuras para marcar límites políticos. En ese tablero, la iniciativa pasó de una formulación más rígida a una serie de reescrituras que evidencian la necesidad de construir consensos más amplios antes de intentar una nueva votación.





















