Bullrich consiguió el quórum en el Senado para tratar la propiedad privada
Patricia Bullrich reunió 37 senadores y logró abrir la sesión para tratar el proyecto de inviolabilidad de la propiedad privada, con el capítulo sobre la extranjerización de la tierra. La previa estuvo marcada por cruces internos, negociaciones al límite y apoyos clave de aliados provinciales.“La política es el arte de lo posible”, suele repetirse desde hace más de un siglo en la tradición parlamentaria, y este jueves esa máxima volvió a quedar a la vista en el Senado: Patricia Bullrich consiguió reunir 37 legisladores para habilitar la sesión en la que se debate el proyecto de inviolabilidad de la propiedad privada, con especial atención en el capítulo referido a la extranjerización de la tierra.
El Gobierno logró abrir el recinto con la presencia de los 21 senadores de La Libertad Avanza, los 10 radicales, los macristas Martín Göerling Lara y María Victoria Huala, además de los misioneros Carlos Omar Arce y Sonia Rojas Decut, la neuquina Julieta Corroza y la salteña Flavia Royon.
En la práctica, además del oficialismo, la UCR y el PRO de Mauricio Macri, la sesión fue sostenida por alineamientos provinciales y por el peso de dirigentes vinculados a los armados de Carlos Rovira, Gustavo Sáenz y Rolando Figueroa.
La jornada llegó atravesada por una fuerte interna en la cúpula oficialista. En la previa, Bullrich mantuvo una áspera discusión por WhatsApp con Victoria Villarruel, quien advirtió sobre el costo político de habilitar una media sanción a la enajenación de territorio argentino apenas un día después del triunfo de la Selección de Lionel Messi frente a Inglaterra.
Ese contrapunto, que desde el entorno de Bullrich se ocuparon de difundir, también impactó en los aliados habituales de la Casa Rosada. Los tres senadores de Convicción Federal —Carolina Moisés, Guillermo Andrada y Sandra Mendoza— se negaron a facilitar el quórum al oficialismo.
Ese bloque responde a los gobernadores Raúl Jalil, Osvaldo Jaldo y Gustavo Sáenz, mandatarios que suelen aportar respaldos legislativos a las iniciativas impulsadas por Javier Milei. Según fuentes parlamentarias, Bullrich intentó presionar hasta el final a Moisés, pero la senadora jujeña se mantuvo firme en su negativa.
Como sea, los libertarios alcanzaron el quórum cerca de las 12:20 y debieron aguardar algunos minutos hasta que Villarruel ocupó la presidencia de la sesión para dar inicio formal al debate. La escena dejó en evidencia que la Vicepresidenta no estaba alineada con el temario, una postura que ya había quedado expuesta en su pulseada interna con Bullrich.
Minutos antes de que cesara la chicharra, se vio salir del despacho de la Vicepresidencia a Sonia Rojas Decut y Julieta Corroza, mientras un grupo de radicales ingresaba al recinto apenas segundos antes de que lo hiciera Bartolomé Abdala. El senador puntano se reservó el ingreso final a su banca para asegurar el número exacto de 37 necesarios para habilitar la sesión.
Durante gran parte de la mañana, el oficialismo vivió con tensión el conteo de adhesiones. Incluso después de una reunión que Bullrich mantuvo con su bloque en su despacho, el fueguino Agustín Coto y el chaqueño Juan Cruz Godoy recorrían el recinto haciendo cálculos, porque el tiempo pasaba y el número requerido seguía sin aparecer con claridad.
En los palcos también se observó al vicejefe de Gabinete Ignacio Devitt. A su lado, un integrante de su equipo anotaba uno por uno a los senadores que se sentaban en sus bancas, marcando con birome una lista impresa con los nombres de cada legislador para informar luego a Karina Milei quiénes habían dado el presente.
Análisis y proyecciones. La escena confirma una dinámica que se consolidó en la política argentina de los últimos años: la dependencia del oficialismo nacional respecto de acuerdos transversales, especialmente con gobernadores y bloques provinciales. En el Senado, donde las mayorías suelen ser frágiles, el quórum no solo refleja disciplina partidaria sino también la capacidad de tejer alianzas coyunturales. En este caso, la discusión sobre propiedad privada y extranjerización de la tierra toca una fibra sensible del debate argentino, históricamente atravesado por tensiones entre soberanía territorial, inversión extranjera y desarrollo productivo. Si el Gobierno logra sostener apoyos heterogéneos, podría avanzar en su agenda con menor costo inmediato; sin embargo, la exposición pública de las diferencias entre Bullrich y Villarruel también exhibe un problema de coordinación interna que puede complicar futuras negociaciones legislativas.
Evolución del escenario político. En los últimos años, el Congreso pasó de una lógica de bloques más rígidos a un esquema de mayor fragmentación, donde las provincias y los liderazgos territoriales ganaron centralidad. En ese contexto, figuras como Sáenz, Jalil, Jaldo o Figueroa adquirieron capacidad de arbitraje, porque sus votos pueden definir la suerte de una sesión. A la vez, el oficialismo libertario mostró una evolución clara: de apoyarse casi exclusivamente en su núcleo duro pasó a depender, cada vez más, de acuerdos puntuales para destrabar el recinto. La tensión entre Bullrich y Villarruel, además, refleja una disputa más amplia sobre el estilo de conducción y el control de la agenda parlamentaria, un factor que seguirá marcando el ritmo del Gobierno en el Senado.






















