Finanzas refinanció 183% de los vencimientos y volvió al dólar
El Gobierno obtuvo una colocación muy superior a los vencimientos de la semana y estiró el perfil de la deuda en pesos hasta 2028. Además, volvió a emitir un bono en dólares bajo ley argentina, aunque la demanda quedó por debajo de la meta oficial.“La historia de la deuda soberana argentina está marcada por la búsqueda permanente de refinanciación”, una frase que condensa décadas de estrés financiero y ayuda a leer la última licitación del Tesoro como un alivio, aunque todavía parcial. En una subasta express realizada antes de la semifinal del Mundial, la Secretaría de Finanzas consiguió renovar con amplitud los compromisos de la semana, absorber pesos del mercado y volver a tantear el apetito por instrumentos en dólares bajo ley local.
El Gobierno logró este miércoles una bocanada de aire para su programa financiero. En una licitación exprés realizada hasta las 13, en la previa de la semifinal del Mundial, la Secretaría de Finanzas renovó el 183% de los vencimientos de la semana, estiró el perfil de la deuda en pesos hasta 2028 y volvió a salir al mercado con un bono en dólares bajo ley argentina. El resultado le permitió absorber liquidez y mostrar que conserva capacidad para refinanciar sus compromisos.
Según informó el Palacio de Hacienda al cierre de la colocación, la Secretaría de Finanzas adjudicó un total de $5,44 billones, sobre ofertas por $8,45 billones. De ese modo, el rollover alcanzó 183,12% sobre los vencimientos del día. En términos prácticos, el Tesoro no solo cubrió los pagos inmediatos, sino que además retiró de circulación alrededor de $2,4 billones adicionales, contribuyendo a achicar la cantidad de pesos en la plaza.
La licitación se estructuró con un menú mixto. Por un lado, incluyó instrumentos en moneda local; por el otro, sumó una nueva emisión de un Bonar en dólares regido por ley argentina. Todo se resolvió en una ventana horaria reducida, con el mercado siguiendo de cerca tanto la definición financiera como el desenlace deportivo que vendría horas después.
El resultado despejó sin sobresaltos vencimientos por unos $3 billones y, al mismo tiempo, permitió extender plazos hacia finales de 2026, 2027 y 2028. En la práctica, Finanzas logró mover hacia adelante el calendario de pagos y, a la vez, reducir el excedente de liquidez circulante. En la dinámica de la deuda pública, ese doble efecto suele ser clave: menos presión inmediata sobre la caja y más tiempo para administrar el financiamiento futuro.
Entre los instrumentos en pesos, el Tesoro convalidó una tasa efectiva anual de 25,59% para la reapertura de la letra capitalizable con vencimiento en noviembre de 2026, equivalente a una tasa efectiva mensual de 1,92%. También reabrió el bono CER con vencimiento en marzo de 2028, con un rendimiento de 8,07% anual más inflación, y un bono a tasa variable con vencimiento en agosto de 2028, que pagará TAMAR más un margen de 8,06%.
La apuesta más sensible, sin embargo, estuvo del lado de los dólares. Finanzas emitió un nuevo Bonar 2029 (AO29), con cupón del 6% y tasa efectiva del 8,29%, con el objetivo de volver a captar divisas en el mercado local para afrontar los vencimientos de deuda. El papel obtuvo suscripciones por USD 470 millones: un resultado razonable para una primera emisión, aunque por debajo de la meta oficial, que buscaba reunir hasta USD 2.000 millones.
En el mercado, la lectura no se limitó al volumen colocado. Desde Balanz señalaron que la tasa resultante “es similar a la que obtenemos utilizando un modelo de probabilidad de default, con las probabilidades implícitas de la curva de Globales y el recovery implícito de los Bonares”. En otras palabras, el precio que debió aceptar el Tesoro terminó alineado con el riesgo que hoy el mercado asigna a la deuda argentina.
La sociedad de Bolsa añadió que esas condiciones implican un spread cercano a 150 puntos básicos respecto de la curva de los bonos Globales. También advirtió que el AO29 puede resultar atractivo para quienes tengan la posibilidad de transferir el bono a cuentas del exterior y cobrar los cupones vía contado con liquidación. Para quienes no puedan hacer esa operatoria, sostuvieron, el atractivo es bastante menor.
Análisis y proyecciones: La operación deja una señal doble. Por un lado, confirma que el Tesoro conserva margen para rollear deuda en pesos con éxito y hasta mejorar su posición de caja en el corto plazo. Por el otro, expone que el regreso al mercado en dólares todavía exige tasas elevadas para atraer demanda, algo consistente con la larga historia argentina de desconfianza soberana y con la prima de riesgo que suele exigir el mercado ante episodios de fragilidad macroeconómica. Si el Gobierno logra sostener la absorción de liquidez y reducir la incertidumbre nominal, podría consolidar una curva en pesos más ordenada; pero la posibilidad de volver a financiarse en dólares en mejores condiciones dependerá de la evolución de reservas, inflación, expectativas de devaluación y consistencia del programa económico.
Evolución reciente del tema: En los últimos años, la estrategia de deuda en pesos del Estado se volvió un eje central de la administración financiera, especialmente en un contexto de restricciones para acceder al mercado internacional. La tendencia fue empujando al Tesoro a ofrecer instrumentos cada vez más diversos —ajustados por CER, a tasa fija o variable— para estirar plazos y evitar concentraciones de vencimientos. En ese marco, el regreso a una colocación en dólares bajo ley local marca un intento de reconstruir confianza en el mercado doméstico, aunque con rendimientos todavía muy exigentes. La postura de los actores también se fue endureciendo: el Gobierno privilegia el financiamiento interno y la administración fina de liquidez, mientras que los inversores siguen pidiendo cobertura, premio por riesgo y ventanas de salida claras.
























