El riesgo país encontró un piso y crece la cautela
La baja del riesgo país fue uno de los hitos financieros del primer semestre, pero el indicador se estabilizó por encima de los 400 puntos y cambió el tono entre bancos y consultoras. Ahora, la discusión pasa por la capacidad del Gobierno para sostener reservas y evitar que ese nivel se consolide como piso.“La confianza de los mercados no se decreta: se construye con reservas, credibilidad fiscal y acceso sostenido a financiamiento”, suele resumir la lógica que domina a los bonos soberanos. En ese marco, la fuerte compresión del riesgo país que exhibió la Argentina en el primer semestre parece haber entrado en una etapa de pausa, con un mercado mucho más selectivo y menos entusiasmado que hace unos meses.
La baja del riesgo país fue uno de los principales logros financieros que mostró el Gobierno durante la primera mitad del año. Sin embargo, después de acercarse a los 400 puntos básicos, el indicador habría encontrado un piso. En las últimas semanas se mantuvo por encima de ese umbral y, entre bancos y consultoras, comenzó a instalarse una nueva lectura: la compresión del riesgo argentino podría haber agotado gran parte de su recorrido.
El cambio de clima ya se refleja en los informes que circulan entre los operadores. Si hasta hace algunos meses predominaban las recomendaciones de comprar bonos soberanos apostando a una caída más marcada del riesgo país, ahora las sugerencias son más prudentes. La percepción dominante es que buena parte de las buenas noticias ya fue incorporada por los precios.
Tomás Sisto Bourel, del área de research de Fortress Capital, considera que todavía queda margen para una baja adicional, aunque más acotada. “Existe margen para que el indicador converja hacia niveles de 350-400 puntos básicos, en línea con otros mercados de la región. Sin embargo, la materialización de este escenario continúa dependiendo, en gran medida, de un contexto internacional más favorable”, señaló.
Al mismo tiempo, advirtió que “los bonos soberanos comienzan a exhibir una relación riesgo-retorno menos atractiva”, por lo que recomendó reducir gradualmente la exposición en los perfiles conservadores y moderados.
Caputo pudo tomar USD 400 millones de deuda pero tuvo que pagar tasas de “riesgo de default”.
En los mercados, las mejoras de calificación por parte de Fitch y S&P habían sido leídas como señales favorables para la deuda argentina. El Gobierno, además, esperaba un gesto de MSCI que acercara al país a una futura reclasificación. Pero esas novedades no alcanzaron para que el riesgo país perforara de forma sostenida los 400 puntos.
Por el contrario, MSCI decidió mantener a la Argentina en la categoría de “standalone”, fuera incluso de los mercados de frontera. La decisión fue interpretada por los operadores como una señal de que todavía persisten dudas sobre las condiciones financieras y sobre la capacidad de acceso de los capitales internacionales al mercado local.
“Se terminó dando esta correlación que varios economistas venimos advirtiendo. Era importante que subieran las reservas para que bajara el riesgo país, y eso finalmente pasó”, explicó a LPO Martín Burgos, director de la consultora Lado B.
De todos modos, el economista advirtió que esa dinámica podría empezar a revertirse en la segunda parte del año. “Las reservas subieron en el primer semestre, que históricamente siempre suele ser bueno por los dólares que entran por la cosecha. El segundo semestre es más importaciones que exportaciones y el mercado descuenta que eso va a afectar las reservas. Por eso el riesgo país no baja más: el mercado desconfía de la capacidad de pago de un país que probablemente vaya a disminuir reservas”, sostuvo.
Ese diagnóstico también ayuda a entender otra decisión oficial: pese a la mejora de los indicadores financieros, el equipo económico insiste en que no tiene previsto volver a emitir deuda en los mercados internacionales y continúa privilegiando el financiamiento de organismos multilaterales.
El programa financiero presentado por Luis Caputo para 2026 y 2027 prevé cubrir buena parte de las necesidades de financiamiento con desembolsos de organismos como el BID y el Banco Mundial, además de otras fuentes oficiales, en lugar de apostar por una reapertura de los mercados voluntarios de deuda. La estrategia parece reconocer, implícitamente, que con un riesgo país estabilizado por encima de los 400 puntos el costo de una colocación internacional todavía sigue siendo elevado.
Análisis y proyecciones: en la práctica, el riesgo país funciona como un termómetro de confianza que sintetiza varias variables al mismo tiempo: reservas, disciplina fiscal, tipo de cambio, contexto externo y capacidad política para sostener un programa económico. En América Latina, una convergencia hacia niveles de 350 a 400 puntos puede abrir la puerta a mejores condiciones de financiamiento, pero no garantiza por sí sola el regreso pleno a los mercados. Si en el segundo semestre se debilita la acumulación de divisas, la presión sobre los bonos podría aumentar y volver a encarecer cualquier intento de financiamiento externo. En cambio, si el Gobierno logra sostener reservas y consolidar expectativas, el mercado podría aceptar una nueva baja gradual, aunque probablemente más lenta que la observada al inicio del año.
Evolución reciente del tema: en los últimos años, la deuda argentina pasó de episodios de fuerte stress y reestructuración a una etapa de reconstrucción muy gradual de credibilidad. La mejora de algunos indicadores financieros en 2024 y 2025 se apoyó sobre todo en señales de ajuste fiscal, mayor acumulación de reservas y expectativas de normalización macroeconómica. Sin embargo, la postura de los actores del mercado se volvió más exigente: ya no alcanza con mostrar avances iniciales, sino que se demanda continuidad, previsibilidad y consistencia entre el frente externo y el fiscal. En ese marco, el Gobierno pasó de intentar vender una rápida mejora del acceso al crédito a adoptar una posición más conservadora, apoyándose en organismos multilaterales y evitando, por ahora, una emisión internacional que podría resultar costosa.
En ese escenario, la discusión entre los operadores dejó de centrarse en cuánto más puede bajar el riesgo país y pasó a enfocarse en si el Gobierno logrará sostener la acumulación de reservas durante un segundo semestre que históricamente trae menos ingreso de divisas y una mayor demanda de dólares. De esa respuesta dependerá si el riesgo argentino logra finalmente perforar el piso de los 400 puntos o si ese nivel termina consolidándose como un límite difícil de quebrar para la deuda soberana.






















