EE. UU. intensifica sus ataques contra Irán en el golfo Pérsico
Washington afirmó haber completado una nueva oleada de bombardeos sobre la isla de Tumb Mayor, con el objetivo de degradar la capacidad iraní de atacar la navegación comercial. Teherán, en tanto, denunció más de 30 civiles muertos en los últimos días.«Quien controla el estrecho de Ormuz, controla el flujo del mundo»: la advertencia, atribuida durante décadas a estrategas energéticos y militares, vuelve a cobrar vigencia en medio de una nueva escalada entre Estados Unidos e Irán. En ese marco, el Ejército estadounidense informó este miércoles que completó una nueva oleada de ataques contra Irán, centrada en la isla de Tumb Mayor, con el propósito de debilitar las capacidades militares que, según Washington, se usan para hostigar la navegación en esa zona clave del golfo Pérsico.
El Mando Central de Estados Unidos (CENTCOM) señaló en redes sociales que sus fuerzas iniciaron una serie de ataques orientados a «debilitar aún más» las capacidades militares iraníes empleadas para agredir a buques mercantes en el estrecho de Ormuz. Horas más tarde, precisó que la ronda se extendió durante 90 minutos y que en la operación se utilizaron municiones de precisión contra sistemas de defensa costera, depósitos y emplazamientos de lanzamiento de misiles de crucero.
La isla de Tumb Mayor, ubicada en la parte oriental del golfo Pérsico, es además un territorio disputado entre Irán y Emiratos Árabes Unidos, lo que añade un componente geopolítico adicional a una región históricamente sensible por su valor estratégico, energético y militar. El CENTCOM sostuvo que los bombardeos redujeron aún más la capacidad de Irán para atacar la navegación comercial en el estrecho de Ormuz, uno de los principales corredores marítimos del planeta.
Washington retomó en los últimos días su campaña militar contra Irán con numerosos bombardeos sobre territorio iraní y, al mismo tiempo, volvió a imponer un bloqueo naval contra los puertos y costas del país centroasiático. La ofensiva se produce en medio del repunte de las tensiones, después de que la Casa Blanca diera por roto el acuerdo preliminar firmado en junio para un alto el fuego. Ese quiebre reabrió un escenario de presión cruzada que recuerda otros momentos de máxima fricción en la relación bilateral, atravesada durante años por sanciones, choques regionales y disputas sobre la proyección militar iraní.
Desde la perspectiva histórica, el estrecho de Ormuz ha sido uno de los puntos más delicados del sistema energético mundial: por allí circula una parte sustancial del petróleo transportado por mar, por lo que cualquier interrupción tiene efectos inmediatos sobre los mercados y sobre las rutas comerciales internacionales. Por eso, cada incremento de tensión en esa franja suele generar reacción no solo militar, sino también diplomática y económica, con seguimiento especial de las potencias occidentales y de los países del Golfo.
Las autoridades iraníes, en tanto, denunciaron la muerte de más de 30 civiles «en los ataques de los últimos días contra el sur del país». La portavoz del Gobierno, Fatemé Mohajerani, afirmó que «el sur de Irán es el corazón palpitante de esta patria» y agregó que «el sur de Irán es el alma de Irán», aunque no ofreció un detalle preciso sobre víctimas, zonas afectadas ni el alcance completo de los bombardeos atribuidos a Estados Unidos.
Análisis y proyecciones: La intensificación de los ataques sugiere que ambas partes han entrado en una fase de presión máxima: Estados Unidos busca degradar la capacidad operativa iraní en el mar, mientras Irán intenta sostener su capacidad de disuasión y preservar margen político interno. En este tipo de crisis, la historia muestra que el riesgo más alto no siempre es una gran guerra abierta, sino una espiral de represalias limitadas que termina afectando el comercio global, elevando primas de seguros marítimos y presionando los precios internacionales de la energía. Si no aparece un canal de negociación creíble, el estrecho de Ormuz podría volver a convertirse en el principal termómetro de la seguridad regional.
Evolución reciente de la postura de los actores: En los últimos años, la relación entre Washington y Teherán pasó de una lógica de contención diplomática a una de confrontación intermitente, marcada por sanciones, incidentes navales y choques por terceros actores regionales. La posición estadounidense se fue endureciendo hacia una estrategia de degradación militar y bloqueo, mientras que Irán reforzó su discurso de resistencia y defensa de su soberanía, presentando cada ataque como una agresión contra su territorio y su población civil. El resultado ha sido un escenario cada vez más militarizado, con menor margen para acuerdos parciales y una mayor dependencia de la disuasión como única herramienta de control de la crisis.
























