Gus, el T. rex récord que cambió la historia de las subastas

Un fósil que vivió hace 67 millones de años volvió a hacer historia: el esqueleto de Gus, uno de los Tyrannosaurus rex más completos conocidos, se vendió en Nueva York por US$50,1 millones. La cifra lo convirtió en el fósil más caro jamás subastado.

“Los dinosaurios no están muertos; simplemente se fueron antes”, dijo alguna vez el paleontólogo Robert Bakker, una frase que resume el asombro que sigue despertando cada gran hallazgo. Ese misterio volvió a quedar en evidencia este martes, cuando el esqueleto de Gus, uno de los Tyrannosaurus rex más grandes y completos descubiertos hasta ahora, fue vendido por US$50,1 millones en una subasta de Sotheby’s en Nueva York.

La cifra superó ampliamente la valuación inicial de US$30 millones y, en apenas 10 minutos de pujas, convirtió al ejemplar en el fósil más caro de la historia. Gus vivió hace 67 millones de años y fue descubierto en 2021 en un rancho de Dakota del Sur. Su excavación se extendió entre 2021 y 2023.

El esqueleto mide cerca de 12 metros de largo y casi cuatro metros de alto. Conserva una marca de mordedura en el cráneo, además de otras lesiones atribuidas, en gran medida, a combates. Ese tipo de señales resulta especialmente valioso para la paleontología, porque permite reconstruir no solo la anatomía de un animal extinto, sino también aspectos de su comportamiento, competencia por recursos y posibles enfrentamientos entre individuos de la misma especie.

La subasta formó parte de la denominada “Geek Week” de Sotheby’s, una serie de remates especializados que también incluyó trilobites provenientes de Marruecos, restos de reptiles marinos hallados en Alemania y un nido de dinosaurio encontrado en Montana. En los últimos años, este tipo de ventas ha ganado notoriedad entre coleccionistas y museos, en un mercado donde la rareza, la integridad del ejemplar y su relevancia científica elevan de manera decisiva los precios.

El monto alcanzado por Gus superó el récord que hasta entonces tenía Apex, un Stegosaurus vendido por Sotheby’s en 2024 por US$44,6 millones. También dejó atrás a Stan, un Tyrannosaurus rex subastado por Christie’s en 2020 por US$31,8 millones, que hoy integra la colección del Museo de Historia Natural de Abu Dhabi.

El fósil fue bautizado en honor a Gary “Gus” Licking, dueño del rancho donde se realizó el hallazgo. Licking murió en 2022, poco después de que comenzaran las excavaciones.

Un esqueleto muy completo

Según informó Sotheby’s, el ejemplar conserva 183 elementos óseos fosilizados y 30 de las 32 gastralias, las llamadas costillas abdominales. El esqueleto representa aproximadamente el 61% del total del animal, aunque reúne entre el 75% y el 80% de la masa ósea, ya que se preservaron las piezas de mayor tamaño.

Entre sus rasgos más sobresalientes aparece un cráneo excepcionalmente conservado, con cerca del 82% de sus huesos, incluidas las seis series dentarias. También conserva una rara pareja de húmeros, una furcula, ambos pies en excelente estado, la pelvis completa y gran parte de su columna vertebral. En términos científicos, este nivel de preservación es poco frecuente y suele ser determinante tanto para la investigación como para la exhibición museística.

La crítica de los paleontólogos

Antes de la venta, distintos especialistas expresaron su preocupación por el destino del ejemplar. “No es incorrecto reconocer el valor del trabajo y la inversión necesarios para recuperar y preparar estos grandes fósiles —comenta el paleontólogo Simone Maganuco, colaborador del Museo de Historia Natural de Milán—, pero existe el riesgo de que queden fuera del ámbito del estudio científico y de la exhibición pública. Quizás, si los precios fueran más bajos, muchos más museos podrían figurar entre los posibles compradores”.

En la misma línea, el paleontólogo Filippo Bertozzo advirtió: “La subasta podría suponer una gran pérdida científica; esperemos que el comprador done el fósil a una institución pública”.

El investigador agregó que ejemplares únicos como Gus pueden aportar una enorme cantidad de datos científicos, pero subrayó que, si se conservan en el domicilio particular de un comprador privado, pierden parte de ese valor. “Las revistas científicas especializadas no aceptan estudios basados en ejemplares que no se encuentren en una institución pública”, remarcó, en alusión a una norma no escrita pero ampliamente extendida en el mundo académico: el acceso, la verificación y la conservación institucional siguen siendo claves para que un hallazgo tenga impacto duradero en la ciencia.

Análisis y proyecciones

La venta de Gus confirma una tendencia que se consolidó en la última década: los fósiles excepcionales dejaron de ser solo objetos de estudio para transformarse también en activos de altísimo valor en el mercado internacional. Esto abre una tensión conocida entre la lógica comercial y el interés público. Por un lado, las subastas privadas financian excavación, preparación y restauración; por el otro, pueden limitar el acceso de investigadores y del público general a piezas irrepetibles.

Si el comprador decide mantener el esqueleto en una colección privada, el caso podría reavivar los reclamos para que museos, fundaciones o instituciones académicas obtengan mayor capacidad de compra o mecanismos de resguardo. En cambio, si el fósil termina donado o cedido a una entidad pública, el resultado podría convertirse en un precedente favorable para la divulgación científica. En cualquier escenario, el interés por estos ejemplares sugiere que la “fiebre” por los grandes dinosaurios seguirá creciendo mientras continúen apareciendo piezas con alto grado de preservación y fuerte atractivo mediático.

Evolución del mercado y del debate científico

En los últimos años, el mercado de dinosaurios de gran porte pasó de ser una rareza casi anecdótica a un segmento de lujo con fuerte visibilidad internacional. La venta de Stan en 2020 marcó un punto de inflexión, y luego el récord de Apex en 2024 confirmó que la demanda seguía en ascenso. Hasta la aparición de Gus, cada nuevo remate parecía correr el límite un poco más arriba.

Al mismo tiempo, la postura de los paleontólogos se volvió más insistente respecto de la necesidad de preservar el acceso público. Lejos de rechazar el coleccionismo en sí, muchos especialistas reclaman marcos que prioricen la documentación, el estudio y la disponibilidad en museos. La discusión, en definitiva, ya no gira solo en torno al precio, sino también a quién debe custodiar el patrimonio de un pasado que pertenece a toda la humanidad.

Tras finalizar la subasta, Sotheby’s no informó la identidad del comprador ni el destino que tendrá el fósil. La venta de Gus se suma así a una tendencia registrada en los últimos años: los cinco dinosaurios más caros vendidos en subastas fueron comercializados durante los últimos seis años, reflejando el creciente interés del mercado internacional por este tipo de piezas paleontológicas.

ANSA